Uno de los experimentos de química que se suelen hacer en época escolar es el consistente en generar energía eléctrica con un cítrico.
Como si de una batería se tratase, se introduce en la naranja o el limón un objeto de cobre (quizás una moneda) y un objeto de zinc (quizás un tornillo galvanizado). Estos dos objetos trabajan como electrodos, causando una reacción electroquímica que genera una pequeña cantidad de electricidad.
A estos polos se conectan sendos cables eléctricos cuyos extremos están a su vez conectados a un led.
La corriente circula a través del ácido cítrico, que actúa como electrolito, y consigue encender levemente el LED.
Comoquiera que el voltaje producido es insuficiente para encender un LED estándar por completo, se ensamblan dos o más cítricos en serie para poder iluminarlo.
A continuación un par de videos en el que se lleva este sencillo experimento a niveles insospechados: encender un rótulo luminoso y… ¡cargar la batería de un iphone!

¿Qué te parecería conocer el número de gajos de la naranja o de la mandarina que te vas a comer antes de pelarla?
¿Sabes cómo proceder para saber su número previamente? Es más… ¿te gustaría saberlo?
Bueno, no hay más que pelar la fruta para salir de dudas, pero saberlo con antelación es un conocimiento curioso ¿no?
Los cítricos presentan su pulpa compartimentada en gajos, en un número que va de 8 a 12. Así que podemos intentar averiguar su número contando con una probabilidad del 20% de acertar.
Pero existe un método para conocer su número de antemano, dejando de lado las adivinaciones.
Solamente es necesario tener buena vista o contar con una lupa que nos facilite la tarea.
Primero hay que retirar el pezón de la naranja o la mandarina. En el fruto queda el hueco con una traza, como se puede apreciar en la imagen. En ese dibujo se pueden observar un cierto número de compartimentos, que se corresponden con el número de gajos de la fruta.
Ahora tan solo hay que contarlos para saber el número de gajos que encierra el fruto en su interior.
Imagina la sorpresa del resto de comensales cuando anuncies su número antes de pelar el fruto y luego comprueben que no te equivocaste.
Imagina también cuando expliques cómo lo haces para acertar siempre: has de contar… ¡ah!… pero ¿no lo sabías?

Nota:
En la imagen reducida se puede ver marcados los espacios a contabilizar.
En este caso la naranja tiene 12 gajos de sabrosa y jugosa pulpa.
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He visto pelar naranjas con las manos, con cuchillo, con cuchillo y tenedor (sin tocar el fruto con las manos), e incluso a mordiscos. Pero… ¿con una cuchara?
Pues sí, es posible… y sorprendente. Veamos cómo se hace en el siguiente video:

