
Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un diseñador. También apta para aquél relacionado con el mundo del juego y las apuestas.

Tarjeta con relieve.

Tarjeta de cartón. Apta para una empresa de embalajes o paquetería.

Tarjeta de un profesor de lengua, un traductor o profesor de idiomas. Simula la entrada de un diccionario.

Tarjeta de un diseñador. Estilo clásico.

Tarjeta de un instalador de suelo de madera.

Tarjeta de un instructor de natación. Dentro de una bolsita para preservarla del agua.

Tarjeta de un periodista, como una noticia del periódico.

Tarjeta de un diseñador. Asusta un poco cogerla.

Tarjeta de un adiestrador canino. Un soporte original. Y comestible.

Tarjeta de un electricista o instalador de fibra óptica.

Tarjeta de un establecimiento de venta de alimentos. Parece que cualquier cosa sirve para estampar datos. Por lo visto no hace falta que el soporte sea plano. ¿El límite? Nuestra imaginación.
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¿Quién no ha oído la famosa Ley de Murphy? “Si algo puede funcionar mal, funcionará mal”.
¿Y los cientos de frases que se derivan de ella?
A saber:
- Cualquier esfuerzo para agarrar un objeto en caída, provoca más destrucción que si lo dejáramos caer naturalmente.
- Nada es tan fácil como parece.
- La probabilidad que una tostada caiga con el lado de la mantequilla hacia abajo, es proporcional al valor de la alfombra.
- No hay tarea tan simple que no pueda hacerse mal.
- Todo cuerpo sumergido en la bañera hace sonar el teléfono.
- Nada está tan mal que no pueda empeorar.
- Si un artilugio mecánico falla, lo hará en el momento más inoportuno.
.
.
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Todas estas frases —y muchas más— tienen en común una actitud pesimista, resignada y burlona, fruto de la actitud de Murphy. Pero… ¿quién es Murphy? ¿cómo se originó la frase?
Edward A, Murphy Jr. —capitán de las Fuerzas Aéreas de los EE.UU.— formó parte, en 1949, de unos experimentos realizados para determinar la resistencia humana a la desaceleración brusca para casos de aterrizajes de emergencia. Algunas pruebas se realizaron con un muñeco de forma humanoide, pero para las pruebas finales colaboró el coronel J.P. Stapp.
Para medir el impacto de tales fuerzas sobre el piloto, se le ocurrió a Murphy colocarle una serie de sensores o medidores electrónicos de esfuerzo sujetos al arnés. Pero tras la prueba todos los resultados salieron sorprendentemente a cero. Tras algunas comprobaciones vieron que los sensores estaban mal instalados, pues habían sido cableados al revés.
Entonces —según el también ingeniero George E. Nichols presente en aquel momento— Murphy, frustrado, le echó la culpa a su asistente exclamando: “si hay alguna manera de cometer un error, lo cometerá”.
En conversaciones con otros miembros del equipo salió a relucir la expresión que quedó como: “si algo puede salir mal, saldrá mal”.
Pero no ganó popularidad hasta que no fue pronunciada por el coronel Stapp durante una conferencia de prensa, en la que le preguntaron por qué nadie resultó con heridas de importancia durante las pruebas. Stapp replicó que fue porque se tomó en consideración la Ley de Murphy. Luego citó la ley y dijo que significaba que era importante considerar todas las posibilidades antes de hacer una prueba.
A continación la historia relatada por el propio George E. Nichols, gerente de Control de Calidad del proyecto Vikingo:
“El suceso ocurrió en 1949, en la Base Aérea Edwards, en Muroc, California, durante el Proyecto de la Fuerza Aérea MX81. Este era el proyecto de investigación del coronel J. P. Stapp sobre pruebas de aterrizaje de emergencia en las pistas de la Base Norte. El trabajo era realizado por Northrop AirCraft, bajo contrato del Laboratorio Aeromédico por parte del proyecto por parte de Northrop.
El homónimo de la ley era el capitán Ed Murphy, un ingeniero de desarrollo del Laboratorio Aéreo de Wright Field. Frustrado por una pequeñas piezas que estaban funcionando mal debido a un pequeño error, exclamó lo siguiente: “Si hay alguna manera de hacer las cosas mal, lo hará”, refiriéndose al técnico que había originado el error. En ese momento, le adjudiqué el nombre de Ley de Murphy a dicha exclamación y a sus variantes asociadas.
Un par de semanas después, el coronel Stapp indicó en una conferencia de prensa que nuestro excelente récord de seguridad en aterrizajes de emergencia simulados durante varios años era el resultado de una firme convicción en la Ley de Murphy y de nuestro consistente esfuerzo por evitar lo inevitable. La referencia tan amplia que se le dio a la Ley en anuncios de fabricantes en el período de unos cuatro meses fue fantástica, con lo que la Ley de Murphy quedó establecida dentro del vocabulario tecnológico.”
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Y es realmente sorprendente porque no te esperas tanto con tan poco. Distracción, entretenimiento y estrategia para dos jugadores, con unas sencillas reglas y muy poco material. ¡Qué más se puede pedir!
Primero veamos qué material necesitamos para poder jugarlo:
- 19 arandelas
- 6 fichas (3 de un color y 3 de otro)
Se trata de un material barato, fácil de encontrar y fácil de llevar encima. Incluso fácil de improvisar.
Preparación de la partida:
Para empezar a jugar basta con formar un hexágono con las 19 arandelas de la siguiente manera: una arandela en el centro, 6 a su alrededor formando un hexágono y las otras 12 alrededor formando un segundo hexágono. Las fichas se colocan en los vértices alternando colores y se echa a suertes el orden de juego.
Un vistazo a la imagen aclara lo comentado.
Mecánica del juego:
En su turno de juego el jugador ha de realizar obligatoriamente dos acciones en el orden señalado. Después el turno pasa al otro jugador. Las acciones son:
1- Mover una de sus fichas
2- Mover una arandela
Mover una de sus propias fichas significa que ésta ha de deslizarse en una de las (como máximo) 6 direcciones posibles. Siempre hasta el final del camino elegido: esto es, deteniéndose al topar con otra ficha (propia o ajena) o con el final del tablero. No está permitido detenerse a medio camino ni saltar fichas.
En la imagen del ejemplo la ficha tiene 5 direcciones posibles de movimiento, ya que la sexta está bloqueada por una ficha contraria. Y los posibles destinos están señalizados por las puntas de flecha.
Mover una arandela significa que una arandela ha de ser cambiada de lugar. Las limitaciones son que la arandela debe poder deslizarse libremente sin que se mueva otra, por lo que las candidatas al cambio son las anillas de la periferia. Tampoco se puede mover la arandela que el jugador contrario acaba de mover en el turno precedente. Y al dejarla en su nueva ubicación, obviamente en la periferia, es obligatorio que esté al menos en contacto con dos anillas.
Nuevamente, un vistazo a la imagen nos ayudará. La arandela marcada en negro puede moverse a los destinos señalados.
Objetivo del juego:
Gana el jugador que consiga que sus 3 fichas estén en contacto: ya sea el línea recta, en curva o triángulo.

