Saltando a la comba
Una curiosa demostración. ¡Eso es saltar a la comba! ¡Fantástico!

¿Te atreves a hacer algo así? ¿Aunque sólo sea una pirueta?
Una curiosa demostración. ¡Eso es saltar a la comba! ¡Fantástico!

¿Te atreves a hacer algo así? ¿Aunque sólo sea una pirueta?

Eso. Si es pegamento… se tendría que pegar ¿no?
Se tendría que pegar en el tubo, en el bote o donde quiera que venga envasado. Pero no lo hace. Espera pacientemente a que volvamos a desenroscar el tapón, lo utilicemos y volvamos a taparlo hasta que de nuevo lo volvamos a necesitar.
Pero a todos nos ha pasado (y si no es que lo has usado poco) encontrarnos que, tras el uso, el tapón se ha pegado a la rosca o que la parte más superficial se ha solidificado; mientras que el resto de pegamento se mantiene como siempre.
Y eso ha pasado porque no se ha cerrado correctamente el tubo o el bote. De lo que se deduce que el contacto con el aire tiene la culpa.
Efectivamente, el pegamento solamente se endurece y realiza su función de pegado cuando entra en contacto con el aire. Y en su envase no se pega porque no hay aire en su interior o hay muy poco.
¿Y qué hace el aire? ¿airea?
En aquellos pegamentos disueltos en agua, como la cola, o en otros disolventes más potentes, como el pegamento Imedio, el aire permite que se evapore el agua o el agente disolvente que contienen, quedando únicamente el agente adhesivo solidificado. Son adhesivos por evaporación.
En otro tipo de pegamentos, los cianocrilatos, pegamentos rápidos como el SuperGlue, el proceso es diferente. Éstos se endurecen y adhieren al entrar en contacto con el hidrógeno. Los monómeros de cianocrilato polimerizan al hidrogenarse con el vapor de agua contenido en el aire. Son adhesivos por polimerización.
Nota sabionda: Para eliminar el pegamento de cianocrilato de los dedos, utilizar un algodón empapado en quitaesmalte de uñas.
Nota sabionda: Para que no se pegue el tapón del tubo de pegamento una vez abierto, basta con untar con una gota de aceite de oliva el cuello del tubo.

Al someter el hierro al fuego de proporcionamos gran cantidad de calor. Esta energía suministrada hace que los átomos del metal se muevan con mayor intensidad y vibren aceleradamente.
Pero cuando no toda la energía puede ser admitida se pierde en forma de radiación lumínica mostrando el color rojizo característico del hierro calentado en la forja.
Pero… ¿por qué rojo y no otro color?
De hecho el rojo no es el único color. La luz roja tiene una longitud de onda larga, que se corresponde con una energía baja, y es el primer color adquirido por el hierro candente. Si intensificamos el calor, si aumentamos la temperatura, obtendremos emisiones lumínicas con unas frecuencias cada vez más altas y unas longitudes de onda más cortas. Y el color cambiará del rojo al amarillo, de ahí al blanco y finalmente al azul.
Y no solamente le pasa eso al hierro, podemos observar el mismo efecto en otras sustancias que con calor se vuelven luminosas.
Nota sabionda: El color ideal para el forjado es un blanco-anaranjado. Como deben ser capaces de apreciar las diferentes tonalidades, muchos herreros trabajan en lugares de baja iluminación.
Nota sabionda: La astrofísica utiliza esta relación entre los colores y la temperatura en su estudio de las estrella.
Más sobre los libros, revistas, tratados, enciclopedias y publicaciones en general que han sido consultados y consultadas para la confección de las entradas de SaberCurioso.
Vamos allá.
Título: La guerra de dos mundos
Autor: Sergio L. Palacios
Editorial: Ma non troppo
ISBN: 8496924321
Comentario: Para aprender física de forma amena: con los cómics y el cine de ciencia ficción.
Y para hacerlo de forma fácil y divertida. Sin fórmulas y sin una preparación científica previa.
Con un lenguaje claro, sencillo y con mucho humor, el autor analiza con la ayuda de películas de ciencia ficción todo tipo de temas científicos. La invisibilidad, la antimateria, el teletransporte, la inteligencia artificial, los viajes en el tiempo…
Porque ¿a qué dos mundos se refiere el título? Pues al real, donde imperan las leyes de la física, y el imaginario mundo de la ciencia ficción, con sus propias historias y sus flagarantes violaciones de las leyes físicas. Desde la espada láser de Star Wars hasta el mundo marino de Waterworld pasando por las habilidades de Hulk, por poner unos ejemplos.
Recomendable, para pillar todas las pifias cinematográficas y para aprender. Sobretodo para aprender y para pasarlo bien con la lectura, a lo que contribuye su estructuración en una serie de miniartículos. Es decir, puedes leer un poco y parar, luego otro poco y parar… otra cosa es que puedas dejar de leer.
Y su precio es de unos 16 euros.

