Sociedad

Frases célebres sobre la curiosidad

Sorprende lo mucho que se puede decir con muy pocas palabras. En una sola frase se puede concentrar mucha sabiduría, mucho humor, mucha destreza, mucho ingenio?

¿Y qué dicen los pensadores acerca de la curiosidad? Esa curiosidad que nos anima a investigar, a aprender, a maravillarnos… Venga, veamos algunas citas acerca de la curiosidad.

Enseñar a quien no tiene ganas de aprender es como sembrar una campo sin ararlo.

Richard Dehmel

La curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen.

José Ingenieros

La curiosidad se atreve más contra lo que más se prohibe.

Saavedra Fajardo

El amor no es más que una curiosidad.

Giovanni Giacomo Casanova

Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.

Blaise Pascal

Prefiero que mi mente se abra movida por la curiosidad a que se cierre movida por la convicción.

Gerry Spence

La curiosidad no se inclina tanto a lo bueno y lo bello, como a lo que es raro, único.

La Bruyère

La juventud de un ser no se mide por los años que tiene, sino por la curiosidad que almacena.

Salvador Paniker

El aburrimiento se cura con curiosidad. La curiosidad no se cura con nada.

Dorothy Parker

La curiosidad es hija de la ignorancia y madre de la ciencia.

Vico

Nuestro crimen es ser hombres y querer conocer.

Alphonse de Lamartine

La curiosidad vence al miedo más fácilmente que el valor.

James Sthepens

A los niños no hace falta enseñarles a ser curiosos.

Abraham Maslow

La curiosidad es insubordinación en su más pura forma.

Vladimir Nabokov

La vejez es la pérdida de la curiosidad.

Azorín

Es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada.

Albert Einstein

Pareidolia

Cuando observamos una estructura o forma irreconocible nuestro cerebro intenta darle sentido comparándola con el resto de cosas conocidas con anterioridad. El hecho de percibir como algo reconocible una forma inicialmente sin ningún tipo de patrón es un fenómeno psicológico conocido con el nombre de pareidolia, como ya se explicó aquí.

Y tan arraigada está esta facultad en el cerebro humano, que una de las primeras cosas que hacen los bebés es reconocer rostros.

¿O es que no ves rostros en las siguientes imágenes?

 

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El ratoncito Pérez

¿Cuál es el animal que tiene más dientes? ¿el cocodrilo? ¿el tiburón? ¡No!, el Ratoncito Pérez.

Un fantástico personaje que desde tiempos muy antiguos recoge los dientes de leche recién caídos de debajo de la almohada y los cambia por dulces, una moneda u otros regalos.

En un principio eran las madres las que ofrecían los dientes de leche de sus hijos a los roedores para que los niños crecieran fuertes y sanos. Actualmente son los propios niños los que de buena gana ofrecen su diente perdido para obtener el regalo.

Este personaje de tradición oral fue recogido por primera vez en un cuento, Ratón Pérez, escrito por el padre Luis Coloma y dedicado al rey Alfonso XIII, por aquél entonces un niño. Aunque el cuento no fuese publicado hasta unos años más tarde, en 1902, junto a otras narraciones.

El manuscrito autógrafo del padre Coloma, con su firma y una dedicatoria al rey Alfonso XIII, se conserva en la cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio.

En 1911 se publica por primera vez Ratón Pérez como obra independiente. Posteriormente se publican adaptaciones del cuento, como la de Perez the Mouse, realizada por Lady Moreton y publicada por John Lucas & Co. London en 1915, en la que la autora añade al texto del Padre Coloma una breve explicación de esta costumbre de colocar los dientes bajo las almohadas e invita a los niños ingleses a hacerlo y esperar la visita del ratoncito.

En la Biblioteca Nacional hay una edición de esta misma obra realizada en Wisconsin, Estados Unidos, en 1950. También se publicó en japonés en 1953.

ratoncito pérez.jpg

Como curiosidad, comentar que el cuento empieza así:«Entre la muerte del Rey que rabió y el advenimiento al trono de la Reina Mari-Castaña existe un largo y obscuro periodo en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones…»

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¿Cómo se originaron los virus informáticos?

Están por todas partes de la Red. Infectan, se replican y nos hacen la puñeta.