Es un juego muy sencillo en su ejecución, pero el tema del tablero cambiante introduce una dimensión especial. Sin duda es un juego que nos hará pensar y poner en acción nuestras dotes de estratega.
Nota sabionda: Nonaga es un juego original de Víktor Bautista i Roca.
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Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un fotógrafo, con su agujerito para ver el mundo por el objetivo.

Tarjeta de una tienda de moda, un modisto o algo parecido. Con un juego de láminas transparentes que nos permiten combinar la ropa. Muy original en el soporte.

Tarjeta de un diseñador. Una hola metálica troquelada que, al ir doblando por las marcas, se convierte en un hombre sentado a su mesa frenter al ordenador. El propio diseñador, se supone. ¡Una currada!

Tarjeta de una tienda de artículos de regalo. Con su lacito. Sencillo, pero efectivo.

Tarjeta de un dentista: un diente con caries, pero al extraer la tarjeta se ven los datos del profesional, y la caries… ¡ha desaparecido!

Una tarjeta personal o profesional con la estética de google maps.

Ambos ejemplos hacen un uso muy original de sus profesiones para la confección de sus tarjetas. La de la monitora de yoga tiene dos agujeros en los que podemos introducir los dedos para simular las piernas. La del médico, seguramente traumatólogo, es una pequeña placa de rayos X con sus datos impresos. Dos tarjetas que, a buen seguro, no se olvidan fácilmente.

