¿Quién no ha distinguido un rostro en los claroscuros de un mancha o un estampado? En las vetas de la madera o del mármol, en las formas cambiantes de una nube, en una roca, en la corteza de un árbol… y en tantos otros casos en los que observamos contornos difusos.
Si paramos atención podemos encontrar animales, objetos, plantas o lo que nos propongamos haciendo uso de la imaginación, pero la localización instintiva es la de rostros más o menos humanos.
Y ¿por qué ocurre esto?
Nuestro cerebro clasifica aquello que vemos en una serie de categorías que crea en nuestra infancia. Cuando vemos, por ejemplo, una silla, sabemos al instante que un objeto que vemos por primera vez es una silla porque nuestro cerebro lo compara con unos patrones creados con anterioridad y constata una total coincidencia. Si vemos, por ejemplo, una escultura moderna de forma indefinida, podría darse el caso de que nuestro cerebro observara ciertas coincidencias que nos llevasen a decir: Pues parece una silla.
Cuando observamos una estructura o forma irreconocible nuestro cerebro intenta darle sentido comparándola con el resto de cosas conocidas con anterioridad. El hecho de percibir como algo reconocible una forma inicialmente sin ningún tipo de patrón es un fenómeno psicológico conocido con el nombre de pareidolia.
En ocasiones, la asimilación con un patrón conocido resulta evidente como ocurre en los siguientes casos:
Todos asimilables a rostros humanos, excepto la nube que nos recuerda una cabeza de perro.
Otras veces es difícil dar con la interpretación de un estímulo vago, pero cuando ya se ha hecho es también muy difícil sustraerse a esta interpretación. Y es aquí cuando opera el inconsciente a la búsqueda de una imagen y donde entran en juego las creencias personales, dando como resultado hallazgos como iconos religiosos, imágenes de fantasmas, rostros misteriosos y avistamientos de ovnis, por citar algunos temas paranormales.
Veamos, por ejemplo, la imagen de la izquierda. Se trata de una baldosa de baño, cuya mancha de color conforma una serie de claroscuros de contornos muy difusos. En cuanto fijamos la vista en ella somos capaces de distinguir los primeros rostros casi al instante. Y si nos concentramos seremos capaces de encontrar más, e incluso otras formas.
Si otra persona distingue una imagen que no sabes ver y te explica cómo se ve y dónde, ya serás capaz de verla. Tan sugestionables somos y tan poco le gusta a nuestro cerebro no saber o no reconocer lo que está viendo.
A continuación unas caras que he “descubierto”, aunque se pueden encontrar muchas más. Solamente se trata de echarle imaginación.
Y ¿por qué distinguimos rostros y no otras cosas?
Al parecer se trata de una ventaja evolutiva. Sin duda es (y fue) muy útil reconocer con rapidez un rostro semioculto por la maleza o en la penumbra, en cuanto a supervivencia se refiere. Al menor indicio de un posible enemigo emboscado, el hombre primitivo podía ponerse de inmediato a la fuga. Quizá vislumbrara un rostro o quizá no lo fuera en realidad, pero el caso es que pudiera ponerse a salvo.
Y tan arraigada está esta facultad en el cerebro humano, que una de las primeras cosas que hacen los bebés es reconocer rostros. Reaccionando con una sonrisa o una mueca no tan solo a la voz o a los estímulos luminosos y de movimiento, sino al rostro humano. La presencia de un rostro humano en su campo de visión acaparará toda su atención y dejará de lado cualquier otro estímulo.
En cierta manera esta actitud también favorece su supervivencia. Sin duda es muy atractivo para unos padres que un bebé les siga con la mirada, les reconozca, les sonría y les preste su atención. En caso contrario unos primitivos padres podrían abandonarlo al no haber sabido crear vínculos afectivos con ellos.
