El aro de los piratas

Al pensar en un pirata nos viene a la mente la imagen del loro en el hombro, la pata de palo, el parche en el ojo y… el aro en la oreja.

Pero el aro no era exclusivo de piratas y corsarios, sino que lo portaban los marineros. Así, en general, hombres de mar.

¿Y por qué los llevaban?

Lucían con orgullo los pendientes como marca de sus viajes y sus logros. Un pequeño pendiente en un marino joven conmemoraba su primer paso por el ecuador. Otros certificaban mayores hazañas marineras.

Las rutas que pasaban obligatoriamente por el cabo de Hornos, situado en el extremo meridional de América del Sur y conocido en el siglo XVI como el cabo de las Tormentas, eran especialmente peligrosas. Vientos huracanados, lluvia o nieve y una espesa bruma, convertían este paso en un lugar impracticable, incluso para los más experimentados navegantes. Así que los marineros se colgaban en su oreja izquierda un pendiente en forma de aro para que la hazaña de haberlo cruzado con vida quedara reflejada.

El paso por el cabo de Buena Esperanza, al sur del continente africano, se indicaba con un aro en la oreja derecha. Y un segundo aro indicaba el paso por el cabo de York en Oceanía. También grandes hazañas aunque no comparables a sobrevivir al cabo de Hornos.

La costumbre, que se extendió con rapidez como símbolo de pericia marinera, valor y temeridad, fue también adoptada por los piratas y corsarios.

 

 

Nota sabionda: Dos aros en la oreja izquierda y uno en la oreja derecha certificaban la vuelta al mundo.

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