Debemos proteger nuestros ordenadores de sus ataques con programas antivirus. Programas que deben renovarse continuamente como hacen los propios virus y sus mutaciones, en una espiral que no se sabe bien dónde acabará. Si es que lo hace.

Pero… ¿cuándo y cómo empezó todo este rollo de los virus, gusanos, troyanos y demás “bichejos” informáticos?

En 1949, el informático John von Neumann publicó un artículo titulado Teoría y organización de autómatas complejos en el que afirmaba que un programa informático podía reproducirse. Recogiendo esa idea, algunos empleados de los Laboratorios Bell Computers (H. Douglas Mellory, Robert Morris, Victor Vysottsky y Ken Thompson) concibieron un juego -al que llamaron Core Wars- en el que dos programadores concebían programas autoreplicantes, que introducían en el ordenador del contrincante. No quedaba más que sentarse a observar cómo estas unidades de soporte lógico competían por tomar más rápidamente el control del ordenador. El programa que antes ocupara toda la memoria RAM era el vencedor.

En 1972 hizo su aparición Creeper, el primer virus reconocido como tal aunque no se le llamara todavía virus. Atacó a una máquina IBM Serie 360. Este programa presentaba periódicamente en la pantalla el mensaje: “I’m a creeper… catch me if you can!” (¡Soy una enredadera… agárrame si puedes!). Para eliminar este problema se creó el primer programa antivirus denominado Reaper (cortadora).

En 1986, el informático Fred Cohen acuñó el término virus informático y dió la primera definición matemática rigurosa del término en su tesis doctoral. Algo así como: “un programa capaz de infectar otros programas modificándolos para insertar una versión de sí mismo, tal vez incluso modernizada”.

El 2 de noviembre de 1988, un estudiante universitario llamado Robert T. Morris soltó el infame Morris Worm (también conocido como Gusano de Internet), el primer ejemplar de malware auto replicable que afectó a Internet. Durante unas horas, aproximadamente el 10% de todas las máquinas de Internet se vieron afectadas por él.

 

 

Nota sabionda: Robert T. Morris era hijo de Robert Morris, uno de los desarrolladores del UNIX y creador, junto con sus compañeros, del juego Core Wars.

Nota sabionda: Los virus suelen reemplazar archivos ejecutables por otros infectados con su código con la finalidad intencionada de destruir datos de un ordenador. Aunque también hay otros que solo se caracterizan por ser molestos. Son los gusanos los que tienen la capacidad de replicación. Suelen ser muy nocivos porque algunos contienen además una carga dañina para el ordenador como el virus. Los troyanos se presentan al usuario como un programa aparentemente legítimo e inofensivo pero al ejecutarlo ocasiona daño, normalmente crean una puerta traseda que permite la administración remota a un usuario no autorizado.

Nota sabionda: Los virus afectan a los ordenadores con sistema operativo MS Windows, el más popular y extendido. Linux, Solaris, Mac OS X y otros sistemas operativos basados en UNIX no tienen prácticamente incidencias en este tema.

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Mecanismos lectores

Una vez  aprendidos los mecanismos y las rutinas lectoras es práctimente imposible sustraerse a su utilización al posar la vista sobre un texto escrito. Es decir, no podemos mirar un grupo de letras sin, automáticamente, leerlo.

La repetición y la práctica hacen que durante el proceso lector se desarrollen unos mecanismos automátcos que permiten aumentar la velocidad lectora. Así nuestro cerebro va captando el significado del texto a la par que lo leemos y va rellenando los huecos o vacíos de infomación que en el texto pudieran encontrarse, o incluso eliminando o sustituyendo unas letras por otras para soslayar el error tipográfico.

También nos permite completar un texto mutilado como el siguiente con relativa facilidad.

Todas l s mañan s, al sa ir el sol por encima de las mont ñas, se p ede contempla la más bella urora.

Siendo este mecanismo el utilizado en pasatiempos tan extendidos como el de fuga de vocales, en el que ya es necesaria una atención mayor para completar el juego.

T_d_s l_s m_ñ_n_s , _l s_l_r _l s_l p_r _nc_m_ d_ l_s m_nt_ñ_s , s_ p__d_ c_nt_mpl_r l_ m_s b_ll_ __r_r_.