Nota sabionda: Este fenómeno psicológico perceptivo —que no necesariamente patológico— es utilizado en el test de Rorschach. Un famoso test utilizado para evaluar la personalidad del sujeto estudiado, a partir de sus intentos de dar sentido a 10 láminas que presentan manchas de tinta totalmente ambiguas y faltas de estructuración.
Nota sabionda: No solamente se presenta la pareidolia con estímulos visuales, también lo hace con los auditivos. De ahí los mensajes ocultos en canciones al reproducirlas en reverso, o la aparición de mensajes o frases reconocibles en grabaciones en idiomas desconocidos.
A continuación unas de estas pareidolias auditivas en las que unas frases en castellano aparecen nítidamente en una canción en otro idioma. Pero cuidado, quizá nunca más puedas volver a escucharlas como antes.
En la conocida canción All Right, de Christopher Cross, nos encontramos con un tal pingüino Rodríguez, que a saber quién es. En la no menos famosa canción Hold on tight de la E.L.O. (Electric Light Orchestra), se oye claramente en tu huerto no hay tomates, un huerto ciertamente pobre. Y en la famosísima Hotel California de Eagles nos encontramos con un chinito pecando.
Christopher Cross
E.L.O.
Eagles
Lo que en realidad dice el amigo Christopher es I think we’re gonna make it, ‘pienso que vamos a hacerlo’, en inglés. Los de la E.L.O. dicen quand tu vois ton bateau partir, ‘cuando veas zarpar tu barco’, en un perfencto francés. Y Eagles nos canta then she lit up a candle, ‘luego ella enciende un candil una vela’.
Para experimentar el efecto óptico propuesto es necesario ejecutar el siguiente video y seguir sus instrucciones. A saber:
mantenerse cerca de la pantalla (40 o 50 cm serán suficientes).
fijar la vista en el punto central de la espiral.
cuando la espiral desaparezca mantener la mirada en la imagen siguiente.
Por supuesto, te garantizo que no aparecerá ningún zombi aullante ni ninguna niña del exorcista profiriendo un alarido desgarrador, como ocurre en algunos de estos videos.
¿Qué tal? Alucinante, ¿no?
Ahora prueba como dice el video a mirar el dorso de tu mano en cuanto la espiral deje de girar. También impresiona.
¿Y por qué ocurre esto?
Esta ilusión es un ejemplo de efecto óptico post-movimiento que fue descrito por primera vez por R. Addams en los primeros años del siglo XIX, tras haberlo experimentado después de mantener fija su mirada durante varios segundos en una cascada y después desviar la vista a otro objeto. Es por ello que también se le conoce como “efecto cascada”.
En los años 70 varios psicólogos estudiaron el fenómeno. En un artículo publicado en enero de 1977 en Scientific American por Robert Sekuler y Eugene Levinson, titulado The Perception of Moving Targets, se da la explicación: el cerebro posee diferentes detectores de movimiento para cada una de las direcciones de movimiento posibles. Estos detectores producen una fuerte señal cuando hay movimiento y una señal débil, aunque no nula, cuando no lo hay.
Cuando estos detectores están equilibrados no se percibe movimiento. Pero cuando algunos de ellos se ven fuertemente estimulados por un movimiento en una dirección determinada, se sobreestimulan o fatigan. Así que, cuando el estímulo desaparece, los detectores de movimiento de la dirección contraria producen una fuerte señal durante unos segundos hasta que los primeros se recuperan.
Al igual que en esta entrada tenemos que encontrar a un hombre oculto, esta vez entre las lentejas.
Puede costar un poco, pero en cuanto se encuentra, uno se pregunta? ¿cómo no lo vi inmediatamente?
¿Quieres chequear tu hemisferio cerebral derecho? Pues… a buscar. Todo lo dicho en la entrada anteriormente referida tiene cabida aquí, salvo quizá que habría que aumentar los segundos de margen pues hay que cubrir un mayor espacio.
¿Por qué dormimos? ¿Por qué es tan necesario? ¿Cuál es la función del sueño?
Aunque parezca difícil de creer, los científicos no acaban de ponerse de acuerdo sobre el tema y circulan muchas teorías al respecto.
