
En estas épocas navideñas seguimos un montón de tradiciones que repetimos años tras año y, en realidad, sin saber muy bien por qué.
Es el deber de un buen curioso saber del origen de todas estas tradiciones. ¿No es así?
A continuación veremos cuándo se iniciaron algunas de estas tradiciones.
El árbol de Navidad
Para los celtas, la esencia de los elementos, de las auténticas fuerzas naturales, residía en el bosque y, más concretamente en los calveros, en los que establecían sus santuarios.
La fuerza del druída nacía de su comunicación directa con el bosque y, en especial con el roble, considerado el más fuerte y sagrado de los árboles.
Sobre la tradición del Árbol de Navidad, de origen germano, se cuenta que fue obra, en la primera mitad del siglo VIII, de San Bonifacio —el Apóstol Alemán— que derribó un roble para demostrar a los druidas que el árbol no era sagrado ni inviolable.
En su caída el árbol destrozó todos los arbusto excepto un pequeño abeto, que el santo calificó de árbol del Niño Dios al ocurrir tales hechos durante las navidades.
Fue a partir del siglo XVI que se adornaron los abetos para celebrar la Navidad.
El pesebre navideño
La costumbre de representar el nacimiento de Jesús llegó a España en el siglo XVIII cuando el Rey Carlos III hizo traer esta tradición desde Nápoles. Un siglo después, los belenes habían arraigado con fuerza en toda la península.
Esta representación que suele hacerse en las iglesias y en las casas durante el tiempo navideño debe sus origen a las representaciones litúrgicas del misterio navideño y a la primera escenificación que hizo San Francisco de Asís en Greccio en 1223.
Tras asistir a la celebración de la Navidad en la ciudad de Belén, quedó tan impresionado que, a su regreso a Italia, pidió un permiso al Papa Honorio III para reproducir en vivo el nacimiento de Jesús en una cueva próxima a su pueblo natal, con una imagen en piedra del niño, un buey y un asno y un reducido grupo de aldeanos.
En aquella cueva, San Francisco de Asís celebró la Misa del Gallo de la Nochebuena de aquel año y se dice que durante el oficio la figura del niño Jesús cobró vida, lo que contribuyó a difundir la costumbre.
Hacia finales del siglo XV, los actores que protagonizaban la natividad comenzaron a ser sustituidos por figuras de barro y durante el siglo XVI, los frailes franciscanos llevaron la costumbre a América, volviéndose una actividad obligada durante la navidad en las comunidades cristianas.
A partir de ese momento la iglesia católica promovió en los templos, hogares y sitios públicos, las representaciones del nacimiento del niño Jesús, a fin de que creciera el interés por las fiestas navideñas como una exaltación a Cristo, lo que se consigue gracias a la labor de los franciscanos, de los dominicos y de los jesuitas.
Los villancicos
Aunque existían antecedentes de composiciones cantadas por parte de los evangelizadores del siglo V y de cantos religiosos que tuvieron una difusión pareja a los nacimientos de San Francisco de Asís durante el siglo XIII, se puede considerar que el verdadero origen de los villancicos como los conocemos hoy, se remonta a los poemas cortesanos de temática amorosa que a lo largo de los siglos XV y XVI se recreaban en los salones nobles y que más tarde repetía el pueblo llano.
Durante el siglo XVII, los maestros de capilla musicalizaron miles de cancioncillas religiosas y sacralizaron otras para ser cantadas en los maitines de las festividades litúrgicas. Sus letras hablaban en lenguaje popular sobre el misterio de la encarnación y estaban inspirados en la liturgia de la Navidad. Con ellas, los campesinos que no sabían leer podían participar en los festejos navideños y honrar el Nacimiento de Cristo.
Tan grande fue el éxito de estas composiciones que muchas se imprimieron y gozaron de gran difusión, llegando a ser consideradas el sonido de la Navidad. No en vano, hasta hace pocos años —sobre la década de los sesenta—, era habitual durante las fiestas navideñas asistir a escenas callejeras donde niños y jóvenes iban en grupo con panderetas y zambombas cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo. Aún hoy, en algunos puntos de Iberoamérica pervive esta costumbre.
Los regalos de Navidad
La tradición de regalar en estas fechas es presagio de suerte y buena ventura. Y tiene su origen en las strenae romanas, que provenían de un rito augural en honor a la diosa Strenia.