Sí, ya sé. Algunos puristas pueden decir que se ha utilizado cuchillo. Cierto. Pero no es menos cierto que el cuchillo se puede obviar. Por ejemplo dando un mordisco en la parte superior del fruto, lo justo para levantar la piel y permitir la entrada del cubierto. O, exclusivamente con la cuchara, logrando con la punta de la misma y un poquito de maña, lo que se consigue con los dientes: una pequeña hendidura circular que permita introducir poco a poco la totalidad del cubierto.
Probad a anunciarlo un día a los demás comensales: “Voy a pelar la naranja con la cuchara”. Seguro que cosecharás miradas tipo tásloca o yastáelfriki. Pero te vas a quedar con todos. Fijo.
Nota sabionda: Una variante interesante es cortar la naranja por la mitad (corte ecuatorial) pero con una profundidad que no alcance el fruto, que simplemente corte la piel hasta llegar a lo blanco. Con un poco de práctica puedes pelar la naranja con la cuchara sin que la piel se rompa, obteniendo dos medias cáscaras que te pueden servir de plato para el fruto cortado o como recipiente para una macedonia o para un helado de naranja.
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Cuando llega el otoño las hojas de los árboles mudan de color. Los verdes bosques cambian su tonalidad habitual por los naranjas, ocres, oro, marrones y rojos. Lo hemos visto muchas veces, pero… ¿sabemos por qué ocurre?
El color verde de las hojas lo proporciona la clorofila, un pigmento segregado en los cloroplastos que es imprescindible para realizar la fotosíntesis. Pero no es ése el único pigmento orgánico presente en las hojas, también existen los carotenoides —de tonalidades amarillo-anaranjadas— y las antocianinas —de tonalidades rojo-azuladas— que son unos pigmentos que se encuentran de forma natural en las plantas y que las protegen del exceso de luz solar, al actuar como pantallas solares que bloquean la radiación dañina. También protegen las células vegetales del frío extremo al actuar como anticongelantes y son beneficiosos por sus propiedades antioxidantes.
Todos estos colores quedan disfrazados por la clorofila presente en mayor cantidad, pero al llegar el otoño la cosa cambia.
La disminución de horas de luz solar y la llegada de temperaturas más frías lleva pareja una mengua de la clorofila. Cuando el follaje empieza a envejecer, las hojas descomponen algunos de los pigmentos que han producido en exceso, como la clorofila, y los absorben parcialmente en el pedúnculo para otros fines. Es entonces, cuando el color verde desaparece, cuando se revelan el resto de pigmentos, que tintan las arboledas de los colores propios del otoño.
Nota sabionda: Todos estos colores se pueden ver cuando las hojas aún están verdes si se separan los pigmentos mediante un proceso denominado cromatografía.
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Es habitual encontrar efectos ópticos en Internet. Son muy curiosos y por ello gustan. Pero suelen ir sólo con la presentación del efecto sin la más mínima explicación del porqué.
El curioso que se precie gusta de la curiosidad, pero tanto o más de la explicación.
A continuación un curioso efecto óptico que, como no, vamos a intentar explicar con claridad.
- Seguir con la mirada al punto rosado en movimiento. Sólo se ve el color rosado
- Ahora fijar la vista en la cruz central. El punto en movimiento es ahora de color verde.
- Mantener la vista en la cruz central sin desviarla. Después de un breve periodo de tiempo dará la impresión de que el punto verde va borrando los puntos rosados, hasta que todos ellos desaparecen y tan solo queda el punto verde girando alrededor de la cruz.
Por supuesto, no hay ningún punto verde ni desaparece ningún punto rosado. Es nuestra vista y nuestro cerebro los que nos engañan.
Para explicar el efecto primero debemos hablar de los colores. Los colores primarios son aquellos que no se pueden obtener por mezcla de otros colores: el rojo, el azul y el amarillo (hablando con mayor propiedad son el magenta, el cyan y el amarillo). Después están los colores secundarios, que son los que se obtienen con la mezcla de dos primarios: el verde, el naranja y el violeta (que casi parece azul al haber hablado de magenta en vez de rojo y cyan en vez de azul).
Si durante un cierto período de tiempo nos habituamos a una estimulación, después podremos experimentar ciertos fenómenos ilusorios llamamos postefectos.
Si mantenemos nuestra vista fijamente en un color durante un tiempo y después miramos un espacio en blanco, veremos siempre proyectado el color complementario (el color que tiene enfrente en la rueda de color de la imagen anterior). Así, si la fijamos en el color violeta veremos el amarillo y si la fijamos en el color magenta veremos el verde.
Esto es debido a que la retina se ha saturado de ese color, se ha “cansado” y está menos sensible a ese color que normalmente. Y cuando posamos la vista sobre un espacio en blanco, el cansancio se manifiesta mostrando el color complementario.
Probemos ahora este efecto:


- Fijar la vista en la cruz situada entre los cuadros de colores y permanecer unos 45 segundos sin apartarla de ahí. Con ello nuestra retina se adapta a las diferentes porciones de colores.
- Pasar rápidamente la mirada a la cruz situada entre espacios en blanco. Ahora se verán superpuestas en el campo en blanco porciones ilusorias de color. Y esos colores serán los complementarios a los originales.
Con esto se ha explicado por qué se ve un punto verde inexistente (en realidad se borran los puntos rosados siguiendo una secuencia que simula un giro). Ahora falta explicar ¿por qué desaparecen?
Para ello hemos de hablar de los contornos. El contorno es la región que permite separar visualmente una cosa de otra distinta. Si este contorno es nítido y claro, ello se traduce en un elevado contraste que permitirá fijar con claridad el objeto. Si, por el contrario, el contorno es impreciso y difuso, disminuye el contraste y con él la capacidad de diferenciación entre ambos lados del contorno.
Veamos para ello el siguiente efecto:


- Fijar la vista en el punto central del círculo de contorno nítido. El contraste permanece constante.
- Fijar ahora la vista en el punto central del círculo de contorno difuso durante unos 30 segundos sin mover la vista del punto. Se observa que el contraste decrece hasta el punto que el disco desaparece.
Otra curiosidad que se deduce de este efecto es que si dos áreas reflejan la misma cantidad de luz, pero presentan contornos diferenciados, la que posea el contorno nítido parecerá más oscura que la que lo presente difuso. En el ejemplo el tono de gris en la parte central es el mismo en ambas imágenes.
Ambos efectos se deben a que la vista responde bien a los cambios abruptos en el estímulo y menos bien a los cambios graduales.
Ahora ya está explicado también por qué los puntos rosados acaban por desaparecer.
Nota sabionda: La vibración de los contornos difusos por movimientos oculares involuntarios y continuos, es la causa de que se mantenga nuestra percepción del área existente en el interior de los mismos.