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Origen de Halloween

Halloween

Hace ya unos años que esta festividad estadounidense se celebra en España. Y cada año que pasa parece que toma más fuerza.

Pero… ¿de dónde sale esta fiesta? ¿cuál es su origen? ¿surge en América?

Esta festividad comenzó hace más de 3.000 años en Irlanda como un festival de cosecha de los celtas.

Así que proviene del viejo continente.

Se celebraba entre finales de octubre y principios de noviembre y señalaba el último día de la cosecha y el comienzo del invierno.

Para los celtas, el cambio de estaciones adquiría una importancia mágica, y explicaban la llegada de la estación fría y de los días con menos luz solar por medio de Shamain, señor de la muerte y la oscuridad, que tomaba prisionero al Sol y convocaba los espíritus de los muertos que venían a buscar alimento.

La iglesia católica adaptó las tradiciones celtas por medio del Papa Gregorio III, que cambió en el siglo VIII la festividad de todos los santos del mes de mayo al 1 de noviembre para hacerla coincidir con los ritos paganos y así asimilarlos.

All Hallow´s Eve, ‘víspera de todos santos’ en inglés, fue el término adoptado por la cultura anglosajona para llamar a estos festejos.

Con el paso del tiempo la pronunciación se fue deformando: de All Hallowed Eve pasó a Halloween, su nombre actual.

Los emigrantes irlandeses llevaron sus tradiciones a EEUU, en donde esta celebración se consolidó y adquirió mayores dimensiones.

Hasta que la tradición vuelve, modificada, a sus lugares de origen.

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Texto de la entrada cedido por 1de3.es.

¿Qué es la nomofobia?

nomobil¿Alguna vez has sentido desazón por haber olvidado el móvil en casa? ¿Volviste a por él?

¿Alguna vez has sentido un vacío en el estómago al comprobar que no tienes cobertura, batería o saldo? ¿Has tomado medidas de inmediato para solucionar el tema?

¿Alguna vez has sentido pánico al perder tu móvil? ¿Cuánto tardaste en comprar uno nuevo?

Pues si has sentido sudores fríos, ansiedad y pánico, puede ser que hayas padecido nomofobia.

¿Y como definen la nomofobia?

Pues como el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil. A perderlo, a descubrir que se carece de saldo, batería o cobertura.

El término es una abreviatura que proviene de la expresión inglesa «no-mobile-phone phobia».

Se ha contabilizado que el 96% de los españoles tiene móvil, una cifra que supera a la registrada en Estados Unidos, China o Francia. Y, aún más, el 26% de los usuarios tiene dos móviles, y el 2% hasta tres.

Si a esto añadimos que el 33% de los españoles navega en Internet a través de su teléfono, que España es el país con más teléfonos móviles por habitante, y que casi 10 millones de españoles utilizan whatsapp habitualmente… pues ahí hay más de un candidato a sufrir este trastorno psicológico.

Mantener conversaciones, recibir mensajes o correos, visitar las redes sociales o consultar noticias, proporcionan una agradable sensación de participación, de estar conectado o en contacto con aquello o aquellos que nos interesa, que forman parte de nuestro mundo.

Ahora bien, el abuso que crea dependencia ya no es tan beneficioso. Salir a la calle sin móvil puede entonces crear inestabilidad, agresividad y dificultades de concentración (síntomas típicos de los trastornos de ansiedad). También malestar general, hipervigilancia, inquietud, temor a estar desconectado o aislado y perder oportunidades (laborales, de ocio, amorosas) y se desata un temor desmedido por lo que pudiera suceder por no estar conectado.

Para evitar este trastorno hay que aprender a controlarse, desprenderse del móvil de forma gradual y afrontar de forma aislada las sensaciones y pensamientos negativos.

 

 

Nota sabionda: Una persona consulta su teléfono móvil una media de 34 veces al día.

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¿Qué es un Gúgol?

gugol

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En este caso ésta vale como unos diez mil hexadecillones de palabras.

Sí, un gúgol es un número. Un número exageradamente grande: el número 10 elevado a 100, que escrito en su totalidad sería un 1 seguido de 100 ceros. Un número mayor que el número de átomos de hidrógeno en el Universo conocido.