Y volviendo atrás, es muy posible que al leer rápidamente el primer ejemplo hayas leído: “el pajarillo descansa en el nido de sus progenitores” en vez de “el pajarillo descansa en el el nido de sus progenitores” y hayas eliminado inconscientemente la duplicidad del artículo en la lectura. ¿No? Bueno, eso no tira por tierra la teoría. Casi seguro que no has reparado en los dos errores tipográficos del segundo párrafo. ¿Cuáles? Vuelve a leerlo.

¿Sigues sin verlos? A veces es más difícil detectarlos en una segunda o tercera lectura, puesto que tu cerebro ya ha asumido el mensaje.

Pero con una detallada lectura palabra por palabra seguro que descubrirás “automátcos” en vez de “automáticos” y “infomación” en vez de “información”. Eso es leer de memoria.

Veamos más ejemplos que ponen en funcionamiento las rutinas lectoras. Concretamente un par de versiones del mismo texto, que comparten la característica de estar alterados.

Ahí va el primero.

“Sgeun un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra cmoo un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneilbe…”

Y ahí el segundo.

“De aecrudo a una invsetaigicaión raezildaa por una Uvsinedrad ignlsea no ipmotra en que odern las ltreas de una pbalara etsán erscitas. La úcncia csoa que ipmotra es que la premira y la úlmita ltrea eetsn bien ucabcidas. El rseto pedue ser un lío ttoal que iuagl se peude leer sin mryoaes didatfuciles. Etso se dbee a que nrotsoos no lemeos cdaa ltrea, snio la pbalara como un tdoo dtnro de la frsae. ¿Criouso, no?”

Ambos textos comparten mensaje y, aunque las palabras desordenadas no son las mismas, ello no parece influir en su comprensión. Esta facultad de nuestro cerebro para leer palabras y textos en su conjunto y no letra a letra, nos puede ser útil; pero también es el causante de que se nos escapen errores, aún tras leer y releer un mismo texto.

¡Qué cosas!

 

 

Nota sabionda: También existen versiones del texto en otros idiomas.

en francés:
Sleon une édtue de l’Uvinertisé de Cmabrigde, l’odrre des ltteers dnas un mtos n’a pas d’ipmrotncae, la suele coshe ipmrotnate est que la pmeirère et la drenèire soit à la bnnoe pclae. Le rsete peut êrte dnas un dsérorde ttoal et vuos puoevz tujoruos lrie snas porlblème. C’est prace que le creaveu hmauin ne lit pas chuaqe ltetre elle-mmêe, mias le mot cmome un tuot.

en inglés:
Aoccdrnig to rscheearch at an elingsh uinervtisy, it deosn’t mttaer in waht oredr the ltteers in a wrod are, the olny iprmoetnt tihng is taht the frist and lsat ltteer is at the rghit pclae. The rset can be a toatl mses and you can sitll raed it wouthit a porbelm. Tihs is bcuseae we do not raed ervey lteter by it slef but the wrod as a wlohe.

en neerlandés:
Vglenos een odzeonrek aan de cmabridge uinervstieit, makat het neit uit in wkele vdgoorle de letters zcih in een worod bnedvien, het egine brelkganije is dat de eetrse en de latsate lteetr op de jutise piotsie satan. Zlef al is de rset een talote wbaerol, dan kan je de tkest nog zoednr plrombeen lzeen. Dit odmat de mlenskeije heserenn neit ekle lteter op zcih leset maar eeknl woreodn in zjin geeehl.

en alemán:
Afugrnud enier sduite an enier elingshcen unvirestiat ist es eagl, in wlehcer rienhnelfoge die bcuhtsbaen in eniem wrot sethen, das enizg wcihitge dbaei ist, dsas der estre und lzete
bcuhtsbae am rcihgiten paltz snid. Der rset knan ttolaer bolsdinn sien, und du knasnt es torztedm onhe porbelme lseen. Das ghet dseahlb, wiel wir nchit bcuhtsbae fur bcuhtsbae enizlen lseen, snodren wroetr als gnaezs.

Cosas de la globalización, supongo.

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Los periodos geológicos

Fósil de trilobites¿Por qué se establecen tantas eras y periodos para subdividir el tiempo geológico?

¿Y a qué obedecen los extraños nombres escogidos para nombrarlos?