Una de las teorías científicas acerca del sueño es la evolutiva, que dice que para los animales diurnos —entre los que nos encontramos— el sueño tiene un valor especial para la supervivencia. Así se evitan los peligros que supone desplazarse en la oscuridad, las dificultades que supondría eludir a un depredador en ausencia de luz y el realizar las actividades normales en las temperaturas más frías de la noche.
La teoría explica por qué se elige un periodo u otro para la actividad o el descanso, pero no explica el por qué.
Si no se mantienen las horas necesarias de sueño, el organismo se deteriora tanto física como mentalmente y la privación del mismo lleva a episopdios alucinatorios, graves alteraciones físicas e inevitablemente a la muerte, de lo que se deduce una función reparadora. Y así es, recientemente los científicos han concretado esta función: nuestro sistema defensivo limita la multiplicación de los gérmenes, cura las heridas, repara desgarros musculares y elimina el cáncer incipiente y nuestro cerebro realiza procesos mentales que no se llevan a cabo en el periodo de vigilia, como por ejemplo la reordenación de recuerdos y la simulación social.
Así pues, el sueño es un ingrediente esencial para que el sistema inmunológico funcione correctamente y no se debilite perdiendo eficacia contra las infecciones.
Nota sabionda: La importancia del sueño quedó demostrada en experimentos con ratones a los que obligaron a permanecer despiertos. Pronto empezaron a morir, víctimas de una infección sanguínea masiva que su sistema inmunológico no pudo evitar.
Nota sabionda: Dedicamos al sueño diferente número de horas según la edad. Un bebé necesita dormir 16 horas diarias, un adolescente alrededor de 9 y una persona adulta entre 7 y 8 horas. Sin embargo, hay personas adultas para la que sólo 5 horas diarias de sueño son suficientes y otras que duermen hasta 10 horas.
Nota sabionda: No todos los animales dedican el mismo tiempo al descanso. Por ejemplo, el murciélago pardo duerme 20 horas diarias, y la jirafa solamente 2.
Los pájaros carpinteros golpean y taladran la madera con la fuerza de sus picos. Así se construyen sus nidos, extraen insectos de sus escondites en los troncos y se comunican entre ellos gracias a los sonidos que producen al golpear.
Pero ¿no le duele la cabeza después de golpear su pico contra los árboles miles de veces al día? ¿cómo soporta los impactos de su pico conta la madera sin resultar aturdido?
Este pequeño pájaro puede golpear su pico contra la dura madera durante todo el día sin dolor ni lesiones gracias a su peculiar anatomía.
Su pico forma una unidad con su cráneo que está ligeramente reforzado por su parte posterior y dispone de músculos que se tensan en contra del sentido de los golpes, absorbiendo de forma activa cada uno de los impactos.
Su pico no es totalmente recto, dispone de una ligera curvatura que evita su ruptura, consiguiendo además, transformar cada golpe en fuerza de empuje.
Su depurada técnica de martilleo mantiene la cabeza y el pico perfectamente alineados, de manera que el tejido esponjoso conectivo que separa el pico del cráneo absorbe eficientemente la fuerza de los impactos.
La disposición especial de su lengua también contribuye a minimizar el impacto. Tras dar un rodeo dentro del cráneo se liga a la parte superior de la cabeza, lo que hace que el músculo lingual trabaje como un tensor que ayuda a reducir el efecto del golpe.
Además de estos mecanismos de amortiguación encontramos una especial protección del cerebro. No hay que olvidar que el aturdimiento o pérdida del conocimiento por recibir un golpe en el cráneo se debe a que la masa cerebral oscila, lo que provoca que las neuronas vean alteradas sus funciones.
En el caso del pájaro carpintero el cerebro llena por completo la cavidad craneal, sin ningún fluido. Y así es imposible la oscilación. Y el eje del pico transcurre por el cráneo por debajo del cerebro, por lo que la fuerza de impacto no pasa por el cerebro, sino que pasa por debajo de él.