En las calendas de enero —primer día del mes y del año— se celebraban las strenalias, fiestas durante las cuales la gente llevaba ofrendas y regalos a la diosa y hacían sacrificios en su templo ubicado a orillas de un bosque sagrado, en las cercanías de Roma. Todo con la idea de augurar un nuevo año lleno de bendiciones, abundancia y felicidad.
Ya en los inicios, los regalos pasaron a hacerse a los parientes, amigos y conocidos para desearles ventura, a la par que era una buena ocasión para rehacer o reforzar amistades maltrechas u olvidadas. Al principio consistían en ramitas fragantes cortadas de los árboles del bosque sagrado de Strenia y después fueron pequeños regalos: tarritos de miel, frutas secas o vino.
Mucho más tarde vinieros los lotes y cestas navideñas.
Esta costumbre pagana de hacer regalos y dar estrenas (o aguinaldos) se siguió practicando aún cuando la Iglesia católica se convirtió en la religión oficial del imperio romano. Los altos estamentos eclesiásticos fracasaron en su intento por erradicarla, pero consiguieron que los regalos se intercambiaran una semana antes, coincidiendo con la celebración del nacimiento de Jesús.
Nota sabionda: Los adornos y bolas que se cuelgan actualmente del árbol fueron creadas en el siglo XVIII por los sopladores de vidrio de Bohemia.
Nota sabionda: Según el libro Guiness de los récords, la canción navideña White Christmas (Blanca Navidad) es el tema que más tiempo ha permanecido en cabeza de las listas de éxitos: 72 semanas. Y que todavía hoy, Noche de Paz, la obra creada en la navidad de 1818 por un sacerdote y compositor aficionado de Austria, sigue siendo el villancico más cantado en todo el mundo.
Nota sabionda: De las strenae se ha derivado el verbo estrenar, ‘hacer uso por primera vez de algo, representar un espectáculo público por primera vez’ y otros significados similares. Y la expresión dar la estrena, ‘ser el primero en hacer algo’, que alude a la costumbre infantil de pisar los zapatos nuevos o dar un pescozón al que se ha cortado el cabello.
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Una serendipia es un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se realiza accidentalmente.
La historia de la ciencia está llena de serendipias, algunas de ellas realmente curiosas como las siguientes:
El descubrimiento del papel secante se remonta a principios del siglo XIX y se debe al error de un operario en una fábrica de papel de la ciudad de Berkshire (Inglaterra). Al trabajador se le olvidó añadir la cola requerida a la pasta durante el proceso de fabricación del papel de escritura. Cuando el proceso de fabricación concluyó se descubrió que aquella partida no tenía utilidad para la escritura y el papel se almacenó como inservible. Pero tiempo después el dueño de la fábrica utilizó una hoja de ese papel inservible para secar unas gotas de tinta derramada y se apercibió de que absorbía la tinta con inusitada rapidez, por lo que podía se aprovechado como papel secante.
En 1948 y durante el transcurso de una excursión por los Alpes, el montañero suizo George de Mestral se sintió especialmente molesto por las cardenchas (o arrancamoños) que se adherián continuamente a sus pantalones y calcetines. Al arrancarlas se le ocurrió diseñar un dispositivo de cierre alternativo a la cremallera basado en aquellas bolas erizadas de púas. Un industrial establecido en Lyon creyó factible el proyecto y comenzaron a experimentar, hasta dar en 1950 con la primera cinta adhesiva de naylon a la que llamaron velcro, al unir dos términos franceses: velours ‘terciopelo’ y crochet ‘ganchillo’.
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¿Por qué unos meses tienen 30 días y otros 31? ¿Y por qué febrero tiene solamente 28? ¿Y por qué son 29 en un año bisiesto? ¿Y cuáles años son bisiestos y por qué? ¿Y por qué no se añade ese día extra al final del año en diciembre en lugar de en febrero? ¿Y por qué se llama bisiesto ese año con un día más? ¿Eh? ¿Eh? ¿Por qué? ¿Por qué?
Estas y otras preguntas acerca del calendario seguro que se las ha planteado algún que otro/a curioso/a. Vamos a dar cumplida respuesta a continuación.
Antes de la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César, el año romano comenzaba en el mes de marzo al relacionar el inicio del año con el “inicio” del ciclo de vida que supone la primavera. Y tenia 10 meses de 36 días, más 5 días al fin del mismo, dedicados a las fiestas de las saturnales.