Todo comenzó en el invierno de 1807, cuando se reunieron en la Freemasons Tavern londinense de Long Acre, Covent Garden, los trece socios fundadores de la Sociedad Geológica. En unos diez años el número de socios aumentó hasta los 400 —todos caballeros por supuesto— lo que nos da una idea aproximada del interés suscitado en la época por esta rama del conocimiento.

Ellos establecieron una escala de tiempo geológico que se ha mantenido en líneas generales a pesar de los múltiples cambios introducidos que la han mejorado. Aunque no hay unanimidad en las fechas sí que existe acuerdo en dividir el tiempo geológico en bloques de años relacionados con acontecimientods o alteraciones importantes y en los propios acontecimientos. Como la edad de la Tierra es de aproximadamente 4600 millones de años, cuando se habla de tiempo geológico la unidad base es el millón de años y siempre se relaciona como “antes del presente”.

Así el tiempo geológico lo dividieron en varias eras. Las principales son: Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica.

El Paleozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Cámbrico, Ordovícico, Silúrico, Devónico, Carbonífero y Pérmico.

El Mesozoico se divide a su vez en diferentes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.

El Cenozoico se divide a su vez en dos periodos: Terciario y Cuaternario.

El Terciario se divide a su vez en diferentes épocas: Paloeceno, Eoceno, Oligoceno, Mioceno y Plioceno.

El Cuaternario se divide a su vez en: Pleistoceno y Holoceno.

En cuanto a los orígenes de sus nombres, el Paleozoico hace uso de la raíces griegas paleo ‘antiguo’ y zoo ‘vida animal’, con el significado de ‘vida antigua’. El Mesozoico hace lo propio con meso ‘media’, con el significado de ‘vida media’ y el Zenocoico con el significado de ‘vida reciente’.

Como los ingleses eran los más activos en los primeros años de esta disciplina, predominan en el léxico los nombres ingleses.

Los estratos del Cámbrico se estudiaron por primera vez en Gales y tomaron su nombre de Cambria, el antiguo nombre romano de esta región de la Gran Bretaña.

El Ordovícico debe su nombre a una tribu que vivió antiguamente en Gales, los ordóvices. Las rocas que cuentan la historia de este período se encontraron y estudiaron por primera vez en Gales. Al igual que el Silúrico debe el suyo a la tribu de los silures por el mismo motivo.

El período Devónico debe su nombre a un condado. En la década de 1.830, los geólogos Adam Sedgwick y Roderik Murchison estudiaron las capas de roca arenisca, caliza y pizarra del condado de Devon, Inglaterra. Estas capas se formaron hace unos 400 millones de años. En 1.839, sugirieron la adopción del nombre Devónico para este período geológico.

El período Carbonífero debe su nombre al carbón, que inició su vida como plantas hace unos 300 millones de años, en este periodo. Cuando los árboles muertos y otros vegetales caían en los pantanos, quedaban cubiertos de lodo y con el tiempo pasaron a formar lo que llamamos turba que, al comprimirse, se convirtió en carbón.

Con el aumento de las prospecciones geológicas en otros lugares, empezaron a aparecer nombres de todas partes. El Pérmico debe su nombre a Perm, una antigua provincia rusa en los montes Urales, en la que se realizaron muchos descubrimientos relativos al periodo.

El periodo Triásico recibe su nombre del prefijo latino tri- ‘tres’, y alude a las tres diferenciadas capas de roca que se depositaron durante el mismo.

El nombre de Jurásico alude a las montañas del Jura, la cordillera que divide Francia y Suiza y que se formó durante este periodo.

El nombre Cretácico procede de la palabra latina creta ‘greda, tiza’, haciendo referencia a las capas de tiza y esquisto que en aquellos días se amontonaron sobre el lecho de los mares.

Charles Lyell —uno de los más influyentes de aquellos primeros geólogos— introdujo en sus Principios de geología, unidades adicionales conocidas como épocas o series a los que dotó de nombres de una vaguedad muy atractiva al utilizar raices griegas: paleo ‘antiguo’, eo ‘temprano’, oligo ‘pocos, pequeño’, mio ‘menos, menor’, plio ‘más’, pleisto ‘el más’, holo ‘completo, todo, entero’. Así el Pleistoceno sería “el más reciente”, el Mioceno sería “el moderadamente reciente” y el Paleoceno el “más antiguo”.