Unas simpáticas aves que fueron llevadas al mundo de la animación en la figura de Woody, el pájaro loco.
intro del El pájaro Loco
Nota sabionda: El pájaro carpintero propina de 15 a 18 golpes por segundo, casi el doble de rápido que dispara una ametralladora. Y mueve su pico a una velocidad superior a los 100 km/h.
El juego se realiza con un mazo de tarjetas blancas en las que hay anotadas una palabra. Mientras barajamos y mezclamos las tarjetas, explicamos qué hay anotadas en ellas —incluso leemos algunas— y anunciamos que vamos a realizar un fenómeno de alta telepatía.
Explicamos que, por ejemplo, en las tarjetas hay anotados nombres de países, aunque bien podríamos realizar el experimento con nombres de animales, de flores, nombres propios, de poblaciones… y que podríamos servirnos de otras palabras o de más tarjetas, pero que son suficientes las tarjetas presentadas para la realización del fenómeno.
Una vez explicado lo anterior, colocamos el mazo sobre la mesa y ya no necesitamos tocarlo más. Por ello le pedimos a un colaborador que corte el mazo. Incluso un par de veces, si lo desea. Después le indicamos que lo coja y coloque la tarjeta de arriba del montón sobre la mesa, después que coloque la segunda tarjeta al lado de la primera, la tercera sobre la primera, la cuarta sobre la segunda… es decir, repartiendo alternativamente todas las tarjetas en dos montones.
Ahora le ordenamos que coja uno de los mazos, el que prefiera. Que baraje sus tarjetas y que escoja una de ellas al azar. Ésta es la tarjeta que debe memorizar (y enseñar al resto de público si lo hay) y la que nosotros deberemos adivinar.
Ahora le indicamos que la coloque en el otro montón, que lo corte, lo baraje y que lo mezcle de tal manera que ni él mismo sepa que lugar ocupa.
Para dar mayor dramatismo y teatralidad podemos ponernos de espaldas mientras siguen nuestras instrucciones, o podemos vendarnos los ojos.
Ahora le hemos de pedir que piense intensamente en la carta elegida. Mientras, cerramos los ojos, nos llevamos las puntas de los dedos a las sienes y simulamos concentrarnos.
Le indicamos que nos lea las tarjetas en el orden que hayan quedado y que no deje de pensar en la tarjeta elegida. Cuando lea el nombre de esa tarjeta simulamos un shock, un escalofrío, un ramalazo telepático y… ¡la adivinamos!
Pero ¿cómo? ¿cuál es el truco?
Hay un truco de cartas muy elemental que consiste en presentar dos mazos y pedir que cojan una carta del primer mazo y la pongan en el segundo y otra del segundo en el primero. Tras barajar las cartas cogemos un montón e identificamos la carta intrusa. Igual con el segundo mazo.
Por si no lo conocías, has de saber que los naipes de cada mazo tiene una característica en común: o todas son negras o todas son rojas (si la baraja es francesa) o todas son copas o espadas (si la baraja es española) o todas son pares o todas nones (no impota la baraja).
Pero, claro, este simple truco tiene una desventaja. Es tan sencillo que un simple vistazo y cualquiera descubre el truco.
En nuestro juego haremos lo mismo: dos grupos diferenciados de cartas. Pero con una ordenación más sutil que, de puro simple, es prácticamente indetectable. Nos hemos de fijar en la sílaba tónica de cada palabra. No importa que sean palabras agudas, llanas o esdrújulas, tan solo nos fijamos en la vocal en la que recae el golpe fuerte de voz. Así en un grupo irán palabras cuya vocal tónica sea la a, la e y la o y en el otro grupo las que la vocal tónica sea la i y la u. Aunque podemos ordenarlas de otra manera si queremos.