Así septiembre era el séptimo, octubre el octavo, noviembre el noveno y diciembre el décimo. Nótese el uso de la raíz latina en el nombre del mes.
A partir de la reforma juliana, el año pasó a tener 12 meses —de 30 ó 31 días— incorporando a fin del mismo dos meses, que se llamaron enero y febrero. Los meses de 31 días eran los impares: marzo, mayo, quinto, séptimo, noveno y enero. Y los de 30 eran los pares: abril, junio, sexto, octavo y décimo. A febrero le correspondieron 29 (30 los años bisiestos) para obtener los 365 días.
A Cayo Julio César se le brindó el honor de designar un mes con su nombre, y el escogido fue el quinto mes, que a partir de la reforma juliana se llamó julio. Su hijo adoptivo, Cayo Julio César Octaviano, que fue designado emperador —con el título de augustus— asumió el poder absoluto dando origen al Imperio Romano. En su honor se llamó agosto al mes sexto, pero, dado que el mes sólo tenía 30 días y no podía ser que el Imperator Augustus tuviera un mes con un día menos que su padre, resolvieron agregarle un día más que tomaron del último mes, pasando febrero de tener 29 días a tener 28.
Como así habían tres meses seguidos con 31 días, se alteró la duración de los siguientes, pasando septiembre a tener 30, octubre 31, noviembre 30 y diciembre 31.
El año bisiesto fue una innovación del calendario juliano elaborado por el astrónomo griego Sosígenes de Alejandría por encargo de Julio César, que lo difundió por todo el Imperio Romano en el año 46 a.C.
Ocurre que existía un desfase entre el año solar (el tiempo que tarda la Tierra en orbitar alrededor del Sol es de 365 días y 6 horas) y el año cronológico de 365 días. Así, cada cuatro años se reúnen las horas suficientes para formar el día suplementario.
Este añadido hace que el año bisiesto tenga 366 días. Este día extra se añade al final del mes de febrero, por lo que este mes pasa a tener 29 días.
Y este día extra se le añade al mes de febrero, no solamente por ser el más corto, sino por ser el último del año. Así Julio César decretó que el 23 de febrero, día de Terminalia, tuviese 48 horas cada cuatro años.
Comoquiera que los romanos nombraban los días de los meses en referencia a las calendas (primer día de cada mes) y los idus (día 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y 13 de los demás meses), el día suplementario se conoció como bis-sextus dies ante calendas martii (repite el sexto día antes del primero de marzo). El nombre es demasiado largo, así que lo de bis-sextus derivó a bisiesto.
Posteriormente, el calendario gregoriano, introducido por el Papa Gregorio XIII en el año 1582, modificó la periodicidad de los años bisiestos para regularizar el desajuste acumulado desde la implantación del calendario juliano, para lo que dispuso 97 años bisiestos cada 400 años. Ocurre que la duración del año solar es exactamente de 365 días, 6 horas, 13 minutos y 59 segundos 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos, así que, con el calendario juliano resultaba un año civil de 365,25 días y, por lo tanto, sólo 0,0078 días más largo que el año solar verdadero.
La modificación introducida en la regla de los bisiestos, y que redujo la diferencia a 0,0003 de día, fue seguir considerando bisiestos los años múltiplos de cuatro excepto el último de cada siglo cuyas centenas no sean múltiplo de cuatro. Así que el año 2000 lo fue, pero no lo será el 2100. La regla gregoriana de los años bisiestos se podría enunciar como sigue: “Un año es bisiesto si es divisible por 4, a menos que sea divisible por 100 y no por 400″.
Nota sabionda: El calendario gregoriano es el utilizado en la actualidad por las naciones cristianas, a excepción de las que siguen el cisma griego que utilizan el calendario juliano, al igual que las naciones musulmanas.
Nota sabionda: El calendario juliano que entró en vigor el 1 de enero del 45 a.C. supuso que el año 46 a.C. —conocido como “el año de la confusión”— tuviera 15 meses. Concretamente se le añadieron 85 días, distribuidos en dos meses entre noviembre y diciembre (uno de 33 días y otro de 34 días) y otro mes intercalado en el mes de febrero. Con ello consiguieron que el calendario se correspondiera con las estaciones, cosa que ya no ocurría merced al desfase.
