
Tanbo Art es el nombre por el que se conoce el diseño de dibujos en los arrozales.
¿Y a qué se refieren al hablar de dibujos en arrozales?
Pues nada más ni menos que a que aparezcan fantásticos diseños en los campos de arroz. Diseños que no se pueden ver desde el suelo, pero sí desde posiciones elevada.
Se refieren a esto.

Asombroso ¿verdad? ¿Y cómo lo consiguen?
Aparte de con grandes dosis de paciencia y habilidad, consiguen esos diseños plantando distintas variedades de arroz siguiendo unos patrones determinadas. Entre estas variedades se encuentra el kodaimai de hoja amarilla, el tsugaru de hoja verde y el arroz negro.
Siembran el arroz a finales de mayo y lo recolectan a finales de septiembre. Al germinar las plantas de arroz se van formando los dibujos según los colores de los distintos tipos de arroz. Es en el mes de agosto cuando los dibujos presentan mayor detalle y contraste. Y es en ese mes cuando más turistas japoneses y extranjeros acuden a visitar los campos y a deleitarse con su visionado desde avionetas o desde los castillos carcanos. Más de 150.000 visitantes acuden a Inakadate (donde sólo viven 8.700 personas).
Esta técnica del Tanbo Art empezó en el año 1993 en el pueblo de Inakadate, prefectura de Aomori (norte de Japón), al parecer con la idea de revitalizar el pueblo, pero actualmente se pueden ver todos los años diferentes dibujos en muchas prefecturas como Akita, Iwate, Miyagi, Fukushima, Tochigi, Saitama, Niigata, Toyama y muchas más.
Para finaliza y para los más curiosos hay a continuación una imágenes de más cerca, en las que se puede apreciar el detalle.

Nota sabionda: Los arrozales de Inakadate ocupan 15.000 metros cuadrados.
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Las plantas tienen hojas, eso es un hecho, pero los cactus también son plantas y no las tienen. ¿Por qué?
Estas hojas, generalmente de color verde por la clorofila, les sirven para ofrecer una mayor superficie a los rayos solares. Así capturan mayor cantidad de rayos solares y realizan más eficientemente la fotosíntesis.
Pero la superficie de la hoja no depende de este único factor, sino también del grado de humedad. Unas hojas de un tamaño adecuado permiten que se evapore una cantidad adecuada de agua, de manera que la planta se desprenda del exceso de agua absorbida por las raíces juntro con los nutrientes. Pero unas hojas demasiado grandes ofrecerían demasiada superficie a los rayos solares y el agua evaporada podría ser excesiva para la planta.
Así, las plantas de zonas tropicales tienen, generalmente, hojas grandes y lustrosas, ya que la humedad y la pluviosodad son elevadas. En cambio las plantas de regiones secas tiene las hojas duras y pequeñas.
En algunos casos —como el que nos ocupa— las hojas han reducido su superficie hasta convertirse en espinas.
Este fenómeno de reducción extensiva de la hoja se ha producido, en la historia evolutiva de estas plantas, por una necesidad básica de supervivencia: no perder por transpiración la poca humedad de acumulan. El climas desérticos el agua es un bien muy preciado y hay que evitar la pérdida de humedad.
Nota sabionda: Pero no es esta la única adaptación al medio. Las raíces de las plantas de climas secos están muy desarrolladas, de manera que puedan recoger agua en un radio y profundidad notables. Las palmeras del desierto, por ejemplo, tienen raíces que pueden llegar a ser quilométricas.
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Las plantas carnívoras son unas fascinantes plantas que crecen generalmente en lugares con suelo pobre en nutrientes —especialmente en hidrógeno nitrógeno— como las tierras ácidas, terrenos pantanosos, turberas y farallones rocosos.
Por ello estas plantas han desarrollado métodos para atrapar animales —normalmente insectos y artrópodos— y completar así sus necesidades nutritivas.
Para que una planta sea considerada carnívora debe cumplir tres requisitos: atraer, atrapar y digerir a la presa. Diferentes son los mecanismos que utilizan para atraer y atrapar a sus víctimas. Veamos algunos a continuación:
- Pinzas: es el mecanismo del que se vale la planta carnívora más conocida de todas, la venus atrapamoscas. La presa es atraído por un néctar dulce, se posa en la hoja y cuando roza los cilios detectores la trampa se cierra automáticamente. Las espinas de los bordes impiden la escapatoria. El movimiento de la víctima estimula la secreción de jugos digestivos.