Las plantas tienen hojas, eso es un hecho, pero los cactus también son plantas y no las tienen. ¿Por qué?
Estas hojas, generalmente de color verde por la clorofila, les sirven para ofrecer una mayor superficie a los rayos solares. Así capturan mayor cantidad de rayos solares y realizan más eficientemente la fotosíntesis.
Pero la superficie de la hoja no depende de este único factor, sino también del grado de humedad. Unas hojas de un tamaño adecuado permiten que se evapore una cantidad adecuada de agua, de manera que la planta se desprenda del exceso de agua absorbida por las raíces juntro con los nutrientes. Pero unas hojas demasiado grandes ofrecerían demasiada superficie a los rayos solares y el agua evaporada podría ser excesiva para la planta.
Así, las plantas de zonas tropicales tienen, generalmente, hojas grandes y lustrosas, ya que la humedad y la pluviosodad son elevadas. En cambio las plantas de regiones secas tiene las hojas duras y pequeñas.
En algunos casos —como el que nos ocupa— las hojas han reducido su superficie hasta convertirse en espinas.
Este fenómeno de reducción extensiva de la hoja se ha producido, en la historia evolutiva de estas plantas, por una necesidad básica de supervivencia: no perder por transpiración la poca humedad de acumulan. El climas desérticos el agua es un bien muy preciado y hay que evitar la pérdida de humedad.
Nota sabionda: Pero no es esta la única adaptación al medio. Las raíces de las plantas de climas secos están muy desarrolladas, de manera que puedan recoger agua en un radio y profundidad notables. Las palmeras del desierto, por ejemplo, tienen raíces que pueden llegar a ser quilométricas.
Cuando la corriente eléctrica pasa por cualquier conductor se genera calor a causa del rozamiento de los electrones que forman la corriente eléctrica. Parte de la energía que transportan se disipa en forma de calor. Este efecto se conoce con el nombre de Efecto Joule.
Loe electrones ganan energía cinética en su libre circulación hasta que chocan con alguna partícula de las que componen el conductor y vuelven a iniciar su movimiento hasta el próximo choque. La energía que el electrón transmite a esta partícula se transforma en vibración al aumentar su estado energético. Los contínuos choque aumentan la energía acumulada en el conductor y se irradia en forma de calor.
El calor que se acumula en el conductor y que posteriormente se irradia, es mayor cuanto mayor sea la resistencia que el conductor opone al paso de la corriente. Esta resistencia variará en función del conductor, de su tamaño, forma y grosor.
Por ejemplo, un alambre grueso y corto ofrece poca resistencia al paso de la corriente eléctrica y, por consiguiente, se calentará poco. En cambio, un alambre fino y largo opondrá más resistencia y acumulará y desprenderá más calor. Un buen conductor desprenderá poco calor y un mal conductor desprenderá más.
La solución para obtener una buena cantidad de calor a partir de la corriente eléctrica es hacerla pasar por un no muy buen conductor muy estrecho y largo. Y generalmente dispuesto en espiral o zig-zag para comprimirlo y evitar que ocupe una superficie excesiva.
Muchos utensilios y pequeños electrodomésticos se basan en este principio elemental: estufas eléctricas, tostadoras, secadores de cabello, calentadores de agua…
Nota sabionda: La ley de Joule dice que “el calor que desarrolla una corriente eléctrica al pasar por un conductor es directamente proporcional a la resistencia, al cuadrado de la intensidad de la corriente y el tiempo que dura la corriente.