Nota sabionda: Para que la fiesta de Pascua coincidiera con la llegada de la primavera, el calendario gregoriano restó 10 días al año 1582, de tal manera que a al 4 de octubre no le siguió el 5 de octubre, si no el día 15 de octubre. Así, en el año 1583, el equinoccio vernal tuvo lugar el 21 de marzo.
Nota sabionda: El calendario gregoriano no se adoptó en Gran Bretaña hasta 1752, en Rusia hasta 1918 y en Turquía hasta 1927.
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Pues no, no se puede.
Y no se puede por el bien de las propias pinturas. De abrir las cuevas al público, los hongos y las bacterias que ha colonizado sus paredes se extenderían y dañarían de manera irreversible las pinturas rupestres.
Se ha comprobado que las paredes más próximas a la entrada de la cueva han sido colonizadas por microorganismos, que aprovechan las corrientes de aire creadas por el paso de los visitantes para desplazarse y extenderse hacia el interior, como demuestra el hecho de que algunas de estas colonias ya han afectado las pinturas de la Gran Sala de los Polícromos. Además, los cambios de temperatura y de humedad provocados por la presencia humana también contribuirían a su proliferación.
El deterioro de las pinturas desembocó en un primer cierre que se llevó a cabo en 1977 y finalizó en 1982, año en que se reabrieron las cuevas con un límite de 11.000 visitantes/año, muy lejos de las 175.000 visitas de 1973.
Con las apariciones de manchas blancas —debidas a la presencia de microorganismos que proliferan con la luz— se optó por cerrar las cuevas al público de nuevo en 2002. Las listas de espera que se iniciaron ya se han completado y no se admiten más solicitudes por la imposibilidad de garantizar una visita con tan largos plazos.

A fecha de hoy no hay fecha prevista para su reapertura, si es que esta se ha de producir.
La alternativa es visitar el museo de Altamira, uno de los museos más visitados de Cantabria que se encuentra muy cerca de la entrada a la cueva original. El museo contiene una reproducción exacta de la cueva original realizada utilizando las últimas tecnologías.
Nota sabionda: Los microorganismos ya causaron daños irreparables hace más de medio siglo en las pinturas prehistóricas de Lascaux (Francia), que han permanecido cerradas al público desde 1963.
Nota sabionda: Sobre las pinturas de Altamira, Picasso dijo: “Después de Altamira, todo es decadencia.”
Nota sabionda: Las Cuevas de Altamira son Patrimonio de la Humanidad desde 1985.
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En el invierno de 1807 se reunieron en la Freemasons Tavern londinense de Long Acre, Covent Garden, los trece socios fundadores de la Sociedad Geológica. En unos diez años el número de socios aumentó hasta los 400 —todos caballeros por supuesto— lo que nos da una idea aproximada del interés suscitado en la época por esta rama del conocimiento.
Ellos establecieron una escala de tiempo geológico que se ha mantenido en líneas generales a pesar de los múltiples cambios introducidos que la han mejorado. Aunque no hay unanimidad en las fechas sí que existe acuerdo en dividir el tiempo geológico en bloques de años relacionados con acontecimientods o alteraciones importantes y en los propios acontecimientos. Como la edad de la Tierra es de aproximadamente 4600 millones de años, cuando se habla de tiempo geológico la unidad base es el millón de años.
No trataremos acerca de los métodos de datación y demás técnicas empleadas por la geología y la paleontología; en cambio sí hablaremos del porqué de los nombres escogidos para las diferentes eras y periodos.
Las principales eras son: Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica.
El Paleozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico.
El Mesozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
El Cenozoico se divide a su vez en dos periodos: Terciario y Cuaternario.
El Terciario se divide a su vez en diferentes épocas: Paloeceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno y Plioceno.
El Cuaternario se divide a su vez en: Pleistoceno y Holoceno.
En cuanto a los orígenes de sus nombres, el Paleozoico hace uso de la raíces griegas paleo ‘antiguo’ y zoo ‘vida animal’, con el significado de ‘vida antigua’. El Mesozoico hace lo propio con meso ‘media’, con el significado de ‘vida media’ y el Zenocoico con el significado de ‘vida reciente’.
Como los ingleses eran los más activos en los primeros años de esta disciplina, predominan en el léxico los nombres ingleses.
