Archivo mensual: abril 2010

Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un estilista, o de un peluquero. Además nos regala clips de pelo.

Tarjeta de un médico. Concretamente de un especialista del sistema respiratorio. Las tarjetas son globos, así que a soplar para poder ver sus datos. Muy original en el soporte.

Tarjeta personal, con los datos presentados como en una ficha de facebook.

Tarjeta de restaurante con unos cubiertos troquelados. ¡A comer!

Tarjeta de un arquitecto, con su regla para no medir a ojo.

A esta tarjeta le falta un pedacito. Los consumidores saben por qué.

Tarjeta de una agencia de diseño. El lápiz es uno de esos pequeñitos y viene de regalo.

Si será bueno este entrenador que hasta para saber sus datos hay que esforzarse.

Tarjeta de un consejero matrimonial. Un poquito de cinta adhesiva, un poco de buena voluntad y todo se arregla.

Otra tarjeta personal. La estética google no iba a ser menos.

Tarjeta de un dentista. También trae regalo: un poco de hilo dental.

Tarjeta de un establecimiento de venta de artículos de segunda mano. Las tarjetas son recicladas de otras personas, con los datos propios impresos al dorso. Sencillamente genial.
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Entrada elaborada a partir de la información ofrecida aquí, aquí, aquí y en otros sitios más.

Es una imagen típica de la ciudad de Nueva York que todos hemos visto en las películas: las alcantarillas humeantes.
Muchos curiosos se habrán preguntado ¿de dónde sale este humo?
Bien, en primer lugar no se trata de humo sino de vapor de agua. Y procede de fugas del sistema de vapor de la ciudad.
¿Y para qué quieren un sistema de vapor?
En el subsuelo de la ciudad existe un estramado de tuberías y canalizaciones que distribuyen vapor de agua por toda la ciudad. Así se hacen innecesarios los calentadores y radiadores a título particular; simplemente se contrata el servicio y se dispone de vapor para la calefacción, para calentar el agua, para la limpieza y desinfección, e incluso se utiliza la presión del vapor para hacer que funcionen las enormes máquinas de aire acondicionado de las empresas y comercios.
Así en los hogares y comercios neoyorkinos existe un contador de suministro junto con el del agua, la luz y el gas: el del vapor.
Este servicio lo provee la empresa Consolidated Edison Inc., compañía de suministros de electricidad, gas y vapor. En concreto convierte cada año alrededor de 1,36×10^10 kg de agua en vapor al calentarla a 538°C. Inmediatamente la vierte al sistema de vapor de la ciudad, a la mayor red de distribución de vapor del mundo.
Nota sabionda: En ocasiones, una grieta en una tubería ocasiona que se escape por ella un buen chorro de vapor. Por lo que se colocan en la calle unas llamativas chimeneas a franjas rojas y blancas para proteger a los transeuntes. El exceso de presión en esas tuberías de vapor ha ocasionado en más de una ocasión algún incidente, como en 1989, cuando una explosión similar causó tres muertos y numerosos daños materiales en edificios.
Nota sabionda: En otras ciudades se puede observar vapor pero como condensación de aire caliente en contacto dcon el aire muy frío del exterior. Así solamente ocurre el fenómeno en invierno, y no como en NY que se puede observar el vapor incluso en verano.
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He visto pelar naranjas con las manos, con cuchillo, con cuchillo y tenedor (sin tocar el fruto con las manos), e incluso a mordiscos. Pero… ¿con una cuchara?
Pues sí, es posible… y sorprendente. Veamos cómo se hace en el siguiente video:

