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¿Por qué no hay una vacuna para el resfriado común?

¡Vaya resfriado!

El resfriado común, catarro o resfrío es una enfermedad infecciosa viral leve que afecta a la nariz, la garganta y el sistema respiratorio superior. Sus síntomas son: estornudos, secreción y/o congestión nasal, ojos llorosos, picor nasal, dolor o flema en la garganta, tos, cefalea y una sensación de malestar general.

Es una de las enfermedades más comunes. Pero, paradójicamente, no se puede provocar su cura ni prevenir con una vacuna. Como mucho se puede seguir un tratamiento sintomático a base de analgésicos y, si hay fiebre, antipiréticos.

Cuando se contrae un resfriado es porque el virus se las ha ingeniado para inflitrarse en las células del cuerpo. Entonces nuestro sistema inmunológico produce unas proteinas llamadas anticuerpos que trabajan para destruir el virus y que libran a nuestro organismo de la infección al cabo de 3 a 10 días. Y no solamente eso, sino que sigue produciéndolos durante años como prevención para nuevas infecciones.

El problema es que nos inmuniza solamente frente a esa cepa de virus, y que hay más de hay más de 200 virus diferentes —rinovirus y coronavirus, principalmente— con la capacidad de provocar la enfermedad. Y que, a su vez, existen muchos subtipos de cada variedad, por lo que el número de agentes infecciosos aumenta notablemente.

Pero… ¿por qué no podemos vacunarnos o actuar contra la infección con antibióticos?

No podemos vacunarnos porque son tantos los virus que causan un resfriado común, que no existe una vacuna eficaz que combata específicamente cada uno de ellos, ni a todos a la vez.

Y no podemos tratar la enfermedad con antibióticos por su propia naturaleza vírica. Si su origen fuera bacteriano, los antibióticos serían eficaces para la curación, al vivir las bacterias fuera de las células del cuerpo y poder actuar contra ellas. Pero los virus se multiplican dentro de las células del cuerpo, por lo que habría que matar las propias células para cabar con los virus.

Así que los antibióticos sólo están indicados para prevenir posibles complicaciones y siempre según criterio médico.

 

 

Nota sabionda: En el caso de la gripe, al tratarse de un solo virus, sí que existe una vacunación específica que evita la aparición de la enfermedad. Y siempre una vacuna para una cepa específica.

Nota sabionda: Los adultos contraen de 2 a 3 resfriados de media por año, mientras que los ninos de preescolar se resfrían de 6 a 12 veces en el mismo periodo de tiempo.

Nota sabionda: Los medicamentos antivirales solamente atacan al virus en el momento de entrar en el cuerpo, antes de que invadan las células.

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¿Por qué se duermen las piernas?

Piernas dormidas

En realidad el título debería decir “duermen”, así, entre comillas. Porque no se duermen, aunque se exprese así habitualmente esa situación en la que las piernas o los brazos no nos responden o lo hacen muy lentamente por estar agarrotados.

Es una situación extraña —pero no infrecuente— que a veces ocurre al despertarnos por la mañana y notar que alguno de nuestros miembros continúa adormecido. Luego, unos pequeños pinchazos, una sensación de hormigueo, nos avisa de que el miembro entumecido estará listo en breve para obedecer nuestras órdenes.

Pero… ¿por qué ocurre esto?

Para entenderlo debemos saber que los nervios de nuestro cuerpo son los responsables de los movimientos que hacemos y las sensaciones que sentimos. Por nuestro sistema nervioso circulan multitud de mensajes desde y hacia el cerebro.

Por ejemplo, si deseamos mover un brazo o una pierna, nuestro cerebro envía la correspondiento orden que, a través de la espina dorsal y los nervios del miembro correspondiente, pone en funcionamiento el músculo.

Entonces, si hemos dormido con algún miembro aplastado bajo el peso del cuerpo o hemos estado estirados descansando con un codo o una rodilla doblados durante un tiempo prolongado, puede darse la situación de que los nervios de ese miembro queden temporalmente afectados por la presión —al no recibir suficiente irrigación sanguínea— y no funcionen correctamente durante unos instantes.

Los mensajes no pueden transitar con normalidad por esos nervios y por ello el miembro no responde como debería.

Conforme el entumecimiento va desapareciendo —al desaparecer la compresión y reestablecerse la circulación sanguínea—, los nervios se estiran hasta recuperar su forma original y vuelven a estar operativos.

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¿Por qué se deben tomar los antibióticos cada 8 horas?

Bueno, los antibióticos se deben tomar según prescribe el médico o según consta en el prospecto. Cierto es que lo más habitual es tomarlos cada 8 horas, pero también hay antibióticos que se deben tomar cada 12 horas, e incluso cada 24 horas.

Sea cual sea el caso, es muy importante seguir la pauta marcada para que el antibiótico funcione correctamente.

¿Y por qué esto es así?

Cada toma contiene una determinada cantidad de principio activo. Al tomarla, éste pasa a la sangre y fluye por todo el organismo. Cuando el organismo empieza a eliminarlo a través de los riñones o el hígado, la concentración disminuye. Antes de que la cantidad de antibiótico en sangre sea insuficiente es necesaria una nueva toma.

Pero no es tan sencillo como esto, si se retrasa mucho la toma puede no bastar una nueva ingesta. Veamos:

Para que un antibiótico haga efecto, debe llegar a la parte del cuerpo donde se localiza la infección en cantidad suficiente y de forma continuada. Eso se logra en el llamado estado de equilibrio estacionario, es decir, cuando la cantidad de fármaco que entra al organismo es igual a la cantidad que sale y se mantiene una concentración constante en sangre.

El siguiente gráfico aclarará este concepto y los de concentración mínima eficaz (CME) y concentración tóxica (CT).

gráfico

La CME marca la concentración mímina de antibiótico en sangre para que éste sea eficaz. Concentraciones menores no tienen ningún efecto. La CT es la concentración máxima que admite nuestro organismo sin sufrir excesivos efectos adversos o incluso daño. Por lo tanto el equilibrio estacionario se encuentra entre ambos valores.

En el gráfico del ejemplo también se aprecia cómo se alcanza la cantidad óptima de antibiótico en sangre. Supogamos que la primera toma (A) nos proporciona 10 mg. Al cabo de 8 horas la concentración ha disminuido hasta la mitad porque el organismo la ha ido eliminando. Con la segunda toma (pasando de B a C) alcanzamos los 15 mg, cantidad ya efectiva. A partir de la tercera toma (de D a E) nos situamos ya en el estado de equilibrio estacionario, en el que nos mantendremos hasta acabar el tratamiento (entre los 10 y los 20 mg).

(Nótese que se trata solamente de un ejemplo y que las cantidades son arbitrarias y simplificadas para un mejor entendimiento)

El gráfico también nos ayuda a visualizar por qué no seguir las indicaciones hacen al antibiótico inoperativo.

  • Si se alarga el tiempo entre dosis se proporciona tiempo extra al organismo para eliminar el fármaco, por lo que puede no alcanzarse o no mantenerse el tiempo suficiente una concentración adecuada.
  • Si se acorta el tiempo entre dosis la concentración puede aumentar por encima del CT.
  • Si no se completa el tratamiento o se toman solamente un par de dosis la eficacia el limitada o incluso nula. (En el ejemplo menos de cuatro pastillas no nos colocan en el estado de equilibrio estacionario.
  • Si se olvida una toma y se dobla la siguiente fácilmente se superará el CT.
  • Respuesta a una consulta de Lucía Reyes

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