Archivo mensual: diciembre 2008

¡Vaya pregunta! ¿Pues qué va a medir? Un metro mide… un metro.
No es fácil responder a la pregunta sin hacer referencia a la propia medida, a sus múltiplos o submúltiplos. A no ser que recitemos aquello de “un metro es la diezmillonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre” que nos enseñaban en el colegio.
Pero antes de medirlo es necesario conocer su origen.
El Sistema Métrico Decimal es uno de los legados más importantes de la Revolución Francesa, todo un símbolo del principio de igualdad. La situación previa era de una confusión absoluta ya que las unidades de medida se definían muy arbitrariamente y variaban de una país a otro dificultando las transacciones comerciales y el intercambio científico entre las naciones.
En 1791 la Academia Francesa de Ciencias definió conceptualmente el metro como la diezmillonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre, superando con ello las medidas tradicionales de base anatómica como el codo, la pulgada, el pie o la braza, al tomar la Tierra como referencia. A pesar de las evidentes ventajas de utilizar un patrón común de medida, no gozó de una aceptación inmediata, en parte por la resistencia a cambiar los métodos tradicionales de medida, y en parte por el origen revolucionario, que suscitaba no pocas reservas.
Los científicos midieron el arco que va desde Dunquerque (Francia) hasta Barcelona y en 1799 la Academia adoptó ese metro patrón y lo grabó sobre una barra de platino con un 10% de iridio. El Tratado del Metro se firmó en 1875 y en 1889 se instauró la barra de platino e iridio como Prototipo Internacional del Metro.
Aunque se mantuvo como patrón un amplio periodo de tiempo, en 1960 la Conferencia General de Pesos y Medidas redefinió el metro en función de la longitud de onda de la luz emitida por el isótopo 86 del criptón, aunque esta nueva definición duró poco tiempo. En 1983 la Conferencia volvió a redefinir el metro en términos de la velocida de la luz. Así que el metro es hoy, oficialmente, la fracción 1/299292458 de la distancia que recorre la luz en un segundo en el vacío.
Nota sabionda: En su momento compitieron dos propuestas sobre cómo definir una unidad patrón de medida o metro. El astrónomo Christian Huygens planteó que el metro se definiera como la longitud del péndulo cuyo periodo de oscilación es un segundo. La Academia de Ciencias acabó aceptando la definición del meridiano porque la fuerza de la gravedad acuasa variaciones ligeras sobre la superficie de la Tierra que afectan a la oscilación de un péndulo.
Nota sabionda: Los franceses calcularon mal el achatamiento de la Tierra en los polos, por ello el metro de los Archivos es 0,2 mm más corto que la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre. A causa de ello se han dado las redefiniciones, en un intento de aumentar la precisión.
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¿Minutos de 61 segundos? ¡qué tontería! Todo el mundo sabe que un minuto tiene 60 segundos.
¿Seguro? ¿todos y cada uno de ellos tienen 60 segundos? ¿alguien pondría la mano en el fuego?
Pues no, no la pongáis. El último minuto de 2008 tendrá 61 segundos.
Y esto será así para corregir una pequeña anomalía entre los relojes atómicos y el tiempo astronómico, basado en la rotación de la Tierra.
Estos segundos —que reciben el calificativo de intercalares— se utilizan para mantener alineado el Tiempo Universal Coordinado (UTC) con las escalares astronómicas variables GMT y el Horario Universal (UTI).
¿Y esos horarios?
Hasta 1972 el tiempo se computaba en relación al tiempo solar medio medido en el Observatorio Real de Greenwich. Es el horario GMT (Greenwich Meridian Time), a partir del que se calculan los husos horarios.
El Horario Universal o UTI (Universal Time) es una versión moderna del GMT, que se calcula dividiendo una rotación de la Tierra en 86.400 segundos.
Pero ocurre que el planeta está desacelerando gradualmente, por lo que en en 1972 se adoptó un nuevo estándar, basado en relojes atómicos de alta precisión: el Tiempo Atómico Universal o TAI. Esta medición temporal es responsabilidad de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de París. Así, se define en la actualidad un segundo como el equivalente a 9.192.631.770 oscilaciones de un átomo de cesio-133.
Nota sabionda: En 1972 se añadieron diez segundos intercalares al UTC y desde entonces se han añadido otros veintitrés segundos, la última vez a finales de 2005.
Nota sabionda: Un grupo de trabajo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones publicó el pasado junio un informe, según el cual la mayoría de los expertos está a favor de suprimir los segundos intercalares y añadir a cambio una hora cada seiscientos años. También propuso el cambio de sistema de medición, para que el tiempo se mida exclusivamente mediante las oscilaciones de un átomo de cesio en vez de hacerlo en relación a la rotación de nuestro planeta.
