Bueno, no siempre hay uno, aunque sí, es muy corriente.
¿Y por qué hay un espejo en el ascensor? ¿Para que veamos nuestro aspecto? ¿Para que nos acicalemos? ¿Para que hagamos muecas?
En los ascensores exteriores hay cristaleras que permiten ver el exterior y no hay espejos. En los modernos y rápidos ascensores de gran capacidad de personas, tampoco suele haberlos.
¿Y por qué en estos no? Pues porque aquí no son necesarios.
En los acensores de pequeño tamaño, es decir, en la mayoría, suele haber un espejo para dar una sensación de un espacio más grande, de amplitud. Así se alivia la angustia al encierro que a algunas personas les pueda producir el reducido habitáculo del ascensor.
Por otro lado, la existencia del espejo nos distrae. Nadie se resiste a echar una mirada (a veces es imposible al haber tres paredes de espejo) y así se ocupa nuestro tiempo causándonos la impresión de que el trayecto es más corto.
Como se ve, son motivos psicológicos que perduran de los tiempos de los primeros ascensores instalados en edificios altos, cuando los usuarios se quejaban del reducido espacio y la lentitud de esos antiguos aparatos.
Cuando observamos una estructura o forma irreconocible nuestro cerebro intenta darle sentido comparándola con el resto de cosas conocidas con anterioridad. El hecho de percibir como algo reconocible una forma inicialmente sin ningún tipo de patrón es un fenómeno psicológico conocido con el nombre de pareidolia, como ya se explicó aquí.
Y tan arraigada está esta facultad en el cerebro humano, que una de las primeras cosas que hacen los bebés es reconocer rostros.
¿O es que no ves rostros en las siguientes imágenes?
Eso. ¿Por qué mi imagen mueve la mano derecha cuando yo muevo la izquierda o me guiña el ojo izquierdo cuando yo guiño el derecho? ¿Por qué hace este giro?
Aunque pueda parecerlo, el espejo no gira nada. Si miramos el espejo de frente nuestra imagen no aparece boca abajo. Algo que sí hace si lo colocamos en el suelo y nos colocamos de pies junto a él.
Y esto es así porque el espejo no invierte las cosas de izquierda a derecha o de arriba a abajo dependiendo de su ubicación, invierte las cosas del frente hacia atrás. No rota nada, invierte una dirección.
Cuando nos colocamos ante un espejo, los rayos luminosos reflejados por nuestro cuerpo llegan a su superficie y se vuelven a reflejar, viajando en sentido contrario del espejo a nosotros. Así, nuestros ojos captan una imagen que es simétrica a la nuestra. Nuestro delante y nuestro atrás se han invertido. Si miramos hacia el norte nuestra imagen mira hacia el sur, simplemente.
Y al igual que ocurre con una persona de carne y hueso que nos mire frente a frenta, su brazo izquierdo está situado a nuestra derecha y su brazo derecho a nuestra izquierda.
Ahora bien, el espejo no nos ofrece una imagen plana, sino con profundidad, como si la imagen se formara tras la superficie pulida. Cuanto más hacia atrás tengamos un objeto más hacia adelante se verá su reflejo.
Por ello, una persona miope o corta de vista verá la imagen del espejo correctamente enfocada cuando esta corresponda a objetos cercanos y la verá borrosa cuando la imagen corresponda a un objeto muy atrás a sus espaldas.
Y esto es porque no tiene mayor importancia si el espejo está a más o menos distancia, lo verdareramentre importante es a qué diatancia se encuentra el objeto reflejado de la superficie del espejo.
Para poder ver en el espejo un objeto situado tras nosotros, la luz reflejada es ese objeto debe viajar hasta el espejo, reflejarse en él y llegar hasta nuestros ojos. Cuanto más lejano esté el objeto la luz tendrá más camino a recorrer y presentará unos rayos más paralelos, lo que dificulta la visión del miope, cuyos ojos captan mejor los rayos de luz que divergen, como los de un objeto cercano, y peor los rayos de luz más o menos paralelos, como los de un objeto lejano.
Nota sabionda: Un miope verá más borroso un objeto lejano en el espejo, que si se gira y lo observa directamente.
Cuando observamos una estructura o forma irreconocible nuestro cerebro intenta darle sentido comparándola con el resto de cosas conocidas con anterioridad. El hecho de percibir como algo reconocible una forma inicialmente sin ningún tipo de patrón es un fenómeno psicológico conocido con el nombre de pareidolia, como ya se explicó aquí.
Y tan arraigada está esta facultad en el cerebro humano, que una de las primeras cosas que hacen los bebés es reconocer rostros.
¿O es que no ves rostros en las siguientes imágenes?
Eso. ¿Por qué no son de otro color? ¿Por qué no rosa para ver la vida color de rosa?