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Los Reyes Magos y su historia

Los tres Reyes MagosLa Adoración de los Reyes Magos es una tradición navideña que tiene su origen en un culto europeo en el que se relaciona el monoteísmo con la “realeza sagrada”.

Son el símbolo de las naciones paganas que se acercan a Cristo, mientras que los pastores que adoran al Niño simbolizan al pueblo judío.

La tradición tiene su origen en el Evangelio de San Mateo, que es el único que menciona a los Reyes Magos, aunque no dice que fueran reyes sino simplemente magos venidos de Oriente, tampoco dice su número aunque se puede deducir que eran varios.

En el siglo III se les representaba como dos y en las catacumbas romanas hasta el siglo IV aparecían dos o cuatro. La iglesia siria y armenia los cifraba en doce —como los apóstoles— y representaban a las tribus de Israel. Para la iglesia copta eran sesenta.

Hacia el siglo IV se configuró el número de magos en tres —no en vano eran tres los presentes citados en el evangelio, por alusión a la Trinidad, a los tres continentes conocidos en ese momento, a las tres razas humanas, a las tres edades del hombre…— y se les dio el apelativo de “reyes de Oriente”, pues la práctica de la magia estaba prohibida y el concepto de mago tenía una connotación peyorativa.

En el siglo XVI las necesidades de la Iglesia Católica le llevaron a identificar los tres reyes con los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) que, según el Antiguo Testamento, representaban las tres razas que poblaban el mundo.

Así Melchor pasó a simbolizar los europeos descendientes de Jafet. Gaspar representaría a los asiáticos descendientes de Sem. Y Baltasar, negro y barbado, haría lo propio con los africanos descendientes de Cam. De esta manera se integró a la raza negra, aunque hubo que dejar de lado a los americanos, oceánicos y pueblos del extremo oriente de tez amarilla, ya que no era posible inventar nuevos reyes y nuevos hijos a Noé.

Sus nombres aparecen por primera vez en un mosaico bizantino del siglo VI.

Balthassar (con barba oscura), Melchior (joven y sin barba) y Gaspar (el mayor de todos con pelo y barba largos y blancos). Todos ellos eran de piel blanca.

Es la descripción que de ellos hace el teólogo Beda el Venerable la que perdura hasta nuestros días con algunas modificaciones. Según él, Melchor es un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba y ofrece oro, símbolo de la realeza divina. Gaspar es joven e imberbe, de tez blanca y rosada y ofrece incienso, símbolo de la divinidad. Baltasar, de tez morena —que no negro— ofrece mirra que significaba que el Hijo del hombre debía morir.

Excepto los regalos —que aparecen en el Evangelio de Mateo— los nombres, edades y apariencias han sufrido diversos cambios y han sido asignados arbitrariamente. Entre los griegos se les dieron los nombres de Apellicon, Amerim y Serakin; entre los sirios los de Kagpha, Badalilma y Badadakharida y entre los etíopes los de Ator, Sater y Paratoras.

Sus edades cambiaban según los gustos del artista que los representaba hasta que Petrus de Natalibus fijó en el siglo XV que Melchor tenía sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte.

Siempre se habla de tres regalos, pero fueron más.

Melchor, rey de los persas es el venerable anciano de barbas blancas que le llevó al Niño: muselina, púrpura, piezas de lino y oro.

Gaspar, rey de los indios, un joven barbilampiño (después barbudo), le llevó: preciadas especias, nardo, canela, cinamomo y el oloroso incienso.

Baltasar, rey de los árabes, de rostro fuscus (“oscuro” en latín), y que con el paso de los años se hizo claramente africano a partir del siglo XV, le llevó: oro, plata, zafiros, piedras preciosas , perlas y mirra.

La simbología de los regalos es la siguiente:

Con el oro se representaba el poder y la riqueza del Niño y con él se reconocía que había nacido el más grande, el Rey.

Con el incienso, usado tradicionalmente como símbolo de adoración, se daba a entender que se reconocía al Dios Verdadero.

Con la mirra —precioso bálsamo que se confunde con las lágrimas— se representaba el dolor y la capacidad humana del Dios hecho Hombre.