Los estratos del Cámbrico se estudiaron por primera vez en Gales y tomaron su nombre de Cambria, el antiguo nombre romano de esta región de la Gran Bretaña.
El Ordovícico debe su nombre a una tribu que vivió antiguamente en Gales, los ordóvices. Las rocas que cuentan la historia de este período se encontraron y estudiaron por primera vez en Gales. Al igual que el Silúrico debe el suyo a la tribu de los silures por el mismo motivo.
El período Devónico debe su nombre a un condado. En la década de 1.830, los geólogos Adam Sedgwick y Roderik Murchison estudiaron las capas de roca arenisca, caliza y pizarra del condado de Devon, Inglaterra. Estas capas se formaron hace unos 400 millones de años. En 1.839, sugirieron la adopción del nombre Devónico para este período geológico.
El período Carbonífero debe su nombre al carbón, que inició su vida como plantas hace unos 300 millones de años, en este periodo. Cuando los árboles muertos y otros vegetales caían en los pantanos, quedaban cubiertos de lodo y con el tiempo pasaron a formar lo que llamamos turba que, al comprimirse, se convirtió en carbón.
Con el aumento de las prospecciones geológicas en otros lugares, empezaron a aparecer nombres de todas partes. El Pérmico debe su nombre a Perm, una antigua provincia rusa en los montes Urales, en la que se realizaron muchos descubrimientos relativos al periodo.
El periodo Triásico recibe su nombre del prefijo latino tri- ‘tres’, y alude a las tres diferenciadas capas de roca que se depositaron durante el mismo.
El nombre de Jurásico alude a las montañas del Jura, la cordillera que divide Francia y Suiza y que se formó durante este periodo.
El nombre Cretácico procede de la palabra latina creta ‘greda, tiza’, haciendo referencia a las capas de tiza y esquisto que en aquellos días se amontonaron sobre el lecho de los mares.
Charles Lyell —uno de los más influyentes de aquellos primeros geólogos— introdujo en sus Principios de geología, unidades adicionales conocidas como épocas o series a los que dotó de nombres de una vaguedad muy atractiva al utilizar raices griegas: paleo ‘antiguo’, eo ‘temprano’, oligo ‘pocos, pequeño’, mio ‘menos, menor’, plio ‘más’, pleisto ‘el más’, holo ‘completo, todo, entero’. Así el Pleistoceno sería “el más reciente”, el Mioceno sería “el moderadamente reciente” y el Paleoceno el “más antiguo”.
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¿Una torre Eiffel japonesa?
Bueno, no se llama así. Su nombre es Nihon Denpa To (torre japonesa de ondas eléctricas), se la conoce popularmente como Tokyo Tower y, eso sé, fue diseñada a semejanza de la Torre Eiffel de París, a la que supera en altura.
La construcción de esta gran antena metálica blanca y naranja —que funciona como antena de transmisión de señales analógicas y digitales— finalizó en 1958, alcanzando una altura de 333 metros.
La Tokyo Tower está en el distrito de Minato, relativamente cerca del núcleo de la ciudad, y desde su observatorio superior, situado a unos 250 metros, se puede comprobar que las tonalidades de la ciudad no son solamente grises, también se puede ver el azul del mar, el verde de los jardines del Palacio Imperial y del Santuario Meiji. Y en ocasiones favorables, hasta el blanco de la nieve de la cima del monte Fuji.
En Japón se ha emitido tanto en televisión analógica como digital terrestre con ayuda de la torre, pero la tendencia es dejar la primera en beneficio de la segunda. La Torre de Tokio no es adecuada para la emisión de señal en digital, pues su altura es escasa para que este tipo de señales de altas frecuencias lleguen con claridad a lugares rodeados por bosques o edificios muy altos.
Por ello se empezó la construcción de una nueva torre en julio de 2008. Esta torre —conocida como Nueva Torre de Tokyo, aunque su nombre oficial es Tokyo Sky Tree— es una torre con forma de trípode que alcanza una altura de 610 metros y que tiene prevista su inauguración para mayo de 2012.
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Hay diferentes métodos para mantener los alimentos conservados durante más tiempo del que se mantendrían en condiciones aptas para el consumo si no aplicásemos ninguno.
El secado al sol es uno de los métodos más antiguos de conservación de alimentos. Y también lo es el congelado, usado de antiguo en las zonas más septentrionales del planeta.
El otro es la salazón: curar con sal carnes, pescados y otras sustancias para su conservación.