Antes de saber del color, veamos cómo funcionan.
El ojo humano no capta todo el espectro electromagnético, solamente una parte que se denomina por ello el espectro visible. Diferentes longitudes de onda pasan desapercibidas para nuestro órgano de la visión durante el día. Pero con la llegada de la noche, o simplemente en la oscuridad, las escasez de iluminación provoca un corrimiento hacia el infrarrojo de la luz reflejada. Infrarrojo que nuestro ojo no detecta, por lo que nuestra vivión es más deficiente.
Aclaremos que para que las gafas funcionen es necesaria luz (visible o no) y que la total ausencia de onda electromagnética alguna no permitiría percibir imagen.
Las gafas están diseñadas para captar la luz infrarroja y amplificarla. Cuando los fotones entran en las gafas rebotan en unos pequeñísimos tubos de vidrio dispuestos en forma de disco. Al chocar con las paredes producen fotones secundarios que son acelerados al aplicar voltaje entre las superficies de los discos. Estos fotones secundarios crean nuevos fotones adicionales en un proceso de multiplicación que amplifica la fuente de luz.
La luz enfocada es absorbida por un fotocátodo que convierte los fotones en electrones. Estos electrones emitidos son dirigidos electrostáticamente hacia la pantalla en la que se formará la imagen de manera similar a una cámara fotográfica pero sin inversión de imagen.
Esta pantalla, por cuestiones de coste, es de fósforo verde. Como aquellos monitores antiguos que acompañaban a los viejos ordenadores. Así que los haces de electrones excitan el fósforo verde de manera que se forma la imagen.
Nota sabionda: Cuando las condiciones de iluminación son muy deficientes se suele iluminar la escena con una lámpara de infrarrojos. Indistinguible para el ojo humano pero no para las gafas de visión nocturna.
Nota sabionda: Las gafas de visión nocturna amplifican la imagen, pero no permiten ver a través de la neblina o una pared. Para ello se utilizan las cámaras térmica.
Podría pensarse que el maquillaje, sombra de ojos, tinte para el cabello y demás aditamentos para la belleza son algo relativamente moderno. Nada más alejado de la realidad. Ya en la edad Antigua se utilizaban diferentes técnicas para mejorar el aspecto.
Veamos cómo se arreglaban y maquillaban las matronas romanas, como un ejemplo de lo que sucedía en aquellos días.
Como productos cosméticos utilizaban tierras coloreadas para el maquillaje y las mascarillas de belleza, un polvo negro —similar al kohl egipcio— como pintura de ojos para realzar la mirada y tintes para el cabello, como la henna importada de Egipto o un tinte rojo a base de grasa de cabra y de ceniza de haya que se producía en Germania, conocido como sapo.
También se usaban aceites y ungüentos en el cuerpo y se perfumaban profusamente los vestidos desde las primeras importaciones de sustancias perfumadas de Oriente.
Dada la extensión en el tiempo del Imperio romano, diferentes fueron las modas y costumbres en el peinado. Inicialmente los cabellos femeninos se arreglaban con gran sencillez y con un uso limitado de perfumes. Tal es el caso del peinado a lo Octavia que constaba en un copete sobre la frente y una trenza recogida en un moño en la nuca.
En la época flavia se puso de moda añadir postizos al propio cabello, en forma de bucles dispuestos en corona sobre la frente. Y múltiples era los peinados con diferentes combinaciones de rizos y bucles.
En cuanto a los hombres, que durante siglos habían llevado cabellos largos y barbas descuidadas, adoptaron a partir del siglo III a.C. la moda griega de los cabellos cortos y los rostros afeitados.
Al final de la época republicana, el peinado masculino se volvió más laborioso. Los cabellos cortos se empezaron a peinarse con el calmistro, un hierro que se calentaba en las brasas que servía para rizar y hacer bucles.
En el siglo II d.C. se produjo un cambio de tendencia cuando el emperador Adriano adoptó de nuevo la barba. También se popularizó teñirse el cabello de rubio, hasta llegar a los excesos de Cómodo, que se espolvoreaba el cabello con oro molido.
Nota sabionda: De manera diferente a cómo se hace hoy en día, la extracción de las esencias olorosas se conseguía mediante la maceración en sustancias grasas, a las que se añadían los aditivos necesarios para retrasar el proceso de evaporación.
Nota sabionda: Desde comienzos de la época imperial se extendió la costumbre de teñirse el pelo para ocultar las canas (vigente aún hoy en día).
El ojo humano es capaz de adaptarse continuamente y de forma eficaz a diferentes condiciones de iluminación. La pupila se dilata o contrae según la luz que recibe, de forma que somos capaces de apreciar con claridad cualquier escena siempre que haya una mínima cantidad de luz.