El término gúgol lo introdujo en 1938 el matemático estadounidense Edward Kasner. Según cuenta él mismo, pidió a su sobrino Milton Sirotta (de nueve años) que inventara un nombre para un número gigantesco, y el pequeño Milton respondió “gúgol”.

El gúgol no es de particular importancia en las matemáticas y tampoco tiene usos prácticos. Kasner lo creó para ilustrar la diferencia entre un número inimaginablemente grande y el infinito.

Sin embargo, con la invención de computadoras y algoritmos rápidos, el cálculo de números del tamaño de un gúgol se ha convertido en rutina. Y así se ha definido el gúgolplex como el número 10 elevado a un gúgol. Un número inabarcable, realmente inconcebible, que consiste en un 1 seguido de un gúgol de ceros.

 

 

Nota sabionda: El parecido de este nombre, que suena ‘googol’ en inglés, con la denominación del buscador Google no es casual. El nombre Google se eligió para expresar el número de páginas en internet. De ahí también que la sede principal de Google se llame Googleplex.

Nota sabionda: El número más grande que puede ser representado en la mayoría de calculadoras de bolsillo o científicas es poco menos que un gúgol: 9,9999999 E+99 = 0,99999999 gúgol.

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¿Cómo iluminar un pueblo al que no llega luz solar?

Bueno, llegar luz solar le llega, pero no durante todo el año.

Viganella es el pueblo en cuestión. Este pueblecito italiano se encuentra situado en los Alpes piamonteses, junto a la frontera suiza.

El problema es que fue construido en el fondo del valle de Antrona, rodeado de montañas muy empinadas que impiden que la luz del sol ilumine el pueblecito desde el 11 de noviembre al 2 de febrero, pues el sol no se eleva lo suficiente como para que sus rayos superen la altura del escarpado lado sur de las montañas circundantes.

Pero un espejo y un ordenador solucionaron el problema. ¡Ah sí!, y unos 100.000 euros, también ayudaron.

El acalde de Viganella, Pierfranco Midali, tuvo la idea de instalar un espejo en lo alto de una montaña, para que captara la luz solar y la reflejara justo en mitad de la plaza del pueblo.

Tras varios años y no pocas dificultades técnicas y económicas, un helicóptero colocó en la cima del monte Scagiola, a 1.100 m de altitud un espejo de acero bruñido con 14 paneles y unos 40 metros cuadrados de superficie.

Dicho espejo móvil está controlado por un programa informático que rastrea el sol y hace que los paneles del espejo se inclinen y giren, de manera que los rayos se reflejen siempre hacia el pueblo.

 

 

Nota sabionda: El domingo día 17 de diciembre del 2006, tuvo lugar la inauguración del espejo gigante. Una niña, adecuadamente llamada Alba, apretó el botón que accionaba el ordenador.

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¿Por qué las matrículas de coche españolas no tienen vocales?

Los coches que se matriculan en España en la actualidad muestran unas placas que siguen el modelo de la imagen siguiendo el modelo europeo: el indicativo del país, cuatro dígitos y tres letras.

Pero ninguna de esas letras puede ser una vocal. ¿Por qué?

Pero esto no es algo nuevo. Ni en la matriculación usada en el periodo 1900-1971, que constaba del indicativo provincial seguido de hasta seis dígitos, ni en la matriculación usada en el periodo 1971-2000, que constaba del indicativo provincial seguido de cuatro dígitos y dos letras, tampoco aparecían las vocales.

Ni tampoco algunas letras determinadas, como la Q o la Ñ, han aparecido en ninguna matrícula. ¿Por qué?

La propia DGT informa que esto es así por:

-A, E, I, O, U para evitar combinaciones malsonantes y “acrósticos” [sic]. Ejemplos de combinaciones malsonantes serían ANO, PIS… y “acrósticos” [sic] serían ONU, FBI, ONG…
-Ñ y Q por su fácil confusión con la N y con la O o el cero, respectivamente.
-LL y CH por razones de espacio en placa

 

 

Nota sabionda: El entrecomillado del término “acróstico” obedece a que la DGTE lo ha usado incorrectamente. Es una confusión muy habitual confundir los acrósticos con los acrónimos o las siglas. Un acróstico es una composición poética constituida por versos cuyas letras iniciales, medias o finales forman un vocablo o una frase.