Sorprende lo mucho que se puede decir con muy pocas palabras. En una sola frase se puede concentrar mucha sabiduría, mucho humor, mucha destreza, mucho ingenio?
¿Y qué dicen los pensadores acerca de la curiosidad? Esa curiosidad que nos anima a investigar, a aprender, a maravillarnos… Venga, veamos algunas citas acerca de la curiosidad.
Enseñar a quien no tiene ganas de aprender es como sembrar una campo sin ararlo.
Richard Dehmel
La curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen.
José Ingenieros
La curiosidad se atreve más contra lo que más se prohibe.
Saavedra Fajardo
El amor no es más que una curiosidad.
Giovanni Giacomo Casanova
Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.
Blaise Pascal
Prefiero que mi mente se abra movida por la curiosidad a que se cierre movida por la convicción.
Gerry Spence
La curiosidad no se inclina tanto a lo bueno y lo bello, como a lo que es raro, único.
La Bruyère
La juventud de un ser no se mide por los años que tiene, sino por la curiosidad que almacena.
Salvador Paniker
El aburrimiento se cura con curiosidad. La curiosidad no se cura con nada.
Dorothy Parker
La curiosidad es hija de la ignorancia y madre de la ciencia.
Vico
Nuestro crimen es ser hombres y querer conocer.
Alphonse de Lamartine
La curiosidad vence al miedo más fácilmente que el valor.
James Sthepens
A los niños no hace falta enseñarles a ser curiosos.
Abraham Maslow
La curiosidad es insubordinación en su más pura forma.
Vladimir Nabokov
La vejez es la pérdida de la curiosidad.
Azorín
Es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada.
Albert Einstein

Cuando observamos una estructura o forma irreconocible nuestro cerebro intenta darle sentido comparándola con el resto de cosas conocidas con anterioridad. El hecho de percibir como algo reconocible una forma inicialmente sin ningún tipo de patrón es un fenómeno psicológico conocido con el nombre de pareidolia, como ya se explicó aquí.
Y tan arraigada está esta facultad en el cerebro humano, que una de las primeras cosas que hacen los bebés es reconocer rostros.
¿O es que no ves rostros en las siguientes imágenes?






¿Cuál es el animal que tiene más dientes? ¿el cocodrilo? ¿el tiburón? ¡No!, el Ratoncito Pérez.
Un fantástico personaje que desde tiempos muy antiguos recoge los dientes de leche recién caídos de debajo de la almohada y los cambia por dulces, una moneda u otros regalos.
En un principio eran las madres las que ofrecían los dientes de leche de sus hijos a los roedores para que los niños crecieran fuertes y sanos. Actualmente son los propios niños los que de buena gana ofrecen su diente perdido para obtener el regalo.
Este personaje de tradición oral fue recogido por primera vez en un cuento, Ratón Pérez, escrito por el padre Luis Coloma y dedicado al rey Alfonso XIII, por aquél entonces un niño. Aunque el cuento no fuese publicado hasta unos años más tarde, en 1902, junto a otras narraciones.
El manuscrito autógrafo del padre Coloma, con su firma y una dedicatoria al rey Alfonso XIII, se conserva en la cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio.
En 1911 se publica por primera vez Ratón Pérez como obra independiente. Posteriormente se publican adaptaciones del cuento, como la de Perez the Mouse, realizada por Lady Moreton y publicada por John Lucas & Co. London en 1915, en la que la autora añade al texto del Padre Coloma una breve explicación de esta costumbre de colocar los dientes bajo las almohadas e invita a los niños ingleses a hacerlo y esperar la visita del ratoncito.
En la Biblioteca Nacional hay una edición de esta misma obra realizada en Wisconsin, Estados Unidos, en 1950. También se publicó en japonés en 1953.