Tarjeta de un diseñador: sencilla y elegante. Su originalidad estriba en el material empleado. También sería apropiada para una empresa de plásticos.

Tarjeta de una tienda de artesanía. La originalidad radica en su manufactura.

Una tarjeta con los datos ocultos hasta que se revelan. La web funciona igual. Se me antoja indicada para alguna profesión como detectives o investigadores. También para alguien celoso de su intimidad.

Tarjeta de un diseñador. Otra tarjeta que rompe moldes, con un líquido atrapado en su interior.

Tarjeta de un restaurante griego. Son pedacitos de platos reciclados en tarjeta. Una bonita manera de reciclar la vajilla que rompen en sus celebracioneses. Sencillamente genial.
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Es lo que tiene el ilusionismo: una vistosa presentación que embelesa, un increíble efecto y ni se nos pasa por la mente caer en la cuenta de lo más obvio.
Como ejemplo de lo que digo, el siguiente vídeo nos servirá.

el truco de la hamburguesa
Las orientales lo flipan en colores, con los grititos y tal, y pasan y pasan el dedito por el cartel, pero basta pararse un poco a pensar para darse cuenta de que la hamburguesa está físicamente tras el cartel y de que algún mecanismo (que el mago tapa bastante burdamente) permite que ésta pase hasta la mano del mago.
¿Un panel? ¿un resorte? ¿espejos?… no, más fácil: una puertecita y un ayudante.
Se puede ver como se opera la maravilla en el siguiente vídeo, en el que no se pone ningún cuidado a la hora de ocultar al ayudante o el cierre de la puertecita. Y si no, fijarse en el minuto 2:20.

¿Decepción? Bueno, quizás un poco porque es mucho más atractiva la ilusión, el engaño, que la burda realidad.
Otro truco también muy efectivo es el del siguiente vídeo, en el que el mago atraviesa un aparador de vidrio sin romperlo.

atravesando el cristal
Otro truco efectista, aunque está claro que el cristal no se atraviesa. ¿Cómo lo hace? Para saberlo nos bastará con ver el siguiente vídeo. Un cristal corredizo con hueco incluido y un par de coleguitas es suficiente para obrar el milagro.

Claro está que la imaginación y el buen hacer de los ilusionistas pueden cambiar, versionar y mejorar los efectos ya vistos.
El segundo truco, el del cristal con trampa, ha sido versionado con una pecera. Aparte de que el agujero ha de ser más pequeño (solamente ha de pasar la mano) y de que utiliza el truco de la carta firmada para complicar la cosa, la base es la misma.

truco de la pecera
Y para acabar el tema, una nueva aplicación del “a través del cristal”. ¡Realmente sorprendente!