Preparamos para el juego unas 20 o 30 tarjetas, la mitad de cada tipo. Y preparamos el mazo alternando una de cada tipo. Cuando barajamos el mazo, lo que hacemos en realidad es realizar cortes sin alterar el orden y cuando realizan cortes los demás tampoco lo alteran.
Ahora, cuando separan las tarjetas en dos montones, en realidad lo que están haciendo es separar las tarjetas en dos grupos a nuestro gusto, es decir, un mazo con a,e,o y otro con i,u. Y no nos resultará nada complicado detectar la carta intrusa.
La única complicación que podría surgir es que la tarjeta elegida fuera la primera que nos leen, por lo que siempre deberemos esperar hasta la tercera tarjeta, como mínimo, para decir en voz nuestra adivinación por telepatía.
Cuando sentimos picor nos rascamos y el picor se alivia… para volver poco después con renovada intensidad. Volvemos a rascarnos —esta vez con más energía— y el picor vuelve a aliviarse. Para poco después volver y… así hasta que somos conscientes de que podemos arrancarnos la piel antes de acabar con el persistente picor y acudimos a otros métodos: mojar con agua, poner cremita o, simplemente, intentar concentrarnos en otra cosa hasta que el picor desaparezca.
Pero ¿qué es el picor? ¿por qué se produce? ¿por qué rascar alivia el picor? ¿por qué el rascar no pone fin al picor y se inicia ese círculo vicioso pica-rasca-pica-rasca? ¿por qué si nos pica y no nos rascamos empiezan a picarnos otras partes del cuerpo?
El picor —también llamado prurito— se podría definir como una sensación desagradable que provoca el deseo de rascarse. Surge a partir de una irritación de las células cutáneas o de las células nerviosas asociadas a la piel, originada por muy diversas causas, entre las que cabe citar: alergias, quemaduras solares, urticarias, picaduras de insectos, piel seca, sarampión, soriasis y reacciones farmacológicas, por poner algunos ejemplos de diferentes grados de importancia. Y también la auto-sugestión, pues a veces basta con hablar del picor o pensar en él para sentirlo realmente.
Existen tres tipos básicos de fibras nerviosas: A, B y C. Cuando esta irritación se produce, la sensación de picor viaja por las fibras C, las más pequeñas de las tres y las que conducen más lentamente los impulsos eléctricos. Pero tan solo por el 5% del total de estas fibras aproximadamente, ya que por el resto viaja el dolor.
Cuando la señal llega hasta el cerebro se genera una respuesta refleja de frotamiento o rascamiento. Al rascarnos se estimulan otras terminaciones nerviosas contiguas y los nuevos impulsos crean cortocircuitos temporales, la sensació se dispersa a un área mayor y pierde intensidad y aparece el alivio.
Pero al rascar también se estimulan receptores del dolor presentes en la misma área. Si el dolor alcanza cierta entidad puede causar que el SNC (Sistema Nervioso Central) elabore sustancias analgésicas para atenuar la sensación dolorosa en el área afectada.
Pero aunque el dolor y el picor sean sensaciones que se manifiestan a través de los nervios, no tienen muchas más cosas en común y estas sustancias calmantes causan más picor. Así que la tentación de rascarse de nuevo es muy fuerte y se causa más dolor que libera más opiáceos naturales y, tras un par de ciclos de pica-rasca las terminaciones nerviosas del picor exacerban su acción y uno no puede parar de rascarse.
La alternaviva es intentar obviar el picor y no empezar a rascar, pero ello es harto difícil. Si notamos un picor y no nos podemos rascar, la sensación de intranquilidad crece y la mayor atención prestada nos hace ser conscientes de otros picores de más baja intensidad que no habríamos notado antes. Pero ahora sí y nos pican otras partes del cuerpo. Pica por todos lados. Pica mucho… ¡a rascarse!
Nota sabionda: A pesar de que puede ser un incordio, el prurito actúa como un importante mecanismo sensitivo y auto-protector, tal y como lo son otras sensaciones en la piel como el tacto, el dolor, la vibración y la sensación térmica.