Nota sabionda: La precisión alcanzada con este tipo de reloj atómico es tan elevada que admite únicamente un error de un segundo en 30.000 años.
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Santa Claus, Father Cristmas, Kolya, Niklas, Pezel-Nichol, Semiklaus, Svaty Mikulas, Sinterklass, Papá Noel, Baboo Natale, Knecht Ruprecht, Père Noël? son diferentes nombres para el mismo personaje patriarcal, tierno y protector que reparte regalos a todos los niños del mundo durante la noche del día de Navidad. Anteriormente se le llamó San Nicolás y mucho antes se le conoció como Señor Invierno en centro-europa.
San Nicolás, nacido en Licia (Asia Menor) a finales del siglo III, Obispo de Myra y patrono de Rusia y Grecia, fue una de las figuras más veneradas durante toda la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente, y muy especialmente en Bari (Italia) donde se conservan sus reliquias, recuperadas de los musulmanes en 1087 por marinos italianos.
Provenía de una familia adinerada y a la muerte de sus padres se encaminó a la vida religiosa, haciéndose muy popular por su amor a los niños entre los que repartió su fortuna personal. Su fama se extendió y le fueron atribuidas historias milagrosas o de gran bondad como repartir regalos en salidas nocturnas, calmar tempestades o resucitar muertos.
Un relato destaca entre los demás y en él se reconocen algunos aspecto de la tradición. Se trata del relato de Las tres hermanas:
En la ciudad de Patara había tres niñas que no se podían casar porque eran pobres y su padre no tenía dinero para la dote. Por lo que el hombre decide venderlas cuando alcancen edad de ser desposadas.
Enterado San Nicolás acude a la casa para entregar una bolsa de monedad de oro, pero para no ser descubierto la lanza a través de la ventana y ésta cae dentro de un calcetín que la joven había colgado en la chimenea para que se secase.
El viaje se repite para cada una de las niñas cuando llega el momento.
En otras versiones el padre decide prostituirlas, la bolsa de oro son ahora lingotes y éstos son lanzados por el hueco de la chimenea.
En invieno se celebraban las saturnales o fiestas de Saturno en el Imperio Romano. Estas fiestas y ceremonias religiosas terminaban con la entrega de regalos a los niños por parte de todos. La costumbre pervivió al paso del tiempo y en cada lugar era un personaje diferente el encargado de entregar regalos: Befana, la bruja buena, los entregaba a los niños italianos, el Tió a los niños catalanes, el gigante Olentzero a los niños vascos. Y duendes, campesinos de barba blanca, carboneros y otros tenían la misma función en otros parajes. El personaje de San Nicolás hizo de aglutinador.
La tradición de San Nicolás arraigó especialmente en Holanda a partir del siglo XIII, llegando a nombrarle santo protector de Amsterdam. En aquellos días se le representaba con barba blanca, ornamentos eclesiásticos, montado en burro y cargando un saco con regalos para los niños buenos y varas para los desobedientes.
Hacia el siglo XVII llegaba en un barco llamado Spanje (España), con un caballo blanco y un sirviente moro llamado Zwarte Piet (Pedro el negro), que cargaba un saco con golosinas que, cuando quedaba vacío, servía para meter en él a todos los niños que se habían portado mal durante el año y entonces los llevaba a España (un castigo horrible para la época, ya que ambos países eran enemigos).
En Europa no ocurrió lo mismo debido a la tradición reformista inspirada por Lutero, que intentó sustituir al portador de regalos por el propio Niño Jesús —el Cristkind— aunque sin éxito. Aunque sí que tuvo un efecto, pues San Nicolás entregaba los regalos durante la noche del 5 al 6 de diciembre y el rápido avance de la costumbre de entregar los regalos del niño Dios en el día de Navidad, forzó que él también entregara los regalos ese día.
Cuando en 1624 los emigrantes holandeses fundaron Nueva Holanda en el continente americano —Nueva York al pasar a dominio inglés— trajeron con ellos su Sinterklaas, que luego derivó en Santa Claus por la pronunciación anglosajona y desde aquí se popularizó a todo el continente norteamericano, dejando en el camino a su sirviente moro.
Más tarde la tradición hizo el camino inverso y fue Santa Claus quién se popularizó en Europa.
La imagen de Santa Claus fue pasando por diversos estadios hasta llegar a su forma actual. En un poema de 1823 escrito por Clement C. Moore, cambió el trineo tirado por un caballo blanco por uno tirado por renos y lo describió como un tipo alegre, robusto, gordo y de baja estatura. Y situó su llegada en la vigilia de Navidad.