- Pelos pegajosos: las hojas segregan un fluido viscoso con aroma similar al de la miel. Cuando un insecto se posa en la hoja, queda atrapado en unos pelos pegajosos. Luego la hoja se curva hacia adentro hasta que se cierra sin permitir la huída.
- Trompetas: algunas de estas plantas tienen un receptáculo en el que caen los insectos. Una vez dentro no pueden salir por las dificultades que opone la planta (cilios invertidos, falsas salidas, sustancias pegajosas…) y acaban por ahogarse en el líquido digestivo que hay en el fondo.
De todos estos mecanismos el más sorprendente es el de las pinzas, por lo que supone de movimiento. ¿Cómo consigue la planta el rápido movimiento de captura?
Con cambios en la distribución del agua que contienen sus células. Las células de un lado de la hoja aumentan de tamaño al contener más agua y las del otro lado se encogen al perderla. Y la diferencia de presión del agua de las paredes internas y externas de las células hace que la trampa se cierre.
Nota sabionda: Charles Darwin escribió el primer tratado conocido sobre estas plantas en 1875.
Nota sabionda: Aunque se las conoce por insectívoras, es más correcto el calificativo de carnívoras, porque son capaces de atrapar y digerir ranitas, pececillos, gusanos y, en raras ocasiones, crías de roedores, aves o reptiles.
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Al hablar de flores nadie piensa en un ejemplar de más de 1 m de diámetro y unos 10 kg de peso.
La imagen que acude a nuestra mente es un delicado ejemplar de bonitos colores y agradable aroma, o un ramillete de varios ejemplares que podemos sujetar con una mano. Pues bien, a partir de ahora, habrá que pensar también en la Raflessia, que podemos encontrar en el sureste asiático en Malaca, Borneo, Sumatra y Filipinas. Y que ostenta el título de flor más grande del mundo.
La rafflesia es una flor muy especial. Además de su desproporcionado tamaño cuenta con otras característica que la hacen aún más diferente. Emite calor, tiene cinco pétalos, no tiene prácticamente tallo y carece de hojas, yemas o raíces. Y tampoco realiza la fotosíntesis.
Entonces, ¿cómo se alimenta?
No es una planta carnívora, sino parásita. Así que se alimenta de las raíces del un árbol hospedador.
Otra característica llamativa es su aroma. Lejos de desprender una agradable fragancia, lo que hace es despedir un pestilente hedor a carne podrida, que se puede oler a muchos metros de distancia. Con ello consigue atraer a las moscas carroñeras, que participan así en su polinización.
La siguiente imagen nos puede servir para comparar tamaños. Simplemente alucinante.

Nota sabionda: La rafflesia fue descubierta en 1818 por una expedición dirigida por Thomas Stamford Raffles en un bosque tropical de Sumatra.
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Cuando llega el otoño las hojas de los árboles mudan de color. Los verdes bosques cambian su tonalidad habitual por los naranjas, ocres, oro, marrones y rojos. Lo hemos visto muchas veces, pero… ¿sabemos por qué ocurre?
El color verde de las hojas lo proporciona la clorofila, un pigmento segregado en los cloroplastos que es imprescindible para realizar la fotosíntesis. Pero no es ése el único pigmento orgánico presente en las hojas, también existen los carotenoides —de tonalidades amarillo-anaranjadas— y las antocianinas —de tonalidades rojo-azuladas— que son unos pigmentos que se encuentran de forma natural en las plantas y que las protegen del exceso de luz solar, al actuar como pantallas solares que bloquean la radiación dañina. También protegen las células vegetales del frío extremo al actuar como anticongelantes y son beneficiosos por sus propiedades antioxidantes.
Todos estos colores quedan disfrazados por la clorofila presente en mayor cantidad, pero al llegar el otoño la cosa cambia.
La disminución de horas de luz solar y la llegada de temperaturas más frías lleva pareja una mengua de la clorofila. Cuando el follaje empieza a envejecer, las hojas descomponen algunos de los pigmentos que han producido en exceso, como la clorofila, y los absorben parcialmente en el pedúnculo para otros fines. Es entonces, cuando el color verde desaparece, cuando se revelan el resto de pigmentos, que tintan las arboledas de los colores propios del otoño.
Nota sabionda: Todos estos colores se pueden ver cuando las hojas aún están verdes si se separan los pigmentos mediante un proceso denominado cromatografía.
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Pues se llama verde porque ése es su color. Pero aunque no sea totalmente de color verde seguimos llamándola así cuando aún no ha madurado totalmente.

¿Y eso por qué?