Como curiosidad, comentar que el cuento empieza así:«Entre la muerte del Rey que rabió y el advenimiento al trono de la Reina Mari-Castaña existe un largo y obscuro periodo en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones…»
Texto de la entrada cedido por 1de3.es.

Están por todas partes de la Red. Infectan, se replican y nos hacen la puñeta.
Debemos proteger nuestros ordenadores de sus ataques con programas antivirus. Programas que deben renovarse continuamente como hacen los propios virus y sus mutaciones, en una espiral que no se sabe bien dónde acabará. Si es que lo hace.
Pero… ¿cuándo y cómo empezó todo este rollo de los virus, gusanos, troyanos y demás “bichejos” informáticos?
En 1949, el informático John von Neumann publicó un artículo titulado Teoría y organización de autómatas complejos en el que afirmaba que un programa informático podía reproducirse. Recogiendo esa idea, algunos empleados de los Laboratorios Bell Computers (H. Douglas Mellory, Robert Morris, Victor Vysottsky y Ken Thompson) concibieron un juego -al que llamaron Core Wars- en el que dos programadores concebían programas autoreplicantes, que introducían en el ordenador del contrincante. No quedaba más que sentarse a observar cómo estas unidades de soporte lógico competían por tomar más rápidamente el control del ordenador. El programa que antes ocupara toda la memoria RAM era el vencedor.
En 1972 hizo su aparición Creeper, el primer virus reconocido como tal aunque no se le llamara todavía virus. Atacó a una máquina IBM Serie 360. Este programa presentaba periódicamente en la pantalla el mensaje: “I’m a creeper… catch me if you can!” (¡Soy una enredadera… agárrame si puedes!). Para eliminar este problema se creó el primer programa antivirus denominado Reaper (cortadora).
En 1986, el informático Fred Cohen acuñó el término virus informático y dió la primera definición matemática rigurosa del término en su tesis doctoral. Algo así como: “un programa capaz de infectar otros programas modificándolos para insertar una versión de sí mismo, tal vez incluso modernizada”.
El 2 de noviembre de 1988, un estudiante universitario llamado Robert T. Morris soltó el infame Morris Worm (también conocido como Gusano de Internet), el primer ejemplar de malware auto replicable que afectó a Internet. Durante unas horas, aproximadamente el 10% de todas las máquinas de Internet se vieron afectadas por él.
Nota sabionda: Robert T. Morris era hijo de Robert Morris, uno de los desarrolladores del UNIX y creador, junto con sus compañeros, del juego Core Wars.
Nota sabionda: Los virus suelen reemplazar archivos ejecutables por otros infectados con su código con la finalidad intencionada de destruir datos de un ordenador. Aunque también hay otros que solo se caracterizan por ser molestos. Son los gusanos los que tienen la capacidad de replicación. Suelen ser muy nocivos porque algunos contienen además una carga dañina para el ordenador como el virus. Los troyanos se presentan al usuario como un programa aparentemente legítimo e inofensivo pero al ejecutarlo ocasiona daño, normalmente crean una puerta traseda que permite la administración remota a un usuario no autorizado.
Nota sabionda: Los virus afectan a los ordenadores con sistema operativo MS Windows, el más popular y extendido. Linux, Solaris, Mac OS X y otros sistemas operativos basados en UNIX no tienen prácticamente incidencias en este tema.