Todos ellos tienen un punto en común que es la eliminación del agua para que los microorganismos no proliferen. Claro que en el caso del frío no se elimina el agua, pero el hielo ya no es utilizable.
Sin entrar a tratar estos otros dos métodos en profundidad, vamos a pasar a ver la salazón.
La sal retira el contenido acuoso de los alimentos mediante un proceso conocido por ósmosis. Cuando dos soluciones acuosas con diferente concentración de soluto se encuentran separadas por una membrana semipermeable, se genera un trasvase de agua desde la zona de más baja concentración o hipotónica, hacia la de alta concentración o hipertónica, buscando el equilibrio.
Sencillamente, la sal retira el agua de los alimentos reduciendo al límite el factor conocido como la actividad de agua.
La actividad de agua (aw) es la relación entre la presión de vapor del agua del alimento y la del agua pura a la misma temperatura. O sea, mide el agua disponible en un alimento. Y como la sal reduce este valor por debajo de un 0,60 no permite crecer prácticamente nada, pues muy pocos microorganismos y ningún patógeno crecen a aw menor que 0,7.
Pero éste no es el único mecanismo conservador de la sal. Como la concentració salina es mayor en el exterior que en el interior de los propios microorganismos, éstos pierden agua de manera alarmante hasta morir deshidratados. La sal es un eficaz enemigo de los microorganismos, que no soportan una elevada salinidad.
Nota sabionda: Algunas bacterias son inmunes a la sal, como algunas bacterias del género Sarcina. Por suerte no son patógenas.
Nota sabionda: Tan importante era la sal en la conservación de alimentos en épocas antiguas y tan alto su valor, que las legiones romanas recibían en ocasiones su sueldo o soldada en sal. De ahí que el cobro por un trabajo prestado reciba el nombre de salario.
Nota sabionda: Debido al proceso físico-químico de la ósmosis es peligroso beber agua salada.
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El término caja negra está muy difundido por las noticias. Y todos sabemos a lo que se refiere.
Pero no todo el mundo sabe que la caja negra ni es una, ni es caja ni es negra.
¿Y por qué la llamamos asi? Pues vamos a ver…
Caja negra, o black box, es un término genérico para designar equipos electrónicos de una aeronave, que se originó en la RAF durante la 2ª G.M. Las primeras cajas negras eran, literalmente, cajas con cubierta negra que contenían diferentes dispositivos para el lanzamiento de bombas. Más tarde el término se amplió para incluir diferentes aparatos de navegación. Y cuando se instalaron los primeros grabadores de datos de vuelo en las aeronaves civiles, se siguió utilizando el nombre sin importar el color que realmente tuvieran.
Si a este conjunto de aparatos se les llama caja negra es por una traducción literal del inglés black box, que alude al significado de “contenedor” más que de “caja” —en lo que respecta a box— y más al significado de “oscuro, secreto” que de “negro” en lo que respecta a black.
No hay que olvidar que si estamos frente a un mecanismo cuyo funcionamiento interno desconocemos, pero sí sabemos utilizarlo y proporcionarle lo necesario para obtener de él lo que queremos, también podremos llamarle black box.
El sistema de grabación de datos de vuelo contenido en la caja negra consta de tres unidades: la grabadora de conversaciones, situada en la parte delantera del aparato, la unidad de adquisición de datos técnicos, colocada en la cola del avión y la unidad grabadora, que se suele colocar en la parte superior de la cabina. Gracias a la grabación y registro de 60 parámetros de vuelo, junto con las conversaciones entre la torre de control y el avión, los avisos a los pasajeros y el micrófono de ambiente de la cabina durante los últimos 30 minutos de vuelo, se pueden saber las causas de los accidentes para intentar ponerles remedio.
Ahora bien, estos aparatos recubiertos de un robusto armazón se pintan de color naranja brillante, de amarillo o de cualquier otro vivo color, para facilitar su localización en caso de siniestro.
A ver quién era el guapo que las encontraba pintadas de negro entre los restos de un avión accidentado.
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¿Por qué se establecen tantas eras y periodos para subdividir el tiempo geológico?
¿Y a qué obedecen los extraños nombres escogidos para nombrarlos?
