Archivo mensual: junio 2010

Eso. ¿Por qué no son de otro color? ¿Por qué no rosa para ver la vida color de rosa?
Antes de saber del color, veamos cómo funcionan.
El ojo humano no capta todo el espectro electromagnético, solamente una parte que se denomina por ello el espectro visible. Diferentes longitudes de onda pasan desapercibidas para nuestro órgano de la visión durante el día. Pero con la llegada de la noche, o simplemente en la oscuridad, las escasez de iluminación provoca un corrimiento hacia el infrarrojo de la luz reflejada. Infrarrojo que nuestro ojo no detecta, por lo que nuestra vivión es más deficiente.
Aclaremos que para que las gafas funcionen es necesaria luz (visible o no) y que la total ausencia de onda electromagnética alguna no permitiría percibir imagen.
Las gafas están diseñadas para captar la luz infrarroja y amplificarla. Cuando los fotones entran en las gafas rebotan en unos pequeñísimos tubos de vidrio dispuestos en forma de disco. Al chocar con las paredes producen fotones secundarios que son acelerados al aplicar voltaje entre las superficies de los discos. Estos fotones secundarios crean nuevos fotones adicionales en un proceso de multiplicación que amplifica la fuente de luz.
La luz enfocada es absorbida por un fotocátodo que convierte los fotones en electrones. Estos electrones emitidos son dirigidos electrostáticamente hacia la pantalla en la que se formará la imagen de manera similar a una cámara fotográfica pero sin inversión de imagen.
Esta pantalla, por cuestiones de coste, es de fósforo verde. Como aquellos monitores antiguos que acompañaban a los viejos ordenadores. Así que los haces de electrones excitan el fósforo verde de manera que se forma la imagen.
Nota sabionda: Cuando las condiciones de iluminación son muy deficientes se suele iluminar la escena con una lámpara de infrarrojos. Indistinguible para el ojo humano pero no para las gafas de visión nocturna.
Nota sabionda: Las gafas de visión nocturna amplifican la imagen, pero no permiten ver a través de la neblina o una pared. Para ello se utilizan las cámaras térmica.
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Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un fotógrafo, con su agujerito para ver el mundo por el objetivo.

Tarjeta de una tienda de moda, un modisto o algo parecido. Con un juego de láminas transparentes que nos permiten combinar la ropa. Muy original en el soporte.

Tarjeta de un diseñador. Una hola metálica troquelada que, al ir doblando por las marcas, se convierte en un hombre sentado a su mesa frenter al ordenador. El propio diseñador, se supone. ¡Una currada!

Tarjeta de una tienda de artículos de regalo. Con su lacito. Sencillo, pero efectivo.

Tarjeta de un dentista: un diente con caries, pero al extraer la tarjeta se ven los datos del profesional, y la caries… ¡ha desaparecido!

Una tarjeta personal o profesional con la estética de google maps.

Ambos ejemplos hacen un uso muy original de sus profesiones para la confección de sus tarjetas. La de la monitora de yoga tiene dos agujeros en los que podemos introducir los dedos para simular las piernas. La del médico, seguramente traumatólogo, es una pequeña placa de rayos X con sus datos impresos. Dos tarjetas que, a buen seguro, no se olvidan fácilmente.

Tarjeta de un diseñador: sencilla y elegante. Su originalidad estriba en el material empleado. También sería apropiada para una empresa de plásticos.

Tarjeta de una tienda de artesanía. La originalidad radica en su manufactura.

Una tarjeta con los datos ocultos hasta que se revelan. La web funciona igual. Se me antoja indicada para alguna profesión como detectives o investigadores. También para alguien celoso de su intimidad.

Tarjeta de un diseñador. Otra tarjeta que rompe moldes, con un líquido atrapado en su interior.

Tarjeta de un restaurante griego. Son pedacitos de platos reciclados en tarjeta. Una bonita manera de reciclar la vajilla que rompen en sus celebracioneses. Sencillamente genial.
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Es lo que tiene el ilusionismo: una vistosa presentación que embelesa, un increíble efecto y ni se nos pasa por la mente caer en la cuenta de lo más obvio.
Como ejemplo de lo que digo, el siguiente vídeo nos servirá.

el truco de la hamburguesa
Las orientales lo flipan en colores, con los grititos y tal, y pasan y pasan el dedito por el cartel, pero basta pararse un poco a pensar para darse cuenta de que la hamburguesa está físicamente tras el cartel y de que algún mecanismo (que el mago tapa bastante burdamente) permite que ésta pase hasta la mano del mago.
¿Un panel? ¿un resorte? ¿espejos?… no, más fácil: una puertecita y un ayudante.
Se puede ver como se opera la maravilla en el siguiente vídeo, en el que no se pone ningún cuidado a la hora de ocultar al ayudante o el cierre de la puertecita. Y si no, fijarse en el minuto 2:20.

¿Decepción? Bueno, quizás un poco porque es mucho más atractiva la ilusión, el engaño, que la burda realidad.
Otro truco también muy efectivo es el del siguiente vídeo, en el que el mago atraviesa un aparador de vidrio sin romperlo.

atravesando el cristal
Otro truco efectista, aunque está claro que el cristal no se atraviesa. ¿Cómo lo hace? Para saberlo nos bastará con ver el siguiente vídeo. Un cristal corredizo con hueco incluido y un par de coleguitas es suficiente para obrar el milagro.