Sí, ya sé. Algunos puristas pueden decir que se ha utilizado cuchillo. Cierto. Pero no es menos cierto que el cuchillo se puede obviar. Por ejemplo dando un mordisco en la parte superior del fruto, lo justo para levantar la piel y permitir la entrada del cubierto. O, exclusivamente con la cuchara, logrando con la punta de la misma y un poquito de maña, lo que se consigue con los dientes: una pequeña hendidura circular que permita introducir poco a poco la totalidad del cubierto.
Probad a anunciarlo un día a los demás comensales: “Voy a pelar la naranja con la cuchara”. Seguro que cosecharás miradas tipo tásloca o yastáelfriki. Pero te vas a quedar con todos. Fijo.
Nota sabionda: Una variante interesante es cortar la naranja por la mitad (corte ecuatorial) pero con una profundidad que no alcance el fruto, que simplemente corte la piel hasta llegar a lo blanco. Con un poco de práctica puedes pelar la naranja con la cuchara sin que la piel se rompa, obteniendo dos medias cáscaras que te pueden servir de plato para el fruto cortado o como recipiente para una macedonia o para un helado de naranja.
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Podría pensarse que el maquillaje, sombra de ojos, tinte para el cabello y demás aditamentos para la belleza son algo relativamente moderno. Nada más alejado de la realidad. Ya en la edad Antigua se utilizaban diferentes técnicas para mejorar el aspecto.
Veamos cómo se arreglaban y maquillaban las matronas romanas, como un ejemplo de lo que sucedía en aquellos días.
Como productos cosméticos utilizaban tierras coloreadas para el maquillaje y las mascarillas de belleza, un polvo negro —similar al kohl egipcio— como pintura de ojos para realzar la mirada y tintes para el cabello, como la henna importada de Egipto o un tinte rojo a base de grasa de cabra y de ceniza de haya que se producía en Germania, conocido como sapo.
También se usaban aceites y ungüentos en el cuerpo y se perfumaban profusamente los vestidos desde las primeras importaciones de sustancias perfumadas de Oriente.
Dada la extensión en el tiempo del Imperio romano, diferentes fueron las modas y costumbres en el peinado. Inicialmente los cabellos femeninos se arreglaban con gran sencillez y con un uso limitado de perfumes. Tal es el caso del peinado a lo Octavia que constaba en un copete sobre la frente y una trenza recogida en un moño en la nuca.
En la época flavia se puso de moda añadir postizos al propio cabello, en forma de bucles dispuestos en corona sobre la frente. Y múltiples era los peinados con diferentes combinaciones de rizos y bucles.
En cuanto a los hombres, que durante siglos habían llevado cabellos largos y barbas descuidadas, adoptaron a partir del siglo III a.C. la moda griega de los cabellos cortos y los rostros afeitados.
Al final de la época republicana, el peinado masculino se volvió más laborioso. Los cabellos cortos se empezaron a peinarse con el calmistro, un hierro que se calentaba en las brasas que servía para rizar y hacer bucles.
En el siglo II d.C. se produjo un cambio de tendencia cuando el emperador Adriano adoptó de nuevo la barba. También se popularizó teñirse el cabello de rubio, hasta llegar a los excesos de Cómodo, que se espolvoreaba el cabello con oro molido.
Nota sabionda: De manera diferente a cómo se hace hoy en día, la extracción de las esencias olorosas se conseguía mediante la maceración en sustancias grasas, a las que se añadían los aditivos necesarios para retrasar el proceso de evaporación.
Nota sabionda: Desde comienzos de la época imperial se extendió la costumbre de teñirse el pelo para ocultar las canas (vigente aún hoy en día).
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Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un dentista, con la dentadura en relieve.

Tarjeta de modista, también adecuada para costureras y demás relacionados con el hilo y la aguja.

Tarjeta de comercial farmacéutico y resto de personal relacionado con medicamentos.

Tarjeta válida en realidad para cualquier empresa relacionada son los canes: adopción, cuidado, veterinaria, peluquería …

Tarjeta de un relojero o relojería. Se trata de un cuadrado blanco, pero al levantar la punta previamente recortada para ver los datos, se convierte en un reloj de sol.

Tarjeta apta para un grabador, aunque también para una tarjeta personal de alguien discreto.

Tarjeta de una diseñadora, pero también podría ser válida para alguien de una agencia de viajes, o la personal de alguien muy viajero.

Tarjeta de un editor.

Tarjeta de una empresa de limpieza. Muy gráfica.

Otra tarjeta de un diseñador. En esta caso nos invita a resolver un sopa de letras. ¡Ya he visto el nombre!

Tarjeta de un taller mecánico o cualquier negocio relacionado con el mundo del motor. Nos podemos entretener montando el recortable y siempre tendremos a mano los datos en los bajos del vehículo.

Tarjeta de un abogado divorcista. Sencillamente genial.
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Ese humo que burbujea a los pies de los músicos por el escenario, esa densa humareda que desciende de las probetas del laboratorio de un científico loco, esa espesa niebla que surge del hirviente caldero de una bruja, desciende por sus costados y repta por el suelo… todos estos efectos los provee el hielo seco.
Y, ¿qué es el hielo seco? ¿y por qué se llama así?
El hielo seco es dióxido de carbono puro en estado sólido, de la misma manera que el hielo convencional es agua en estado sólido. Pero si bien el agua se congela a 0 ºC, el dióxido de carbono lo hace a -78,5 ºC. Así pues, el hielo seco está mucho más frío que el hielo de agua.
A temperatura ambiente el hielo convencional comienza a derretirse y, al transformarse en líquido, se moja. En cambio, el hielo seco está seco porque no se derrite. Como el dióxido de carbono no puede existir en estado líquido a la presión atmosférica normal, cambia de estado directamente de sólido a gaseoso: se sublima.
Pero no es el dióxido de carbono en forma gaseosa lo que vemos, la nube que rodea el hielo seco es agua pura. Agua que se ha condensado de la humedad natural del aire gracias a la baja temperatura del hielo seco. Y que en virtud a esa fría temperatura desciende y se mantiene a ras de suelo como si fuera un manto.
Nota sabionda: El CO2 no puede existir en estado líquido a la presión atmosférica normal porque sus moléculas no poseen el suficiente grado de adherencia para adoptar el estado líquido. Así solamente obtendremos CO2 en estado líquido (y sólido) si lo sometemeos a una elevada presión de forma artificial. Así se ha de hacer para rellenar los extintores de CO2.
Nota sabionda: El uso del hielo seco es una práctica muy extendida en los estudios de cine y televisión. Y su efecto es sorprendente porque asemeja vapor que, merced a su alta temperatura, debería elevarse. En vez de eso desciende, formando una falsa niebla.
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