La tradición de los Reyes Magos como portadores de juguetes es otra manifestación de la costumbre romana de hacer regalos a los niños y de otras tradiciones —como la de Santa Claus— adoptadas por algunos países latinos hace relativamente poco tiempo.

En principio Melchor traía dulces, golosinas y miel; Gaspar traía ropa, zapatos y cosas prácticas y Baltasar —simbolizando el racismo existente— castigaba a los niños malos dejándoles carbón o leña.

A partir de mediados del siglo XIX los reyes empiezan a traer juguetes y no se hace distinción al respecto de sus funciones.

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Santa Claus y su historia

Santa Claus, Father Cristmas, Kolya, Niklas, Pezel-Nichol, Semiklaus, Svaty Mikulas, Sinterklass, Papá Noel, Baboo Natale, Knecht Ruprecht, Père Noël… son diferentes nombres para el mismo personaje patriarcal, tierno y protector que reparte regalos a todos los niños del mundo durante la noche del día de Navidad. Anteriormente se le llamó San Nicolás y mucho antes se le conoció como Señor Invierno en centro-europa.

San NicolásSan Nicolás, nacido en Licia (Asia Menor) a finales del siglo III, Obispo de Myra y patrono de Rusia y Grecia, fue una de las figuras más veneradas durante toda la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente, y muy especialmente en Bari (Italia) donde se conservan sus reliquias, recuperadas de los musulmanes en 1087 por marinos italianos.

Provenía de una familia adinerada y a la muerte de sus padres se encaminó a la vida religiosa, haciéndose muy popular por su amor a los niños entre los que repartió su fortuna personal. Su fama se extendió y le fueron atribuidas historias milagrosas o de gran bondad como repartir regalos en salidas nocturnas, calmar tempestades o resucitar muertos.

Un relato destaca entre los demás y en él se reconocen algunos aspecto de la tradición. Se trata del relato de Las tres hermanas:

En la ciudad de Patara había tres niñas que no se podían casar porque eran pobres y su padre no tenía dinero para la dote. Por lo que el hombre decide venderlas cuando alcancen edad de ser desposadas.

Enterado San Nicolás acude a la casa para entregar una bolsa de monedad de oro, pero para no ser descubierto la lanza a través de la ventana y ésta cae dentro de un calcetín que la joven había colgado en la chimenea para que se secase.

El viaje se repite para cada una de las niñas cuando llega el momento.

En otras versiones el padre decide prostituirlas, la bolsa de oro son ahora lingotes y éstos son lanzados por el hueco de la chimenea.

En invieno se celebraban las saturnales o fiestas de Saturno en el Imperio Romano. Estas fiestas y ceremonias religiosas terminaban con la entrega de regalos a los niños por parte de todos. La costumbre pervivió al paso del tiempo y en cada lugar era un personaje diferente el encargado de entregar regalos: Befana, la bruja buena, los entregaba a los niños italianos, el Tió a los niños catalanes, el gigante Olentzero a los niños vascos. Y duendes, campesinos de barba blanca, carboneros y otros tenían la misma función en otros parajes. El personaje de San Nicolás hizo de aglutinador.

La tradición de San Nicolás arraigó especialmente en Holanda a partir del siglo XIII, llegando a nombrarle santo protector de Amsterdam. En aquellos días se le representaba con barba blanca, ornamentos eclesiásticos, montado en burro y cargando un saco con regalos para los niños buenos y varas para los desobedientes.

Hacia el siglo XVII llegaba en un barco llamado Spanje (España), con un caballo blanco y un sirviente moro llamado Zwarte Piet (Pedro el negro), que cargaba un saco con golosinas que, cuando quedaba vacío, servía para meter en él a todos los niños que se habían portado mal durante el año y entonces los llevaba a España (un castigo horrible para la época, ya que ambos países eran enemigos).

En Europa no ocurrió lo mismo debido a la tradición reformista inspirada por Lutero, que intentó sustituir al portador de regalos por el propio Niño Jesús —el Cristkind— aunque sin éxito. Aunque sí que tuvo un efecto, pues San Nicolás entregaba los regalos durante la noche del 5 al 6 de diciembre y el rápido avance de la costumbre de entregar los regalos del niño Dios en el día de Navidad, forzó que él también entregara los regalos ese día.