Para mayor aclaración visitar http://www.1de3.es/2009/04/24/acrosticos-4/ y http://www.1de3.es/2004/09/03/acronimos/

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¿Qué es la mnemotecnia?

La RAE define el término mnemotecnia como “procedimiento de asociación mental para facilitar el recuerdo de algo”.

La mnemotecnia o nemotecnia (del griego mnéemee, ‘memoria’ y téchnee, ‘arte’) es un procedimiento o conjunto de técnicas, que suelen consistir en asociar los contenidos y las estructuras que quieren retenerse en mente con determinados emplazamientos físicos ordenados a conveniencia.

Estas técnicas pueden consistir en una frase, un poema muy corto o una palabra especial que se utiliza para ayudar a recordar algo, o para aprenderlo de una vez por todas.

¿Quién no recuerda aquello de “Treinta días tiene noviembre, con abril, junio y septiembre; veintiocho sólo hay uno y los demás treinta y uno” para recordar cuántos días tiene cada mes?

La mnemotecnia, no confía sólo en la repetición para recordar los hechos, sino que también se basa en las asociaciones para construir el recuerdo.

Existen diversos métodos entre los que destaca el de los casilleros mentales muy utilizado para memorizar listas. Consiste en tener una lista de palabras perfectamente conocida y ordenada en la mente, como por ejemplo la localización de izquierda a derecha de los muebles de casa o una lista de familiares ordenados de mayor a menor.

Entoces asociaremos con una imagen cada palabra de la lista a memorizar con la palabra de nuestro casillero que coincide con esa posición. De esta manera si en la lista aparecen jarrón, pelota y buzo, por poner un ejemplo, memorizaremos a la abuela Fulanita con un jarrón, al tío Mengano jugando a la pelota y al primo Zutano buceando o bien al jarrón sobre la mesa, la pelota a los pies de la lámpara y al traje de buzo sobre el sofá.

Cuando se trata de recordar números es muy utilizado el método de la conversión numérica, que consiste en convertir números en consonantes y formar palabras con ellos, pues las palabras llevan asociada una imagen que es más fácil de recordar.

Se puede asociar números a consonantes por similitud gráfica, fonética o por medio de una lista y con estas consonantes formar palabras añadiendo libremente vocales.

En la Wikipedia se cita el siguiente ejemplo:

1=T,D – 2=N,Ñ – 3=M – 4=C – 5=L,LL – 6=S,Z – 7=F,J – 8=G,H – 9=P,V,B – 0=R,RR

Entonces, si queremos memorizar el número 1572 reemplazamos cada número por su consonante.
1=T 5=L 7=F 2=N
Agregamos las vocales que nos parezca conveniente y formamos una palabra conocida. En este caso TeLéFoNo.

Pero, por supuesto, cualquier asociación es válida si nos permite la memorización. Únicamente debe respetar una regla, debemos memorizar algo con sentido.

Veamos a contunuación unos cuantos ejermplos:

- Para recordar la medida de un nudo, que es equivalente a 1,852 kilómetros por hora, se utiliza la frase “Un ocho sin codos”.

- Para recordar la clasificación de las estrellas atendiendo a sus líneas espectrales, o lo que es lo mismo, según su temperatura efectiva, en varias categorías (de mayor a menor: O, B, A, F, G, K, M) se utiliza la frase “Oh! Be A Fine Girl. Kiss Me”. (¡Oh! Sé una buena chica. Bésame)

- Para recordar la ecuación general de los gases (PV=nRT, donde P es presión, V es volumen, n es el número de moles del gas, R es la constante ideal para los gases y T es la temperatura), se utiliza la frase “Pájaros volando es igual al número de ratones trotando”.

- Para recordar el número e (2,71828182845904523536028747135266), base de los logaritmos naturales, se utiliza la frase: “El trabajo y esfuerzo de recordar e revuelve mi estómago, pero podré acordarme. Será fácil si leo todas las frases. La repetida canción será cantada y así verás el número huevón”. El número de letras de cada
palabra representa la secuencia ordenada de las primeras 33 cifras, teniendo en cuenta que cada punto corresponde a un cero.