Nota sabionda: Además de los opioides o aliviadores del dolor, las histaminas (compuestos químicos para la respuesta inmune) también estimulan el picor, como puede atestiguar el escozor de ojos o el picor de nariz por causa de alergia al polen. Esta histamina es la que produce el organismo como respuesta alérgica a la saliva que un mosquito deja en su picadura. La sustancia viaja por los nervios y produce el picor en la herida. Un antihistamínico nos ayudará a reponernos de ambas molestas situaciones.
Un estornudo es un acto reflejo que consta de una inspiración prolongada seguida de una expiración violenta y ruidosa.
Parece que estornudar es un acto muy sencillo, pero en realidad es un complicado proceso en el que intervienen muchas partes del cuerpo. Es imposible estornudar a voluntad, pues no se puede desencadenar el proceso de manera voluntaria. Por contra, sí que se puede reprimir parcialmente —no sin cierto esfuerzo— aunque no es recomendable hacerlo.
Pero, antes de seguir… ¿por qué estornudamos?
La nariz es el purificador de aire del organismo. Al entrar por la nariz el aire se calienta, se humidifica y se filtra, para llegar a los pulmones lo más cálido, húmedo y limpio posible. Claro que, en ocasiones, el filtraje no es suficiente y se desencadena el mecanismo del estornudo. Esto ocurre cuando:
el aire está sucio en exceso (por ejemplo por una nube de polvo).
exceso se bacterias y virus en la mucosidad nasal (por ejemplo durante un resfriado).
existe una reacción alérgica (por ejemplo al inhalar polen).
En estas circunstancias las células nerviosas de los tejidos nasales se excitan y envían impulsos al tallo encefálico —sección del cerebro que controla los actos involuntarios— y éste reenvía las señales a los músculos pectorales, a los abdominales y al diafragma, que contraen los pulmones en un espasmo. Los músculos de la faringe también se contraen evitando que el aire expulsado penetre en la boca y facilitando que salga por la nariz.
Gracias a este mecanismo de defensa del sistema respiratorio, nuestro cuerpo expulsa las sustancias perniciosas para nuestro organismo mediante un chorro de aire a presión a través de las fosas nasales.
Nota sabionda: El aire expulsado por la nariz al estornudar puede alcanzar los 160 km/h.
Nota sabionda: Es muy difícil mantener los ojos abiertos mientras se estornuda, ya que los nervios que controlan los ojos y la nariz se encuentran relacionados y un estímulo en uno de ellos a menudo produce una respuesta en el otro. También es casi imposible estornudar sin mover la cabeza, ya que este movimiento hacia adelante ayuda a expulsar las sustancias irritantes.
Nota sabionda: Los estornudos fóticos son aquellos que se producen cuando una fuente de luz brillante y repentina nos provoca el estornudo. Al parecer son fruto de la estimulación de la mucosa nasal por la radiación ultravioleta.
Se debe a nuestro sentido del gusto, localizado en la boca y, más concretemante en la lengua.
En ella se encuentran las papilas gustativas, que son unos órganos sensoriales que se pueden observar a simple vista recubriendo la lengua y que nos permiten percibir los sabores como combinación de los cuatro básicos (dulce, salado, ácido y amargo). Pero no tan solo en la lengua: también en el paladar y otras partes de la boca.
¿Y cómo funcionan?
Las papilas gustativas son grupos de cuerpos neuronales agrupados en racimos. Cuando las moléculas de la comida se mezclan con la saliva y pasan por los surcos entre las fibras nerviosas, activan ciertos puntos de las membranas celulares disparando la respuesta de manera similar a la que un neurotransmisor lo hace entre neuronas.
También nos ayudan a identificar otros aspectos del alimento como la temperatura, la textura o el grado de picante.
Pero parecen pocos elementos los que aquí se tienen en cuenta para la gran diversidad de alimentos. Lo parece y así es. Ya que es en nuestro sentido del olfato —que puede identificar miles de olores— en el que más nos apoyamos para identificar un sabor. Reconociendo la combinación de moléculas básicas (floral, mentolado, almizclado, acre, alcanforado, etéreo y pútrido, entre otras). El aroma es la clave del sabor.