Cuando en 1624 los emigrantes holandeses fundaron Nueva Holanda en el continente americano —Nueva York al pasar a dominio inglés— trajeron con ellos su Sinterklaas, que luego derivó en Santa Claus por la pronunciación anglosajona y desde aquí se popularizó a todo el continente norteamericano, dejando en el camino a su sirviente moro.

Más tarde la tradición hizo el camino inverso y fue Santa Claus quién se popularizó en Europa.

La imagen de Santa Claus fue pasando por diversos estadios hasta llegar a su forma actual. En un poema de 1823 escrito por Clement C. Moore, cambió el trineo tirado por un caballo blanco por uno tirado por renos y lo describió como un tipo alegre, robusto, gordo y de baja estatura. Y situó su llegada en la vigilia de Navidad.
Santa Claus
Posteriormente el dibujante Thomas Nast creó la imagen del personaje vestido de rojo, con gorro y botas altas que saltó a todas las revistas infantiles y periódicos de su tiempo, añadiéndole detalles como el taller del polo norte y su vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo.

Finalmente fue la Coca Cola la que le dio su actual aspecto en 1931, al encargar a Hadbon Sundblom —dibujante de origen sueco— que remodelara el Santa Claus de Nast.

Éste creó un personaje eternamente jovial, más alto, más gordinflón, cargado de años, con barba y bigotes blancos y sedosos, y con ojos pícaros y chispeantes. Mantuvo los colores rojo y blanco —que son los de la compañía— e hizo su traje más lujoso.

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¿Cómo sabemos que un planeta puede albergar vida?

Recientemente se ha publicado la noticia del descubrimiento del primer planeta, fuera de nuestro sistema solar, potencialmente habitable, aunque su existencia esté aún por confirmar.

El planeta, que ha sido llamado Gliese 581 g, orbita alrededor de una estrella que está a tan sólo —para mediciones astronómicas— 20 años luz de nosotros.

Pero si está tan lejos que aún está por confirmar su existencia… ¿cómo sabemos que puede albergar vida?

Los científicos han establecido una serie de condiciones que los planetas han de cumplir para ser aptos para albergar vida tal como la conocemos. Son:

-que los planetas sean rocosos
-que los planetas se encuentren en la zona habitable de su estrella
-que los planetas tengan un campo magnético suficientemente intenso

Los planetas candidatos a albergar vida deben ser rocosos, con superficies sólidas como las de la Tierra y no bolas gigantes de gas como Júpiter o Saturno. Deben estar en la zona habitable de sus estrella, es decir, a una distancia donde la superficie del planeta reciba la cantidad justa de radiación estelar para mantener temperaturas moderadas y agua líquida en su superficie. Y, por último, deben poseer un campo magnético lo suficientemente intenso para proteger a la superficie planetaria de vientos estelares y otras partículas cósmicas.

Una vez localizado un planeta que cumpla estas tres condiciones, se deberá analizar la composición de sus atmósferas a la busca de compuestos químicos como óxido de nitrógeno, oxígeno, metano, ozono y vapor de agua. Si además se detectan partículas ionizadas, que certifican la existencia de campos magnéticos, podremos concluir que el citado planeta puede poseer una biosfera y por ello puede albergar vida.

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Nota sabionda: Los planetas que se encuentran a la distancia adecuada de su estrella, ni demasiado cerca ni demasiado lejos, reciben el nombre de goldilocks (el nombre en inglés de Ricitos de Oro, la niña protagonista del cuento homónimo, en el que la niña prueba un plato de sopa demasiado caliente, luego otro demasiado frío y finalmente uno a la temperatura adecuada, que es el que se come).

Nota sabionda: El descubrimiento de Gliese 581 g se anunció a finales de septiembre 2010, y se cree que es el primer planeta goldilock que se ha encontrado. Es el planeta más parecido a la Tierra y el mejor candidato a albergar vida encontrado hasta la fecha.

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El gato negro

Gato negro

Existe la creencia supersticiosa de que los gatos negros dan mala suerte. Pero no siempre fue así.

El gato estaba muy bien considerado en la Edad Antigua. Textos de más de dos mil años de antiguedad hablan del papel de estos felinos en las diferentes civilizaciones de la época.