Todo comenzó en el invierno de 1807, cuando se reunieron en la Freemasons Tavern londinense de Long Acre, Covent Garden, los trece socios fundadores de la Sociedad Geológica. En unos diez años el número de socios aumentó hasta los 400 —todos caballeros por supuesto— lo que nos da una idea aproximada del interés suscitado en la época por esta rama del conocimiento.
Ellos establecieron una escala de tiempo geológico que se ha mantenido en líneas generales a pesar de los múltiples cambios introducidos que la han mejorado. Aunque no hay unanimidad en las fechas sí que existe acuerdo en dividir el tiempo geológico en bloques de años relacionados con acontecimientods o alteraciones importantes y en los propios acontecimientos. Como la edad de la Tierra es de aproximadamente 4600 millones de años, cuando se habla de tiempo geológico la unidad base es el millón de años y siempre se relaciona como “antes del presente”.
Así el tiempo geológico lo dividieron en varias eras. Las principales son: Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica.
El Paleozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico.
El Mesozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
El Cenozoico se divide a su vez en dos periodos: Terciario y Cuaternario.
El Terciario se divide a su vez en diferentes épocas: Paloeceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno y Plioceno.
El Cuaternario se divide a su vez en: Pleistoceno y Holoceno.
En cuanto a los orígenes de sus nombres, el Paleozoico hace uso de la raíces griegas paleo ‘antiguo’ y zoo ‘vida animal’, con el significado de ‘vida antigua’. El Mesozoico hace lo propio con meso ‘media’, con el significado de ‘vida media’ y el Zenocoico con el significado de ‘vida reciente’.
Como los ingleses eran los más activos en los primeros años de esta disciplina, predominan en el léxico los nombres ingleses.
Los estratos del Cámbrico se estudiaron por primera vez en Gales y tomaron su nombre de Cambria, el antiguo nombre romano de esta región de la Gran Bretaña.
El Ordovícico debe su nombre a una tribu que vivió antiguamente en Gales, los ordóvices. Las rocas que cuentan la historia de este período se encontraron y estudiaron por primera vez en Gales. Al igual que el Silúrico debe el suyo a la tribu de los silures por el mismo motivo.
El período Devónico debe su nombre a un condado. En la década de 1.830, los geólogos Adam Sedgwick y Roderik Murchison estudiaron las capas de roca arenisca, caliza y pizarra del condado de Devon, Inglaterra. Estas capas se formaron hace unos 400 millones de años. En 1.839, sugirieron la adopción del nombre Devónico para este período geológico.
El período Carbonífero debe su nombre al carbón, que inició su vida como plantas hace unos 300 millones de años, en este periodo. Cuando los árboles muertos y otros vegetales caían en los pantanos, quedaban cubiertos de lodo y con el tiempo pasaron a formar lo que llamamos turba que, al comprimirse, se convirtió en carbón.
Con el aumento de las prospecciones geológicas en otros lugares, empezaron a aparecer nombres de todas partes. El Pérmico debe su nombre a Perm, una antigua provincia rusa en los montes Urales, en la que se realizaron muchos descubrimientos relativos al periodo.
El periodo Triásico recibe su nombre del prefijo latino tri- ‘tres’, y alude a las tres diferenciadas capas de roca que se depositaron durante el mismo.
El nombre de Jurásico alude a las montañas del Jura, la cordillera que divide Francia y Suiza y que se formó durante este periodo.
El nombre Cretácico procede de la palabra latina creta ‘greda, tiza’, haciendo referencia a las capas de tiza y esquisto que en aquellos días se amontonaron sobre el lecho de los mares.
Charles Lyell —uno de los más influyentes de aquellos primeros geólogos— introdujo en sus Principios de geología, unidades adicionales conocidas como épocas o series a los que dotó de nombres de una vaguedad muy atractiva al utilizar raices griegas: paleo ‘antiguo’, eo ‘temprano’, oligo ‘pocos, pequeño’, mio ‘menos, menor’, plio ‘más’, pleisto ‘el más’, holo ‘completo, todo, entero’. Así el Pleistoceno sería “el más reciente”, el Mioceno sería “el moderadamente reciente” y el Paleoceno el “más antiguo”.
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La Adoración de los Reyes Magos es una tradición navideña que tiene su origen en un culto europeo en el que se relaciona el monoteísmo con la “realeza sagrada”.
Son el símbolo de las naciones paganas que se acercan a Cristo, mientras que los pastores que adoran al Niño simbolizan al pueblo judío.