Así, ya antes de la ingestión, nuestra nariz capta las moléculas odoríferas que el alimento libera. Durante la masticación, estas sustancias químicas penetran por la garganta y alcanzan la sección posterior de las fosas nasales, estimulando los receptores odoríferos correspondientes.
Que el olfato es tan importante a la hora de identificar los sabores es fácilmente verificable. En situaciones de congestión nasal por alergia, resfriado o similar, puede parecer que comida tiene menos sabor que de costumbre. Basta también con pinzar la nariz para que el sabor prácticamente desaparezca.
Así es justo reconocer que es la combinación de los mensajes que recibe el cerebro provenientes de los sentidos del olfato y el gusto, la que nos permite identificar y saborear el alimento.
Nota sabionda: Actualmente se habla de un quinto sabor básico, el umami. Esta palabra de origen japonés expresa un sabor entre salado y el glutamato monosódico. Este nuevo sabor fue descubierto por el profesor Kikunae Ikeda de la Universidad Imperial de Tokio a comienzos del siglo XX. Con sus investigaciones quiso caracterizar el gusto distintivo de los espárragos, los tomates, el queso y las carnes, diferente de los cuatro gustos básicos.
Nota sabionda: Parece ser que el mapa de la lengua está basado en una mala traducción del estudio original y que los sabores no están localizados en un área determinada de la lengua, sino que las cualidades gustativas se encuentran diseminadas por igual por la cavidad bucal.
Dos equipos de científicos confirmaron el año pasado —gracias a la secuenciación del ADN extraído de fósiles neandertales— que la separación evolutiva entre los neandertales y los sapiens se produjo hace 450.000 años.
Y según el trabajo de unos paleoantropólogos españoles publicado en la revista estadounidense Current Biology hace unos días, se ha demostrado que los neandertales —aparecidos hace unos 300.000 años y extinguidos hace al menos 30.000— poseían la capacidad de hablar.
Esta capacidad genética que se creía propia de los Homo sapiens también la compartía el Homo neanderthalis. Es más, a la mutación que permite el habla, se le supone al menos 400.000 años de antiguedad, lo que sitúa su aparición en un homínido ancestro de ambos.
Las dos especies comparten las variantes de un gen clave en el desarrollo del lenguaje, el FOXP2. Este gen —el único conocido hasta ahora implicado en el habla— está presente en todos los mamíferos, pero en el caso de los seres humanos tiene una característica particular: dos mutaciones que hacen que funcione de una manera específica, permitiendo el desarrollo de las áreas del cerebro relacionadas con el lenguaje y el aparato fonador.
Los expertos aseguran que no es el único gen implicado en el lenguaje, pero el FOXP2 es clave porque funciona como un interruptor genético, activando la expresión de otros genes implicados en el habla.
No está claro hasta qué punto significa esto que los miembros de esta especie hablasen entre ellos tal y como lo hacen los humanos de hoy en día, pero como mínimo contaban con los requisitos básicos para convertirse en oradores.
Nota sabionda: Para este estudio paleogenético, los científicos utilizaron dos pequeños trozos de fémur de dos varones neandertales, de hace 43.000 años, hallados en la cueva asturiana de El Sidrón.
Nota sabionda: Cuando se produce una mutación, la evolución la selecciona y la potencia a lo largo de las generaciones siempre que aporte algo positivo para esa especie. Tal fue el caso de estas dos variaciones del FOXP2 pues la comunicación aumenta las probabilidades de sobrevivir.
Nota sabionda: La importancia de este gen se descubrió hace cinco años tras la investigación sobre una familia británica que tenía alterada su capacidad del habla desde hacia tres generaciones y que presentaba dificultades para aprender a hablar. Los científicos encontraron que tenían el FOXP2 inactivo.