Esto no ocurre con la fotografía. El fotómetro que incorporan las cámaras fotográficas calcula un valor medio de las zonas de luces y sombras de la imagen a captar, y se realiza la toma de acuerdo a ésta. Así, puede ocurrir que unas zonas queden muy oscuras y otras muy claras si la escena contiene fuertes contrastes de luz.
La técnica HDR (high dynamic range), ‘alto rango dinámico’, pretende paliar este defecto y, efectivamente, consigue imágenes con todas sus zonas correctamente iluminadas aunque hayan recibido diferentes cantidades de luz.
Para ello se utilizan diferentes tomas de la misma imagen con diferentes iluminaciones para después combinarlas digitalmente. Generalmente se trabaja con tres imágenes (una sobreexpuesta, otra subexpuesta y otra normal) aunque se pueden conseguir resultados aceptables con una sola imagen a la que modificar la exposición con un programa de tratamiento de imágenes.
Utilizando las tres fotografías anteriores, y con trabajo y maña, se obtiene el siguiente resultado: una imagen mucho más real. Aunque, en ocasiones, esta realidad nunca vista hasta ahora en fotografía, lo que consigue es lo contrario: escenarios irreales.
Algunos ejemplos más.
Nota sabionda: El HDR fue desarrollado por Paul Debevec.
Nota sabionda: La técnica HDR se aplica en videojuegos para dotarles de un elevado grado de realismo. Los primeros en utilizar el HDR fueron Far Cry y Half-Life 2: Lost Coast.
Nota sabionda: Puedes ver una galería de imágenes HDR aquí.
Una rareza, una curiosidad… eso fue el cine en 3D en el pasado. Pero actualmente parece que la industria del entretenimiento empieza a apostar por él.
Cada vez más se dispone en los hogares de sistemas de reproducción de gran calidad: pantallas de grandes dimensiones, sistemas de reproducción digital de video, sonido envolvente y otras maravillas que permiten disfrutar del cine en casa. Así que es lógico que se nos ofrezca algo diferente para poder visionar en las salas comerciales.
Hay diferentes sistemas para ofrecer cine en 3D que con el paso del tiempo se han ido perfeccionando, pero todos ellos se basan en el mismo principio: la visión estereoscópica.
¿Y qué es la visión estereoscópica?
Nuestros ojos son como cámaras fotográficas que obtienen imágenes planas, de dos dimensiones. Debido a la separación que existe entre ambos ojos, esta visión binocular consigue dos imágenes que son ligeramente distintas, y esa diferencia varía en función de la distancia a la que se encuentran los diferentes objetos que caen en nuestro campo de visión.
Nuestro cerebro es el encargado de interpretar esas imágenes planas de manera queconstruye la tridimensionalidad a la que estamos acostumbrados.
Así que los diferentes sistemas de cine tridimensional intentan reproducir la forma en que nuestros ojos registran imágenes del mundo real, para que percibamos la imágen proyectada en un pantalla plana como si no fuera bidimensional.
Mucho tiempo ha pasado desde los primeros intentos, aquellos basados en el color, en los que el espectador utilizaba unas gafas especiales que cubrían los ojos con un celofán semitransparente de color rojo sobre un ojo y de color azul sobre el otro. Así cada ojo percibía una imágen diferente, según la porción de color que cada uno de los celofanes dejaba pasar sin filtrar. El resultado era una aceptable sensación de tridimensionalidad.
Posteriormente empezaron a proyectarse las imágenes en color real (no el rojo-verde del anterior método) y a usarse gafas de cristales polarizados, de tal manera que el cristal de un ojo permitía ver la imagen emitida en una luz polarizada y el otro la imagen emitida en otra luz polarizada.
Actualmente la película es en realidad dos películas proyectadas a la vez con los frames intercalados y las gafas tienen un filtro LCD que está sincronizado con el sistema de proyección, de manera que se oscurecen los cristales alternativamente para que un ojo vea una película y el otro vea la otra y que las ligeras diferencias entre ambas conformen la imagen tridimensional, de la misma manera que el cerebro forma la imagen tridimensional a partir del mundo real.
Si la frecuencia de proyección es suficientemente elevada, no se detectan parpadeos de ninguna clase y la sensación 3D es muy convincente.
Nota sabionda: Para que un ser vivo pueda disfrutar de visión tridimensional, es indispensable que disponga de dos ojos situados en el frente de su cráneo. Se trata de una adaptación evolutiva imprescindible para calcular las distancias correctamente.
Nota sabionda: Y el siguiente paso parece que será el cine holográfico, aún en desarrollo, que consta de una pantalla compuesta de multitud de pequeñas unidades a las que se les puede cambiar su transparencia, brillo y color. Al incidir la luz sobre esos elementos en diferente estado, se consigue que la luz reflejada en la pantalla forme la imagen deseada. Si los cambios se realizan con la suficiente rapidez se logra la sensación de movimiento.