- Para recordar la clasificación taxonómica de los seres vivos (reino-tipo-clase-orden-familia-género-especie) se utiliza la frase “En nuestro reino hay un tipo de mucha clase que dio la orden a su familia de que comprara géneros de distintas especies”.

- Para recordar la correspondencia entre los ácidos y las sales (los ácidos con la terminación -oso forman sales con la terminación -ito, y los ácidos con la terminación -ico forman sales con la terminación -ato) se utiliza la frase “Cuando el oso toca el pito, Perico toca el silbato”.

- Para recordar las magnitudes eléctricas se utiliza la frase “Un ohmio y un amperio se fueron a dar un voltio. Se metieron en un watio, se sacaron el faradio y se dieron por culombio”.

- Para recordar la complementariedad de bases en el ADN (adenina con timina y guanina con citosina) se utiliza la frase “Accidente de Trafico, Guardia Civil”.

- Para recordar el orden de las notas musicales en las líneas y espacios del pentagrama (líneas MI – SOL – SI – RE – FA y espacios FA – LA – DO – MI) se utilizan las siguientes frases “Mi sol siempre reluce fastuoso” y “Fabricando la dorada miel”.

 

 

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Entrada elaborada a partir de la información ofrecida aquí, aquí, aquí y en otros sitios más.

¿Por qué hay un espejo en el interior de los ascensores?

Bueno, no siempre hay uno, aunque sí, es muy corriente.

¿Y por qué hay un espejo en el ascensor? ¿Para que veamos nuestro aspecto? ¿Para que nos acicalemos? ¿Para que hagamos muecas?

En los ascensores exteriores hay cristaleras que permiten ver el exterior y no hay espejos. En los modernos y rápidos ascensores de gran capacidad de personas, tampoco suele haberlos.

¿Y por qué en estos no? Pues porque aquí no son necesarios.

En los acensores de pequeño tamaño, es decir, en la mayoría, suele haber un espejo para dar una sensación de un espacio más grande, de amplitud. Así se alivia la angustia al encierro que a algunas personas les pueda producir el reducido habitáculo del ascensor.

Por otro lado, la existencia del espejo nos distrae. Nadie se resiste a echar una mirada (a veces es imposible al haber tres paredes de espejo) y así se ocupa nuestro tiempo causándonos la impresión de que el trayecto es más corto.

Como se ve, son motivos psicológicos que perduran de los tiempos de los primeros ascensores instalados en edificios altos, cuando los usuarios se quejaban del reducido espacio y la lentitud de esos antiguos aparatos.

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¿Se puede despertar a un sonámbulo?

Cuando pensamos en un sonámbulo nos lo imaginamos caminando dormido con los brazos extendidos hacia delante. Y enseguida recordamos que, bajo ningún concepto, se le puede despertar.

Que no se debe despertar a un sonámbulo es algo que se oye decir. Que puede ser peligroso para su salud y que le puede causar todo tipo de daños cerebrales.

Pero ni caminan con los brazos extendidos, ni caerán en coma o algo por el estilo si lo despertamos.

¿Y por qué se dice esto?

Al parecer existía la creencia supersticiosa de que, durante el sueño, el alma escapa del cuerpo, por lo que si se despierta a la persona, el alma no podría encontrar el cuerpo nuevamente y éste quedaría en un estado de trance.

Ahora sabemos que las personas que presentan sonambulismo (también llamado noctambulismo), llevan a cabo actividades motoras automáticas que pueden ser sencillas o complejas.

Desde bajar de la cama, caminar, hablar, realizar tareas sencillas, e incluso salir de su casa, mientras permanecen inconscientes y sin probabilidad de comunicación.

Es difícil despertar a un sonámbulo porque el sonambulismo se da en las fases 3 o 4 del sueño, es decir, en la etapa denominada sueño lento o sueño de ondas lentas (SOL).

Difícil, pero no peligroso.

Al menos para el que padece este transtorno del sueño, porque sí puede serlo para el que lo despierta. En el sentido de que arrancar a alguien de un sueño tan profundo puede causarle confusión, agitación y angustia, y puede hacer que reaccione violentamente.

