
Si has visto los molinos manchegos, ya sea en persona, ya sea en fotografías, quizás hayas reparado en ese enorme y largo tronco o palo que reposa apoyado en sus paredes circulares. Todos tienen uno, así que si no es una costumbre es que ha de ser útil.
Y así es. Resulta que el tejado cónico de los molinos no está fijo al cilindro de la torre circular, sino que se mueve alrededor de un anillo para poder orientar las aspas en la dirección del viento.
El viento no sopla siempre en la misma dirección, así que resulta obvio que el molino debe tener un sistema que permita orientar fácilmente las aspas. Y en este caso es el palo, que recibe el nombre de palo de gobierno.
Así que gracias al palo de gobierno el molinero hace girar en conjunto del tejado y las aspas. Y una vez están correctamente orientadas se inmoviliza la cubierta fijando el palo de gobierno a una de las piedras semienterradas dispuestas circularmente alrededor del molino.
¿Y cómo hace el molinero para saber con exactitud la dirección del viento? Pues ayudándose de los ventanales situados a lo largo de la torre.

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Ya sé que en la imagen no se aprecia, pero las armas hacen girar las balas cuando las disparan.
¿Y por qué?
Pues así, a botepronto, porque una bala vuela más lejos y más certeramente si lo hace girando.
Se podría argumentar que la distancia que alcanza el proyectil dependerá de la cantidad de energía adquirida por el proyectil por la explosión provocada por el disparo. Pero el caso es que la bala encuentra resistencia al movimiento en su trayecto: resistencia del aire, del agua…
Veamos un poco de historia.
Las primeras balas eran redondas bolas de plomo y su esférica forma hacía perder rápidamente la velocidad por el rozamiento con el aire. Alrededor de 1825 se desarrollaron balas de forma cilindroconoidal, mucho más aerodinámicas y que mantenían mucho mejor su velocidad de vuelo.
Pero presentaban un problema: su forma alargada provocaba que cualquier pequeña irregularidad en su superficie pudiera atrapar aire, de manera que su trayectoria se desviara ligeramente y su morro no apuntase hacia adelante. Este desequilibrio provocaba un aumento de la resistencia en el morro, un temblor o tambaleo y, en definitiva, una sensible disminución del alcance y la precisión.
Por ello se diseñan los cañones de las armas con unas ranuras en espiral. Los gases de la explosión circulan por ellos imprimiendo giro a la bala disparada. Y si la bala gira adecuadamente alrededor de su eje mientras vuela, el efecto de las imperfecciones se obvia y la velocidad y precisión aumentan notablemente.
Las balas han aumentado ahora su impulso. No solamente tienen impulso en el sentido del avance (momento de inercia), también tienen un impulso rotacional por el giro (momento angular).
Cuando la bala se tropiece con su objetivo, tanto el impulso lineal como el rotacional se transferirán al blanco, causando un mayor daño.
Nota sabionda: Las balas modernas están recubiertas de cobre porque las armas modernas las disparan a velocidades tan altas que el plomo se derretiría por la fricción con el aire.
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Se ha convertido en un electrodoméstico habitual en muchos hogares, así que su giro constante nos es familiar.
Pero… ¿por qué gira?
El microondas tiene un magnetrón que emite radiaciones electromagnéticas de una determinada frecuencia, que excitan las moléculas de agua forzándolas a moverse.
El resto de moléculas, aunque no experimentan ninguna excitación, también se mueven junto con las moléculas de agua. Este movimiento o vibración molecular se traduce en calor.
Si la fuente de la radiación estuviera en un lateral y el alimento permaneciera inmóvil, tan solo se calentaría esa parte del alimento, quedando el resto frío. Es decir, tan solo se calentaría o cocinaría una parte del alimento.
Para que el alimento se caliente de manera homogénea es necesario que las radiaciones lo alcancen en su totalidad de manera uniforme. Y aunque su frecuencia está calibrada para que éstas penetren lo más profundamente posible, el plato giratorio es un añadido que contribuye a aumentar la posibilidad de que todas las moléculas sean irradiadas y que el alimento se caliente de una manera totalmente regular.
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En el porqué del efecto óptico (2) se habló acerca del efecto de la bailarina y de su sentido de giro.
Ahora vemos una nueva ilusión consistente en una esfera a la que también podemos hacer girar en uno u otro sentido a voluntad.
En realidad no se trata de una esfera, sino de una nube de puntos en movimiento que nuestro cerebro interpreta como una esfera, dotando de tres dimensiones a una imagen que solamente tiene dos. Así funciona nuestro cerebro… ¿se mueve?… entonces tiene volumen.
Pero, ¿hacia donde gira?