Aunque desde la Antigüedad eran conocidos los principios de la simetría de reflexión y se pulían piezas de piedra caliza para formar ángulos y observar las imágenes multiplicadas, no fue hasta 1816 que el inglés David Brewster desarrolló una versión contenida dentro de un tubo y la denominó caleidoscopio.
El caleidoscopio es un juguete infantil clásico, de gran sencillez y resultados sorprendentes. Su propio nombre nos habla de su función: del griego kalós, ‘bello’, éidos, ‘imagen’ y scopéo, ‘observar’, es un aparato para observar bellas imágenes.
Se trata de un tubo que contiene tres espejos, dispuestos con su parte reflectante hacia el interior, de tal forma que forman un prisma de lados rectangulares y base triangular. En uno de los extremos se encuentran dos láminas traslúcidas entre las que se disponen plásticos, cristales o cuentas de colores y formas diferentes, cuyas imágenes se ven multiplicadas simétricamente al ir girando el tubo mientras se mira por el extremo opuesto.
Al dirigir el caleidoscopio hacia la luz, se pueden ver las formas contenidas en el triángulo basal, sus reflexiones en los tres espejos y las refexiones entre éstos, de manera que se puede observar un dibujo con varios ejes de simetría de una gran belleza geométrica.
Utiliza el ratón y las teclas del cursor sobre la imagen.
Además del descrito existen diferentes tipos de caleidoscopios: el caleidoscopio de agua, el caleidoscopio de disco, el caleidoscopio polarizado y el teleidoscopio.
-El caleidoscopio de agua tiene las piezas de plásticos de colores suspendidas en agua, lo que provoca un lento movimiento contínuo de las mismas.
-El caleidoscopio de disco sustituye las cuentas de colores por un disco de plástico coloreado, lo que limita bastante las combinaciones posibles.
-El caleidoscopio polarizado sustituye la parte inferior por un cristal polarizado, de manera que la figuras que se forman están compuestas por la irisada descomposición de la luz que lo atraviesa.
-El teleidoscopio sustituye la parte inferior de los cristales o plásticos por una lente. Así, lo que se ve bajo el filtro de los prismas son los objetos cotidianos a los que lo dirigimos.
Nota sabionda: Aunque lo más común es que contenga tres espejos que formen entre ellos tres ángulos de 60º, los espejos pueden ser más —y consecuentemente otra la medida de los ángulos— para la obtención de diferentes efectos.
Una radiografía es una fotografía del interior del cuerpo, más concretamente de los huesos. Pero ¿cómo es eso? ¿Cómo se fotografía “lo de dentro” sin captar “lo de fuera”?
Pues con ayuda de los rayos X —llamados inicialmente rayos Roetgen en honor a su descubridor— que son una radiación electromagnética cuya frecuencia de vibración se encuentra entre la luz ultravioleta y los rayos gamma emitidos en las reacciones nucleares.
Su alta frecuencia, de 30 a 3.000 PHz (1 PHz = 1·1015 Hz) y su corta longitud de onda (entre 10 y 0,1 nanómetros) le confieren un alto grado de penetración e ionización.
Debido a esa alta capacidad de penetración, si radiamos un cuerpo humano con rayos X, éstos lo atravesarán sin problema. Pero dependiendo del tipo de tejido atravesado lo harán de forma más o menos amortiguada. Así, colocando una placa fotográfica de manera que recoja los rayos tras su paso por el cuerpo, es posible obtener una imagen en la que prácticamente sólo se aprecian los huesos, ya que el resto de tejidos son virtualmente transparentes a este tipo de radiación.
Por ello son especialmente útiles para la localización de roturas o malformaciones óseas, así como para la detección de cuerpos extraños en el organismo.
Pero debido a su alto poder ionizante —que modifica las moléculas a su paso— resultan gravemente perjudiciales en altas dosis, pues producen cambios en el ADN que podrían devenir en cáncer, por lo que no deben realizarse con frecuencia, o en malformaciones embrionarias, por lo que no se deben realizar radiografías a gestantes.
Por ello los médicos o el personal técnico-sanitario que las realiza, se protegen tras cabinas de plomo mientras se realiza la exposición, pues el metal los protege al apantallar la radiación.
Nota sabionda: Los rayos X fueros descubiertos en 1895 por Wilhelm Conrad Roetgen, que los llamó rayos X al no verse capaz de explicar la naturaleza de su radiación.
Nota sabionda: La dosis de rayos X recibida tras una exposición se va acumulando hasta alcanzar una cierta cantidad en que comienza a ser perjudicial.