En Egipto se le tenía en muy alta estima por su porte, su carácter independiente y altivo, su habilidad para la supervivencia, y sus dotes como cazador. Y fue esta habilidad del gato como cazador de ratones la que hizo que, alrededor del año 3000 a.C.,comenzase el proceso de domesticación del animal por parte de la cultura egipcia.

Su gran utilidad para mantener los silos de grano limpios de roedores —grano que de otra manera se habría malogrado— junto a otras cualidades, contribuyó a que la religión egipcia le incluyera entre sus símbolos sagrados y se le considerara como reencarnación de los dioses. La belleza del animal sirvió para que la diosa Bastet, —guardiana del hogar, defensora de los hijos y representante de la dulzura maternal y la abundancia— fuese representada con cabeza de gato.

Fue tal la adaptación del gato a la vida cotidiana de los egipcios, que su muerte era motivo de duelo familiar; Herodoto, en Los nueve libros de la Historia, manifiesta que los moradores de la casa se rapaban las cejas en señal de duelo. Tras su muerte, su cuerpo se embalsamaba y momificaba en locales sagrados, y en el lugar de su enterramiento se colocaba junto a ellos ratones embalsamados. En 1890 fueron halladas en la ciudad de Bubastis amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos.

La pena de muerte era el castigo para quien matase a un gato. Diodoro de Sicilia —historiador del siglo I a.C.— asegura haber visto en Egipto asesinar a un pobre infeliz por haber dado muerte a un gato.

Los griegos introdujeros su uso como animal domesticado en Europa y asimilaron la diosa Bastet a su diosa Artemisa, afirmando que ésta había creado al gato para ridiculizar a su hermano Apolo. Los celtas creían que los ojos de los gatos eran las puertas de entrada al reino de las hadas. En Japón se les utilizaba para proteger los manuscritos sagrados en las pagodas de la voracidad de los ratones. Se dice que el filósofo chino Confucio tenía un gato como animal de compañía y que el profeta Mahoma, en pleno sigloVII, gustaba de predicar con uno en sus brazos.

El gato gozó de ese status divino hasta que la Iglesia Católica, hacia mediados del siglo XIII, inició una terrible persecución contra ellos al considerarlos como símbolo del diablo y sirvientes de las brujas. Ocurre que el gato estaba presente en multitud de ritos y creencias paganas que había que erradicar y, por ello, se magnificaron los aspectos negativos del animal: puede ver en la oscuridad, es esquivo e independiente, despiadado cazador, con innata tendencia al robo, gusta de la noche, pupila vertical…

Entre los cultos paganos en los que el gato tenía un papel importante, se encuentra el culto a la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa. Una asimilación del animal a la deidad hizo que el gato se convirtiera en la base de las “purificaciones” de la Iglesia, para erradicar las creencias paganas en las que tenía participación. Incluso el Papa Clemente, cuando decidió acabar con la Orden de los Caballeros Templarios en el siglo XIV, les acusó de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de gato.

Aunque también tuvo un gran peso el hecho de su excesiva proliferación en las ciudades, lo que suponía un incordio. Los gatos callejeros, alimentados por ancianas solitarias, pululaban por doquier y muchos vieron en aquella asociación bruja-animal algo diabólico, lo que se agravaba si el gato era negro y de pelaje corto. También se decía que las brujas se transformaban en enormes gatos negros; así se dijo en Salem, en la colonia inglesa de América del Norte.

Este cúmulo de cosas hizo que un animal que había gozado de gran prestigio pasase a ser considerado un animal despreciable. La consideración de animal de mal agüero, hizo que se diera muerte a miles de gatos y, el aniquilamiento fue de tal magnitud que, cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muertos, apenas sí quedaban ejemplares para luchar contra las ratas, principales propagadores de la enfermedad. Y sin ninguna duda, la plaga fue tan devastadora debido al desenfrenado exterminio de los gatos. La Iglesia alentó de tal forma la persecución de estos animales, que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos pobres felinos en las hogueras de la noche de San Juan.

En Francia, durante el reinado de Luis XIII era tan frecuente este tipo de barbaridades que el rey tuvo que poner fin a la matanza de gatos negros. En el año 1400, la especie estuvo a punto de extinguirse en Europa. Su existencia se reivindica a partir del siglo XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de tan temibles y desoladoras plagas. En los años posteriores, el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio.

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