las monedas y la mesa
Nota superflua: Por supuesto no hace falta saber chino, ni japonés, ni siquiera inglés para entender los vídeos.
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¡Qué gran invento! Poder disponer de nuestros dineritos a cualquier hora del día y en cualquier lugar, siempre que tengamos un cajero automático a mano.
John Adrian Shepherd-Barron (1925-2010) trabajó sobre el concepto de una máquina de autoservicio que dispensara papel moneda, cuando ocupaba el cargo de gerente en De La Rue Instruments en la década de los 60. Y con su invento simplificó la vida a millones de personas.
Acostumbraba a retirar fondos de su cuenta bancaria los sábados por la mañana, pero un día llegó unos minutos tarde al banco y lo encontró cerrado. Frustrado por ello pensó en un método que le permitiera acceder a su dinero cuando él quisiera y se le ocurrió relacionar su objetivo con las máquinas dispensadoras de dulces y chocolatinas.
El primer ATM (automatic teller machine o ‘cajero automático’) fabricado por su empresa, se instaló el 27 de junio de 1967 en Enfield (localidad situada al norte de Londres), en una sucursal del Barclays Bank.
No se utilizaron tarjetas plásticas en un principio, sino unos cheque especiales impregnados con un compuesto radiactivo de carbono 14, que era detectado y validado. Dadas las reticencias del público a operar con algo relacionado con la radiactividad, se sustituyeron los cheques por tarjetas plásticas y se utilizó un número para la validación.
En principio se pensó en un PIN (personal identification number o ‘número de identificación personal’) de seis dígitos, pero cambió de idea cuando su mujer le comentó que ella no era capaz de recordar más de cuatro dígitos.
Por si algún curioso se lo preguntaba, el PIN consta de cuatro cifras numéricas por conveniencia, no por limitación técnica.
Nota sabionda: Al respecto de los cheques, Shepherd-Barron aclaraba que la cantidad contaminante era tan exígua que para que hiciera algún daño al portador tendría que comerse unos 136.000 cheques.
Nota sabionda: Recibió la Orden del Imperio Británico en el año 2005 por ser el inventor del cajero automático. Aunque los estadounidenses consideran que el inventor fue Luther George Simjian, que en 1939 colocó en el City Bank of New York un expendedor de dinero en efectivo (que se retiró seis meses después por el poco interés que suscitó).
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Estamos muy acostumbrados a su uso cotidiano en nuestras comunicaciones online. Esas caritas sonrientes, tristes, enamoradas, maliciosas, sorprendidas o carcajeantes, forman parte de nuestro día a día. Tanto es así que no nos paramos a pensar que no siempre se usaron y que no siempre fueron como ahora las conocemos.
Si sientes curiosidad por conocer su origen, su evolución pasada y la que se prevee para el futuro, el porqué de su color o sus variantes… sigue leyendo.
Consultando el DRAE podemos leer:
emoticono.
(Del ingl. emotion, emoción, e icon, icono, infl. por el esp. icono).
1. m. Inform. Símbolo gráfico que se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente.
Su utilidad es clara: expresar el estado de ánimo del escribiente, saber si lo que dice lo dice en serio o lo dice en broma, por poner un ejemplo. Y su utilidad no es baladí, en una comunicación escrita se echa de menos la función expresiva de una comunicación hablada (la entonación, la intensidad de la voz…) y el lenguaje no verbal (la expresión facial, la postura corporal…)
Ya hay malinterpretaciones hablando por teléfono (simplemente por no poder ver la expresión del rostro del hablante), así que en la comunicación escrita mucho más. Ya desde los primeros tiempos de intercambio de mensajes por ordenador fueron corrientes los flames, unas encendidas y apasionadas discusiones fruto, muchas de las veces, de malentendidos al no captar la intención del emisor del mensaje.
Para evitar estas situaciones se propusieron, por parte de anónimos usuarios, diferentes maneras de indicar la intención. No tuvieron éxito. Al menos hasta la aportación de Scott Fahlman que propuso —en septiembre 1982 y en uno de sus mensajes a la BBS de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburg (EEUU)— la utilización de signos ortográficos para dar a entender que un texto iba medio en broma.
El mensaje original ha sido recuperado recientemente de viejas cintas de backup de la universidad, por parte de un investigador de Microsoft. Casi treinta años después.

La traducción es la siguiente:

A éstos les siguieron una ingente colección para expresar multitud de estados de ánimo y situaciones. En una cantidad imposible de recordar. (Puedes ver una lista de aquellos antiguos emoticonos aquí).
Posteriormente, con la mejora de las capacidades gráficas de los ordenadores, los signos ortográficos fueron sustituidos por pequeñas imágenes, que tomaron como patrón el smiley (por aquello de que algunas caritas sonreían).
Así, el smiley redondo y amarillo, creado por el diseñador Harvey Ball en 1963, inspiró con su simplista representación los emoticonos gráficos que conocemos en la actualidad.

El futuro es la animación, según se puede empezar a observar en los emoticonos de algunos servicios de mensajería instantánea.
Nota sabionda: Los emoticonos occidentales y los orientales son diferentes. Ello es debido a que en el mundo occidental se tiene en cuenta todo el rostro para reflejar una emoción. En cambio, en el mundo oriental, menos dado a las manifestaciones emotivas en público, la mirada es lo más importante. Veamos algunos ejemplos:
sonrisa/felicidad :) ^_^
llanto/tristeza :( T_T
guiño
^_~
enojo/enfado >:-[ >_<
asombro :O o_O
Curiosamente esos iconos orientales van ganando terreno merced a los mangas y animes japoneses, que gozan de gran popularidad entre la gente joven.
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Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un estilista, o de un peluquero. Además nos regala clips de pelo.

Tarjeta de un médico. Concretamente de un especialista del sistema respiratorio. Las tarjetas son globos, así que a soplar para poder ver sus datos. Muy original en el soporte.

Tarjeta personal, con los datos presentados como en una ficha de facebook.

Tarjeta de restaurante con unos cubiertos troquelados. ¡A comer!