Pues, en realidad, en ningún sentido. Así que unas veces nos parece que gira hacia la izquierda y otras hacia la derecha, es decir, levógiro unas veces y dextrógiro otras.
Con un poco de paciencia y algo de práctica, puedes hacer cambiar el sentido de giro de la esfera. ¡Pruébalo!
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¿Existirá un mundo de las sombras en el que las sombras de las sombras sean las personas y objetos del mundo real?
Se trata de una pregunta retórica, así que no se espera una respuesta. Lo que imagino que será de agradecer, porque no estoy muy seguro de entender tampoco yo la pregunta.
Nada mejor para clarificar la cuestión que la fotografía que la originó.

No parece que haya uso de Photoshop y que es la iluminación y los dibujos geométricos del suelo los que muestran a las sombras como con volumen.
Nada mejor para comprobarlo que girar la imagen 180º. Un efecto realmente curioso.
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¡Ah! ¿pero existe un estilo español?
Félix Erausquin fue un atleta vasco que en 1956 —cuando contaba con 48 años de edad— revolucionó el mundillo del atletismo con una innovadora técnica de lanzamiento de jabalina.
Tuvo la genial ocurrencia de probar a lanzar la jabalina utilizando la técnica de los palankaris o lanzadores de barra vasca, esto es, imprimiendo una rotación a la jabalina en el momento del lanzamiento, al sustituir la carrera previa por varios giros sobre el propio eje, de manera similar al lanzamiento de disco y de martillo.
Conocía bien esta técnica ya que se había proclamado en numerosas ocasiones campeón de lanzamiento de barra. Así que en 1957, en el Estadio de Montjuic de Barcelona, realizó un lanzamiento de jabalina siguiendo esa técnica y logró batir sin dificultad el record de España, a pesar de que era ya un veterano, con un lanzamiento de 81,76 m.
Esa nueva forma de lanzar la jabalina fue bautizada por la prensa como estilo Erausquin o estilo español.
El propio Erausquin y sus seguidores mejoraron la técnica y fueron obteniendo cada vez mejores marcas, hasta el punto de que el joven Miguel De la Quadra Salcedo llegó a batir el récord mundial de lanzamiento de jabalina superando por primera vez los 100 m, al acreditar una marca de 112 m.
Sin embargo, según la IAAF se trataba de una técnica muy peligrosa para lanzadores inexpertos, por lo que decidió prohibirla introduciendo modificaciones en el reglamento. Ningún récord obtenido con el estilo español llegó a ser homologado, a pesar de que las modificadiones del reglamento se realizaron con posterioridad.
El propio De la Quadra Salcedo dijo lo siguiente al ser preguntado años después al respecto:
La injusticia se cometió al cambiar tres veces el reglamento internacional. Primero, se prohibieron las vueltas, después se obligó a que la punta de la jabalina estuviera mirando a la dirección del lanzamiento, pero estos cambios en los reglamentos nunca han sido retroactivos y en cambio sí lo fueron en nuestro caso. Con mi estilo superamos en más de 20 metros el récord del mundo que tenía el noruego Eric Danieldsen en 1956, con una distancia de 81,30 m.
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Cómo funciona… cómo funciona… primero… ¿qué es un rattleback?
El rattleback, también llamado piedra celta o wobblestone es un objeto oblongo con forma de casco de barco. Tiene la particularidad de que al hacerlo girar sobre su eje vertical sobre una superficie pulida no siempre sigue la misma dirección de giro que nuestro impilso le marca.
Es decir, al hacerlo girar en un sentido sigue con su movimiento angular hasta que el rozamiento con la superficie y el aire detienen paulatinamente su movimiento. como era de esperar. Pero si lo hacemos girar en el sentido contrario, se frena casi al instante con un balanceo, para comenzar a girar en el otro sentido. En su sentido de giro preferido. Violando así la ley física de la conservación del momento angular.
Veamos unas breves secuencias ilustrativas al respecto:



Y eso ocurre porque la parte curvada de la superficie del rattleback es parte de una elipsoide, cuyas mitades no son simétricas —lo que supone una distribución asimétrica de su masa— sino que han sido torsionadas, de manera que un sentido de giro es favorable a la torsión y otro sentido de giro no lo es. Así, en el caso desfavorable, el centro de giro se desplaza, lo que hace que el rattleback se balancee arriba y abajo hasta detenerse, para pasar a girar en el sentido contrario al del impulso inicial al aprovechar la energía suministrada al dotarlo de giro.
Un curioso juguetito.
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Para experimentar el efecto óptico propuesto es necesario ejecutar el siguiente video y seguir sus instrucciones. A saber:
- mantenerse cerca de la pantalla (40 o 50 cm serán suficientes).