¡Cuidado con recibir un tortazo!

 

 

Nota sabionda: Es más frecuente en niños y adolescentes.

Nota sabionda: Su causa es desconocida y no existe ningún tratamiento eficaz.

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¿Por qué es desagradable el ruido del roce de unas uñas sobre una pizarra?

¡Qué grima! ¡Qué dentera!

¡Qué desagradable el sonido de una uña al arañar la superficie de una pizarra!

Pero, ¿por qué se nos ponen los pelos de punta? ¿por qué nos resulta tan repelente? ¿por qué nos produce esa desazón en la boca del estómago?

Como reacción instintiva hay que buscar el motivo en los inicios de la Humanidad, cuando no existía el lenguaje como hoy en día conocemos y cuando la vida de nuestros ancestros dependía de mantenerse alejado de los animales peligrosos.

En el reino animal los sonidos de alta frecuencia son señales de advertencia. Muchas clases de monos advierten a sus congéneres del peligro con gritos estridentes.

El primitivo Homo sapiens tenía muy en cuenta estas advertencias por la cuenta que le traía, y reaccionaba con presteza y alarma ante el posible peligro.

Por otro lado, el oído humano solamente percibe unas determinadas frecuencias, y aquellos sonidos de alta frecuencia cercanos al umbral resultan desagradable, e incluso dolorosos.

Así pues, el cerebro no solamente percibe el estímulo auditivo, sino la sensación de desagrado y de dolor como una reminiscencia atávica.

 

 

Nota sabionda: Un oído sano y joven es sensible a las frecuencias comprendidas entre los 20 Hz y los 20 kHz. No obstante, este margen varía según cada persona y se reduce con la edad.

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Tradiciones navideñas

En estas épocas navideñas seguimos un montón de tradiciones que repetimos años tras año y, en realidad, sin saber muy bien por qué.

Es el deber de un buen curioso saber del origen de todas estas tradiciones. ¿No es así?

A continuación veremos cuándo se iniciaron algunas de estas tradiciones.

 

El árbol de Navidad

Para los celtas, la esencia de los elementos, de las auténticas fuerzas naturales, residía en el bosque y, más concretamente en los calveros, en los que establecían sus santuarios.

La fuerza del druída nacía de su comunicación directa con el bosque y, en especial con el roble, considerado el más fuerte y sagrado de los árboles.

Sobre la tradición del Árbol de Navidad, de origen germano, se cuenta que fue obra, en la primera mitad del siglo VIII, de San Bonifacio —el Apóstol Alemán— que derribó un roble para demostrar a los druidas que el árbol no era sagrado ni inviolable.

En su caída el árbol destrozó todos los arbusto excepto un pequeño abeto, que el santo calificó de árbol del Niño Dios al ocurrir tales hechos durante las navidades.

Fue a partir del siglo XVI que se adornaron los abetos para celebrar la Navidad.

 

El pesebre navideño

La costumbre de representar el nacimiento de Jesús llegó a España en el siglo XVIII cuando el Rey Carlos III hizo traer esta tradición desde Nápoles. Un siglo después, los belenes habían arraigado con fuerza en toda la península.

Esta representación que suele hacerse en las iglesias y en las casas durante el tiempo navideño debe sus origen a las representaciones litúrgicas del misterio navideño y a la primera escenificación que hizo San Francisco de Asís en Greccio en 1223.

Tras asistir a la celebración de la Navidad en la ciudad de Belén, quedó tan impresionado que, a su regreso a Italia, pidió un permiso al Papa Honorio III para reproducir en vivo el nacimiento de Jesús en una cueva próxima a su pueblo natal, con una imagen en piedra del niño, un buey y un asno y un reducido grupo de aldeanos.

En aquella cueva, San Francisco de Asís celebró la Misa del Gallo de la Nochebuena de aquel año y se dice que durante el oficio la figura del niño Jesús cobró vida, lo que contribuyó a difundir la costumbre.