La tradición tiene su origen en el Evangelio de San Mateo, que es el único que menciona a los Reyes Magos, aunque no dice que fueran reyes sino simplemente magos venidos de Oriente, tampoco dice su número aunque se puede deducir que eran varios.
En el siglo III se les representaba como dos y en las catacumbas romanas hasta el siglo IV aparecían dos o cuatro. La iglesia siria y armenia los cifraba en doce —como los apóstoles— y representaban a las tribus de Israel. Para la iglesia copta eran sesenta.
Hacia el siglo IV se configuró el número de magos en tres —no en vano eran tres los presentes citados en el evangelio, por alusión a la Trinidad, a los tres continentes conocidos en ese momento, a las tres razas humanas, a las tres edades del hombre…— y se les dio el apelativo de “reyes de Oriente”, pues la práctica de la magia estaba prohibida y el concepto de mago tenía una connotación peyorativa.
En el siglo XVI las necesidades de la Iglesia Católica le llevaron a identificar los tres reyes con los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) que, según el Antiguo Testamento, representaban las tres razas que poblaban el mundo.
Así Melchor pasó a simbolizar los europeos descendientes de Jafet. Gaspar representaría a los asiáticos descendientes de Sem. Y Baltasar, negro y barbado, haría lo propio con los africanos descendientes de Cam. De esta manera se integró a la raza negra, aunque hubo que dejar de lado a los americanos, oceánicos y pueblos del extremo oriente de tez amarilla, ya que no era posible inventar nuevos reyes y nuevos hijos a Noé.
Sus nombres aparecen por primera vez en un mosaico bizantino del siglo VI.
Balthassar (con barba oscura), Melchior (joven y sin barba) y Gaspar (el mayor de todos con pelo y barba largos y blancos). Todos ellos eran de piel blanca.
Es la descripción que de ellos hace el teólogo Beda el Venerable la que perdura hasta nuestros días con algunas modificaciones. Según él, Melchor es un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba y ofrece oro, símbolo de la realeza divina. Gaspar es joven e imberbe, de tez blanca y rosada y ofrece incienso, símbolo de la divinidad. Baltasar, de tez morena —que no negro— ofrece mirra que significaba que el Hijo del hombre debía morir.
Excepto los regalos —que aparecen en el Evangelio de Mateo— los nombres, edades y apariencias han sufrido diversos cambios y han sido asignados arbitrariamente. Entre los griegos se les dieron los nombres de Apellicon, Amerim y Serakin; entre los sirios los de Kagpha, Badalilma y Badadakharida y entre los etíopes los de Ator, Sater y Paratoras.
Sus edades cambiaban según los gustos del artista que los representaba hasta que Petrus de Natalibus fijó en el siglo XV que Melchor tenía sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte.
Siempre se habla de tres regalos, pero fueron más.
Melchor, rey de los persas es el venerable anciano de barbas blancas que le llevó al Niño: muselina, púrpura, piezas de lino y oro.
Gaspar, rey de los indios, un joven barbilampiño (después barbudo), le llevó: preciadas especias, nardo, canela, cinamomo y el oloroso incienso.
Baltasar, rey de los árabes, de rostro fuscus (“oscuro” en latín), y que con el paso de los años se hizo claramente africano a partir del siglo XV, le llevó: oro, plata, zafiros, piedras preciosas , perlas y mirra.
La simbología de los regalos es la siguiente:
Con el oro se representaba el poder y la riqueza del Niño y con él se reconocía que había nacido el más grande, el Rey.
Con el incienso, usado tradicionalmente como símbolo de adoración, se daba a entender que se reconocía al Dios Verdadero.
Con la mirra —precioso bálsamo que se confunde con las lágrimas— se representaba el dolor y la capacidad humana del Dios hecho Hombre.
La tradición de los Reyes Magos como portadores de juguetes es otra manifestación de la costumbre romana de hacer regalos a los niños y de otras tradiciones —como la de Santa Claus— adoptadas por algunos países latinos hace relativamente poco tiempo.
En principio Melchor traía dulces, golosinas y miel; Gaspar traía ropa, zapatos y cosas prácticas y Baltasar —simbolizando el racismo existente— castigaba a los niños malos dejándoles carbón o leña.
A partir de mediados del siglo XIX los reyes empiezan a traer juguetes y no se hace distinción al respecto de sus funciones.
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