- fijar la vista en el punto central de la espiral.
- cuando la espiral desaparezca mantener la mirada en la imagen siguiente.
Por supuesto, te garantizo que no aparecerá ningún zombi aullante ni ninguna niña del exorcista profiriendo un alarido desgarrador, como ocurre en algunos de estos videos.
¿Qué tal? Alucinante, ¿no?
Ahora prueba como dice el video a mirar el dorso de tu mano en cuanto la espiral deje de girar. También impresiona.
¿Y por qué ocurre esto?
Esta ilusión es un ejemplo de efecto óptico post-movimiento que fue descrito por primera vez por R. Addams en los primeros años del siglo XIX, tras haberlo experimentado después de mantener fija su mirada durante varios segundos en una cascada y después desviar la vista a otro objeto. Es por ello que también se le conoce como “efecto cascada”.
En los años 70 varios psicólogos estudiaron el fenómeno. En un artículo publicado en enero de 1977 en Scientific American por Robert Sekuler y Eugene Levinson, titulado The Perception of Moving Targets, se da la explicación: el cerebro posee diferentes detectores de movimiento para cada una de las direcciones de movimiento posibles. Estos detectores producen una fuerte señal cuando hay movimiento y una señal débil, aunque no nula, cuando no lo hay.
Cuando estos detectores están equilibrados no se percibe movimiento. Pero cuando algunos de ellos se ven fuertemente estimulados por un movimiento en una dirección determinada, se sobreestimulan o fatigan. Así que, cuando el estímulo desaparece, los detectores de movimiento de la dirección contraria producen una fuerte señal durante unos segundos hasta que los primeros se recuperan.
Ocasionando así el efecto óptico mencionado.
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Podrían girar en sentido inverso al que nos tienen acostumbrados. Es más, existen algunos relojes que así lo hacen, y el hecho de que sus agujas giren hacia la izquierda no afecta en nada a su precisión.
Entonces… ¿por qué giran hacia la derecha?
Se trata de un convención. Una norma o acuerdo admitido tácitamente y que responde a la costumbre.
Ocurre que los constructores de los primeros instrumentos para medir el tiempo, o de los que más se acercan a los que hoy en día conocemos, vivían en el hemisferio norte. Cuando miraban el recorrido de la sombra arrojada por un reloj de sol, les daba la sensación de que se desplazaba girando hacia la derecha. Y por este motivo, por simple costumbre, los primeros relojes mecánicos tuvieron sus agujas montadas en este sentido de giro: hacia la derecha.

Un bumerán o boomerang es un arma arrojadiza, propia de los indígenas de Australia, formada por una lámina de madera curvada de tal manera que, lanzada con movimiento giratorio, puede volver al punto de partida.
Pero ¿cómo hace para volver? Cuando se lanza un trozo de madera no vuelve. Entonces, ¿por qué vuelve éste?
El brazo del lanzador ha de imprimirle velocidad y, a la vez, dotarlo de giro, de tal manera que esta velocidad angular haga que el bumerán gire sobre su eje como un molinillo o una hélice, con un plano de giro que sea practicamente perpendicular al de desplazamiento. Pero sin despreciar la pericia del lanzador, que ciertamente es importante, éste no hace más que aprovechar correctamente las características del objeto que tiene en sus manos.
Dos componentes del diseño dan al bumerán la capacidad del vuelo circular:
la disposición de los brazos
el perfil de la superficie
Durante el vuelo el bumerán gira rápidamente sobre sí mismo unas 10 revoluciones por segundo gracias a la disposión de sus brazos en forma de hélice, y los perfiles de los brazos —más gruesos en la parte delantera que en la trasera— crean el mismo efecto de sustentación en las alas que hace que los aviones vuelen.
Y es el propio movimiento de giro el que crea la precesión giroscópica, que es la que tira del bumerán hacia una trayectoria circular. De la misma manera que opera en un frisbee (plato volador) o en una peonza. En todos estos casos la fuerza sustentadora del aire o del suelo y la propia gravedad operan sobre el plano de giro y fuerzan un movimiento circular.
Nota sabionda: Si el bumerán fuera perfectamente simétrico y especular en todos sus aspectos no volvería sino que se iría en la dirección que lo lanzáramos sin parar de girar, pero en línea recta.
Nota sabionda: Bumeráns más antiguos no poseen estos diferentes perfiles aerodinámicos, pero crean el mismo efecto con un brazo más largo que el otro. Así la diferencia de peso y longitud hace la misma función.
Nota sabionda: Hay bumeranes para diestros y bumeranes para zurdos. Se diferencian en que intercambian los perfiles de un brazo del bumerán al otro.