Hacia finales del siglo XV, los actores que protagonizaban la natividad comenzaron a ser sustituidos por figuras de barro y durante el siglo XVI, los frailes franciscanos llevaron la costumbre a América, volviéndose una actividad obligada durante la navidad en las comunidades cristianas.

A partir de ese momento la iglesia católica promovió en los templos, hogares y sitios públicos, las representaciones del nacimiento del niño Jesús, a fin de que creciera el interés por las fiestas navideñas como una exaltación a Cristo, lo que se consigue gracias a la labor de los franciscanos, de los dominicos y de los jesuitas.

 

Los villancicos

Aunque existían antecedentes de composiciones cantadas por parte de los evangelizadores del siglo V y de cantos religiosos que tuvieron una difusión pareja a los nacimientos de San Francisco de Asís durante el siglo XIII, se puede considerar que el verdadero origen de los villancicos como los conocemos hoy, se remonta a los poemas cortesanos de temática amorosa que a lo largo de los siglos XV y XVI se recreaban en los salones nobles y que más tarde repetía el pueblo llano.

Durante el siglo XVII, los maestros de capilla musicalizaron miles de cancioncillas religiosas y sacralizaron otras para ser cantadas en los maitines de las festividades litúrgicas. Sus letras hablaban en lenguaje popular sobre el misterio de la encarnación y estaban inspirados en la liturgia de la Navidad. Con ellas, los campesinos que no sabían leer podían participar en los festejos navideños y honrar el Nacimiento de Cristo.

Tan grande fue el éxito de estas composiciones que muchas se imprimieron y gozaron de gran difusión, llegando a ser consideradas el sonido de la Navidad. No en vano, hasta hace pocos años —sobre la década de los sesenta—, era habitual durante las fiestas navideñas asistir a escenas callejeras donde niños y jóvenes iban en grupo con panderetas y zambombas cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo. Aún hoy, en algunos puntos de Iberoamérica pervive esta costumbre.

 

Los regalos de Navidad

La tradición de regalar en estas fechas es presagio de suerte y buena ventura. Y tiene su origen en las strenae romanas, que provenían de un rito augural en honor a la diosa Strenia.

En las calendas de enero —primer día del mes y del año— se celebraban las strenalias, fiestas durante las cuales la gente llevaba ofrendas y regalos a la diosa y hacían sacrificios en su templo ubicado a orillas de un bosque sagrado, en las cercanías de Roma. Todo con la idea de augurar un nuevo año lleno de bendiciones, abundancia y felicidad.

Ya en los inicios, los regalos pasaron a hacerse a los parientes, amigos y conocidos para desearles ventura, a la par que era una buena ocasión para rehacer o reforzar amistades maltrechas u olvidadas. Al principio consistían en ramitas fragantes cortadas de los árboles del bosque sagrado de Strenia y después fueron pequeños regalos: tarritos de miel, frutas secas o vino.

Mucho más tarde vinieros los lotes y cestas navideñas.

Esta costumbre pagana de hacer regalos y dar estrenas (o aguinaldos) se siguió practicando aún cuando la Iglesia católica se convirtió en la religión oficial del imperio romano. Los altos estamentos eclesiásticos fracasaron en su intento por erradicarla, pero consiguieron que los regalos se intercambiaran una semana antes, coincidiendo con la celebración del nacimiento de Jesús.

 

 

Nota sabionda: Los adornos y bolas que se cuelgan actualmente del árbol fueron creadas en el siglo XVIII por los sopladores de vidrio de Bohemia.

Nota sabionda: Según el libro Guiness de los récords, la canción navideña White Christmas (Blanca Navidad) es el tema que más tiempo ha permanecido en cabeza de las listas de éxitos: 72 semanas. Y que todavía hoy, Noche de Paz, la obra creada en la navidad de 1818 por un sacerdote y compositor aficionado de Austria, sigue siendo el villancico más cantado en todo el mundo.

Nota sabionda: De las strenae se ha derivado el verbo estrenar, ‘hacer uso por primera vez de algo, representar un espectáculo público por primera vez’ y otros significados similares. Y la expresión dar la estrena, ‘ser el primero en hacer algo’, que alude a la costumbre infantil de pisar los zapatos nuevos o dar un pescozón al que se ha cortado el cabello.

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