Generalmente todas las partes de un vegetal presentan una misma tonalidad de verde. Y esto es así porque en las células vegetales existen los cloroplastos —unos orgánulos de estas células en los que tiene lugar la fotosíntesis— que segregan un pigmento denominado clorofila, indispensable para la realización de la fotosíntesis.
Pero cuando se realiza la floración, los pétalos de las flores sustituyen sus cloroplastos por cromoplastos, que dan lugar a pigmentos de otros colores, con la finalidad de resultar más atractivas o de llamar más la atención de los insectos que contribuirán a la polinización.
Pues algo parecido ocurre con la mayoría de los frutos: en periodo de formación poseen aún gran cantidad de cloroplastos que le dan un característico color verde, pero en fases más avanzadas se transforman en cromoplastos originando así los frutos maduros de diferentes colores.
Nota sabionda: La clorofila tiene dos picos de absorción en el espectro visible, uno en el entorno de la luz azul (400-500 nm de longitud de onda), y otro en la zona roja del espectro (600-700 nm), por lo que refleja la parte media del espectro, la más nutrida y correspondiente al color verde (500-600 nm). Ésta es la razón por la que la clorofila tiene color verde y se lo confiere a los organismos que tienen cloroplastos activos en sus células.
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Que las plantas consiguen el agua y los nutrientes del suelo por medio de las raíces, que llevan este material —savia bruta— a través del tallo hasta las hojas, que allí realizan la fotosíntesis gracias a la clorofila y la luz solar y que distribuyen los azúcares y aminoácidos obtenidos —savia elaborada— por toda la planta, es algo más o menos sabido.
Pero ¿cómo hacen para transportar el agua con las sustancias disueltas? ¿se mueven? ¿se contraen? ¿hay alguna especie de mecanismo de bombeo?
Una vez el agua se introduce por las raíces penetra en un sistema de células interconectadas que forman el tejido de la planta y que se extienden desde las mismas raíces hasta las hojas a través del tronco o tallo y de las ramas. Este tejido leñoso, llamado xilema, está formado por varios tipos de células. Unas de ellas son alargadas y estrechas y poseen cavidades abiertas en los extremos superior e inferior, acoplándose unas a otras como una tubería para permitir el paso del agua. Así el agua se desplaza de una célula a otra cuando existe entre ambas una diferencia de presión, pero como hablamos de unas células muertas no pueden participar de forma activa en el bombeo del agua.
Entonces debemos suponer que las células vivas de las raíces generan altas presiones. Y aunque esta situación se da en cierta medida, no es el mecanismo más importante. La principal causa la encontramos en la evaporación de las moléculas del agua a través de las hojas.
Ocurre que las moléculas de agua tienden a unirse unas con otras merced a las cargas eléctricas en lo que se conoce como fuerza de cohesión. Y cuando una molécula se evapora a través del poro de una hoja, se ejerce un pequeño empuje a las moléculas adyacentes que reduce la presión en las células leñosas y atrae agua de las células contiguas. Este efecto de llamada se extiende por todo el trayecto hasta las raíces.
El ascenso de savia bruta se ve favorecido también por el reducido tamaño de los vasos leñosos a los que se adhieren las moléculas de agua, pues éste es más eficaz cuanto menor es el diámetro del vaso. Es lo que se conoce como ascenso por capilaridad.
Podríamos concluir que el mecanismo de transporte funciona —como el resto de la planta— con energía solar.
Resumiendo. La planta transporta el agua desde el suelo hasta su parte aérea por medio de los siguientes mecanismos:
- La presión radicular que ejerce el flujo de agua desde el suelo hasta el interior de la raíz, por la diferencia de presión osmótica. Suficiente para desplazar agua a través del xilema una corta distancia.
- La transpiración, sobre todo en las hojas debida al aporte energético del sol, produce un efecto de succión ya que la pérdida de agua por los estomas hace que la columna de savia bruta avance, en virtud de la fuerza de cohesión entre las moléculas de agua.
Nota sabionda: Una molécula de agua es un dipolo, y se une a otras mediante puentes de hidrógeno. Estas atracciones intermoleculares producen una elevada cohesión pudiendo soportar presiones negativas de hasta 140 kg/cm2 sin que se interrumpa la columna de savia bruta.
Nota sabionda: La savia elaborada es transportada en cualquier dirección por los vasos liberianos que corren paralelos y asociados a los vasos leñosos. Al tener mayor concentración de nutrientes se provoca por ósmosis la captura de agua del xilema o de las células parenquimáticas de los alrededores. Así se transportan los nutrientes que son extraídos paulatinamente por las células que lo necesitan, haciendo que la concentración de nutrientes disminuya y que el agua regrese al xilema.
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