Tarjeta de un arquitecto, con su regla para no medir a ojo.

A esta tarjeta le falta un pedacito. Los consumidores saben por qué.

Tarjeta de una agencia de diseño. El lápiz es uno de esos pequeñitos y viene de regalo.

Si será bueno este entrenador que hasta para saber sus datos hay que esforzarse.

Tarjeta de un consejero matrimonial. Un poquito de cinta adhesiva, un poco de buena voluntad y todo se arregla.

Otra tarjeta personal. La estética google no iba a ser menos.

Tarjeta de un dentista. También trae regalo: un poco de hilo dental.

Tarjeta de un establecimiento de venta de artículos de segunda mano. Las tarjetas son recicladas de otras personas, con los datos propios impresos al dorso. Sencillamente genial.
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He visto pelar naranjas con las manos, con cuchillo, con cuchillo y tenedor (sin tocar el fruto con las manos), e incluso a mordiscos. Pero… ¿con una cuchara?
Pues sí, es posible… y sorprendente. Veamos cómo se hace en el siguiente video:

Sí, ya sé. Algunos puristas pueden decir que se ha utilizado cuchillo. Cierto. Pero no es menos cierto que el cuchillo se puede obviar. Por ejemplo dando un mordisco en la parte superior del fruto, lo justo para levantar la piel y permitir la entrada del cubierto. O, exclusivamente con la cuchara, logrando con la punta de la misma y un poquito de maña, lo que se consigue con los dientes: una pequeña hendidura circular que permita introducir poco a poco la totalidad del cubierto.
Probad a anunciarlo un día a los demás comensales: “Voy a pelar la naranja con la cuchara”. Seguro que cosecharás miradas tipo tásloca o yastáelfriki. Pero te vas a quedar con todos. Fijo.
Nota sabionda: Una variante interesante es cortar la naranja por la mitad (corte ecuatorial) pero con una profundidad que no alcance el fruto, que simplemente corte la piel hasta llegar a lo blanco. Con un poco de práctica puedes pelar la naranja con la cuchara sin que la piel se rompa, obteniendo dos medias cáscaras que te pueden servir de plato para el fruto cortado o como recipiente para una macedonia o para un helado de naranja.
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Las tarjetas de visita son un vestigio de la ajetreada vida social del siglo XIX, cuando eran utilizadas para confirmar la realización de una visita social.
En el ámbito personal, se utilizan actualmente para ofrecer nuestro domicilio a los conocidos, acompañar algún regalo y… poco más.
Es en el ámbito profesional donde se utilizan más. Con ellas nos presentamos nosotros y nuestra empresa, comunicamos nuestro cargo y ofrecemos datos de contacto a nuestros clientes. Por ello, en inglés las llaman, más acertadamente, bussines card.
Pero la tarjeta blanca, de cuidada tipografía… ha quedado atrás. En la era del diseño, no se podía olvidar a las tan socorridas tarjetas. Y más teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, es la que nos abre un contacto comercial, y la primera impresión es la que cuenta.
Veamos a continuación unos excelentes ejemplos de diseño.

Tarjeta de un dentista, con la dentadura en relieve.

Tarjeta de modista, también adecuada para costureras y demás relacionados con el hilo y la aguja.

Tarjeta de comercial farmacéutico y resto de personal relacionado con medicamentos.

Tarjeta válida en realidad para cualquier empresa relacionada son los canes: adopción, cuidado, veterinaria, peluquería …

Tarjeta de un relojero o relojería. Se trata de un cuadrado blanco, pero al levantar la punta previamente recortada para ver los datos, se convierte en un reloj de sol.

Tarjeta apta para un grabador, aunque también para una tarjeta personal de alguien discreto.

Tarjeta de una diseñadora, pero también podría ser válida para alguien de una agencia de viajes, o la personal de alguien muy viajero.

Tarjeta de un editor.

Tarjeta de una empresa de limpieza. Muy gráfica.

Otra tarjeta de un diseñador. En esta caso nos invita a resolver un sopa de letras. ¡Ya he visto el nombre!

Tarjeta de un taller mecánico o cualquier negocio relacionado con el mundo del motor. Nos podemos entretener montando el recortable y siempre tendremos a mano los datos en los bajos del vehículo.

Tarjeta de un abogado divorcista. Sencillamente genial.
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