Posteriormente el dibujante Thomas Nast creó la imagen del personaje vestido de rojo, con gorro y botas altas que saltó a todas las revistas infantiles y periódicos de su tiempo, añadiéndole detalles como el taller del polo norte y su vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo.
Finalmente fue la Coca Cola la que le dio su actual aspecto en 1931, al encargar a Hadbon Sundblom —dibujante de origen sueco— que remodelara el Santa Claus de Nast.
Éste creó un personaje eternamente jovial, más alto, más gordinflón, cargado de años, con barba y bigotes blancos y sedosos, y con ojos pícaros y chispeantes. Mantuvo los colores rojo y blanco —que son los de la compañía— e hizo su traje más lujoso.
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Son más de tres metros de cuello y hay que vencer la fuerza de la gravedad. ¿Cómo hacen para que la sangre suba tan arriba? ¿válvulas? ¿músculos? ¿un ascensor?
La jirafa (Giraffa camelopardalis) es un mamífero artiodáctilo propio de África. Es la más alta de todas las especies vivientes de animales terrestres. Los machos pueden medir de 4,8 a 5,5 m de altura y pesar hasta 900 kg.
El rasgo más distintivo de las jirafas es su largo cuello, que les permite alcanzar las hojas más altas y tiernas de los árboles. Paralelamente a ésta, la jirafa ha desarrollado otras modificaciones anatómicas, entre las que destacan las habidas en el sistema circulatorio.
Su corazón es enorme, de unos 12 kg, unos 60 cm. de longitud y con unas paredes de hasta 7,5 cm de grosor. Este músculo tan potente bombea la sangre con gran fuerza, generando una presión sanguínea que duplica la de cualquier otro mamífero de gran tamaño. Así la sangre alcanza el cerebro y, ya en el camino de vuelta, un músculo en la vena yugular agrega presión al vaso sanguíneo para acelerar el regreso al corazón.
Esa presión tan alta va bien para la cabeza, pero ¿qué pasa con el resto del cuerpo?
En efecto, la presión es excesiva para otras partes del organismo que se encuentran a menor distancia. En otro animal, esa elevada presión sanguínea forzaría a la sangre a ser expulsada a través de las paredes capilares, pero el grosor de los vasos sanguíneos, su tejido conectivo y la gruesa piel de la jirafa, muy ajustada en sus extremidades inferiores, mantienen la presión extravascular previniendo el estancamiento de sangre y el edema.
¿Y cuando la jirafa baja la cabeza para beber o para pastar? ¿no se le acumula la sangre en la cabeza?

Por lógica debería ser así, al añadir la gravedad a la presión sanguínea, pero esto no sucede gracias a válvulas especiales contenidas en los vasos del cuello de la jirafa. Estas válvulas trabajan para que la sangre llegue al cerebro con la presión habitual, cuando la cabeza se encuentra más abajo que el centro de gravedad del animal. Es más, si la jirafa se viera obligada a recuperar su posición habitual con prontitud (por la presencia de un depredador, por ejemplo), el repentino cambio de altura de su cabeza no le ocasionaría un mareo o un desmayo, puesto que las válvulas habrían mantenido la presión constante en todo momento.
Así, una jirafa puede elevar su cabeza desde el nivel del suelo hasta unos cinco metros de altura, en un par de segundos, sin sufrir el más mínimo malestar.
Nota sabionda: Cuando se nutre con alimentos frescos y jugosos, una jirafa puede permanecer mucho tiempo sin agua.
Nota sabionda: La estructura ósea del cuello no difiere de la de otros mamíferos. No tiene vértebras extras aunque, eso sí, son más alargadas.
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¿Quién no ha jugado con globos? Golpeándolos con la mano o pateándolos, inflándolos con helio para soltarlos hasta el techo de la habitación o llenándolos de agua para lanzarlos como proyectil. ¿Qué niño no ha echado unas lágrimas cuando el nudo que lo sujetaba a su muñeca se aflojó y el globo cargado de helio se elevó y se elevó hasta perderse en la distancia?
Los globos de colores se usan también como elementos decorativos en fiestas, como soporte publicitario y como partes de espectáculos con sueltas masivas, además de como juguete infantil. Pero… ¿de dónde salen todos esos globos? ¿Cómo se fabrican?
A continuación un video que explica el proceso de fabricación.

fábrica de globos
Nota sabionda: Los primeros globos estaban hechos de vejiga animal, al igual que los primeros profilácticos.
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