Claro está que la imaginación y el buen hacer de los ilusionistas pueden cambiar, versionar y mejorar los efectos ya vistos.
El segundo truco, el del cristal con trampa, ha sido versionado con una pecera. Aparte de que el agujero ha de ser más pequeño (solamente ha de pasar la mano) y de que utiliza el truco de la carta firmada para complicar la cosa, la base es la misma.

truco de la pecera
Y para acabar el tema, una nueva aplicación del “a través del cristal”. ¡Realmente sorprendente!

las monedas y la mesa
Nota superflua: Por supuesto no hace falta saber chino, ni japonés, ni siquiera inglés para entender los vídeos.
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Esas piedras reciben el nombre de balastro o balasto que es, según el diccionario: la ‘capa de grava o de piedra machacada, que se tiende sobre la explanación de los ferrocarriles para asentar y sujetar sobre ella las traviesas’.
El balasto sujeta la vía en su emplazamiento y le proporciona el drenaje adecuado, a la vez que reparte la presión bajo la traviesa para impedir que el subsuelo blando se dañe con el peso de los trenes (deformando con ello el trazado de la vía). Ofrece una superficie sólida pero con una cierta elasticidad que permite absorber las vibraciones.
El tamaño del balasto se encuentra entre 2,5 y 6 cm, el adecuado para que, bajo la presión de los trenes, estas piedras se ajusten unas con otras formando un armazón capaz de distribuir el peso hacia afuera y hacia abajo. Y para permitir un drenaje rápido de las aguas pluviales y la evaporación de la humedad del subsuelo.
El grosor de la capa de balasto depende del tipo de trenes que tengan que circular por la vía. Para trenes de alta velocidad se coloca una capa de 30 cm de grosor, pero en otros trenes de menor velocidad el grosor es de unos 22 cm. Si la vía está asentada sobre una tierra blanda, se extiende el balasto sobre una capa de arena.
La capa de balasto sobresale de las traviesas por sus extremos formando una banqueta que, frecuentemente, tiene en las curvas mayor grosor y sobresale aún más para resistir la presiones laterales, evitando que los raíles se desplacen hacia afuera y se modifique el ancho de vía. Los raíles soldados necesitan que esa banqueta de balasto sea igualmente ancha en los tramos de vía rectos, para, de ese modo, impedir que se curven con tiempo caluroso.

En algunos puentes, túneles, trayectos urbanos… el balasto se sustituye por una placa de hormigón, siendo éste un sistema que goza de ventajas sobre el balasto tradicional. Admite mayor carga, es más seguro y fiable, disminuye las vibraciones y cuesta menos de mantener, amén de que es el más adecuado para los trenes de alta velocidad; pero es mucho más caro que el balasto, por lo que su uso se limita.
Nota sabionda: Antiguamente, el material que más se utilizaba era la piedra caliza triturada, ya que era muy abundante, En la actualidad se usan piedras más duras, como el granito o grava lavada.
Nota sabionda: La presión bajo una traviesa, con un tren circulando sobre ella, puede llegar a ser de 6,8 kg/cm2.
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¿Billete de dos dólares? ¿Pero eso existe?
Pues sí, si pretenden pagarte con un billete de dos dólares no se trata de ninguna broma. El tal billete existe. Lo que ocurre es que circula muy poco y, por ello, es muy poco o nada conocido fuera de los USA (incluso lo es poco dentro).
¿Y por qué circula poco? ¿Y cómo es?
Pues circula poco porque la producción de esta denominación es bastante escasa. Solamente un 1% de todos los billetes que se fabrican en Estados Unidos corresponden a la denominación de dos dólares, debido posiblemente a la ocurrencia de diferentes errores de impresión.
La práctica ausencia de la circulación de este billete ha originado un desconocimiento general sobre el mismo y ha devenido un billete impopular, precisamente porque mucha gente cree que han sido retirados de la circulación y ya no poseen valor alguno.
Esa rareza ha hecho también que los poseedores los atesoren y que circulen historias y mitos, carentes de fundamento, que afirman que es un “billete de la suerte”.


En cuanto a su aspecto, en el anverso aparece el retrato del 3er presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson (1801?1809), y en el reverso una reproducción de la obra La Declaración de Independencia de John Trumbull.
Nota sabionda: Pero no es ésta la única denominación, digamos, no habitual. Existen otros billetes que son auténticas rarezas y que fueron retirados de la circulación en 1969. El billete de 500 $ muestra el retrato de William McKinley, 25º presidente de los USA. El billete de 1.000 $ lleva el retrato del 24º presidente de los USA, Grover Cleveland. El billete de 5.000 $ con el retrato del cuarto presidente de los Estados Unidos de América, James Madison. El billete de 10.000 $, el mayor emitido para ser puesto en circulación entre el público, con el retrato del Secretario del Tesoro, Chase.
También está el billete de 100.000 $, que nunca fue puesto en circulación y que fue impreso como certificado de oro, como un dinero que el gobierno imprime para su uso exclusivo en determinados canales fiscales. El certificado de la imagen muestra la efigie del 28º presidente, Woodrow Wilson. Tan solo se imprimieron 42.000 de estos certificados y los únicos que se conservan no están a la venta. Los pocos certificados de 100.000 $ que se conservan están institucionalizados y pueden ser contemplados exclusivamente en museos.










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