Puede que te guste la carne poco hecha, pero de eso a que el filete sanguinolento deje un rastro de sangre en el plato…
Pues nada, no hay que preocuparse, porque… no es sangre.
La sangre circula por las venas y arterias de los animales vivos. Una vez en el matadero, la sangre se extrae del cuerpo del animal, excepto la que queda atrapada en el corazón y los pulmones. Así que no llega al plato.
El filete es tejido muscular, no una parte del sistema circulatorio. El color rojo de los músculos es consecuencia de la mioglobina, una proteína que almacena oxígeno en los músculos para ser utilizado cuando se requiera energía de manera repentina. Lo que ocurre es que tanto la mioglobina como la hemoglobina de la sangre son ambas de color rojo, debido al hierro que contienen. Y de ahí la confusión.
El hecho de que diferentes animales tienen diferentes necesidades en cuanto a la obtención de energía, explica por qué sus músculos no contienen la misma cantidad de mioglobina y, por ende, el color de su carne.
La carne de ternera es más roja que la de cerdo y ésta más roja que la de pollo. Y la de los peces es mucho más blanca por el mismo motivo.
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Bueno, los antibióticos se deben tomar según prescribe el médico o según consta en el prospecto. Cierto es que lo más habitual es tomarlos cada 8 horas, pero también hay antibióticos que se deben tomar cada 12 horas, e incluso cada 24 horas.
Sea cual sea el caso, es muy importante seguir la pauta marcada para que el antibiótico funcione correctamente.
¿Y por qué esto es así?
Cada toma contiene una determinada cantidad de principio activo. Al tomarla, éste pasa a la sangre y fluye por todo el organismo. Cuando el organismo empieza a eliminarlo a través de los riñones o el hígado, la concentración disminuye. Antes de que la cantidad de antibiótico en sangre sea insuficiente es necesaria una nueva toma.
Pero no es tan sencillo como esto, si se retrasa mucho la toma puede no bastar una nueva ingesta. Veamos:
Para que un antibiótico haga efecto, debe llegar a la parte del cuerpo donde se localiza la infección en cantidad suficiente y de forma continuada. Eso se logra en el llamado estado de equilibrio estacionario, es decir, cuando la cantidad de fármaco que entra al organismo es igual a la cantidad que sale y se mantiene una concentración constante en sangre.
El siguiente gráfico aclarará este concepto y los de concentración mínima eficaz (CME) y concentración tóxica (CT).

La CME marca la concentración mímina de antibiótico en sangre para que éste sea eficaz. Concentraciones menores no tienen ningún efecto. La CT es la concentración máxima que admite nuestro organismo sin sufrir excesivos efectos adversos o incluso daño. Por lo tanto el equilibrio estacionario se encuentra entre ambos valores.
En el gráfico del ejemplo también se aprecia cómo se alcanza la cantidad óptima de antibiótico en sangre. Supogamos que la primera toma (A) nos proporciona 10 mg. Al cabo de 8 horas la concentración ha disminuido hasta la mitad porque el organismo la ha ido eliminando. Con la segunda toma (pasando de B a C) alcanzamos los 15 mg, cantidad ya efectiva. A partir de la tercera toma (de D a E) nos situamos ya en el estado de equilibrio estacionario, en el que nos mantendremos hasta acabar el tratamiento (entre los 10 y los 20 mg).
(Nótese que se trata solamente de un ejemplo y que las cantidades son arbitrarias y simplificadas para un mejor entendimiento)
El gráfico también nos ayuda a visualizar por qué no seguir las indicaciones hacen al antibiótico inoperativo.
Si se alarga el tiempo entre dosis se proporciona tiempo extra al organismo para eliminar el fármaco, por lo que puede no alcanzarse o no mantenerse el tiempo suficiente una concentración adecuada.
Si se acorta el tiempo entre dosis la concentración puede aumentar por encima del CT.
Si no se completa el tratamiento o se toman solamente un par de dosis la eficacia el limitada o incluso nula. (En el ejemplo menos de cuatro pastillas no nos colocan en el estado de equilibrio estacionario.
Si se olvida una toma y se dobla la siguiente fácilmente se superará el CT.
Respuesta a una consulta de Lucía Reyes
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¿La joroba? ¿He dicho la joroba? Debí decir las jorobas del camello, pues el camello (Camelus bactrianus) tiene dos jorobas, y el dromedario (Camelus dromedarius) solamente una. Pero para el tema que nos ocupa, la joroba y su función, da igual el número.
Ambas especies han evolucionado en entornos semi-desérticos y se han adaptado asombrosamente a los cambios de temperatura extremos y a la falta de agua.
¿Cómo? Pues almacenando la mayor cantidad posible de agua y minimizando su pérdida.
Aunque necesitan muy poca agua si su dieta regular incluye hierbas ricas en humedad, en caso de necesidad pueden beber unos 100 litros de agua en apenas 10 minutos y almacenarla… ¿en la joroba?… ¡no!… en el torrente sanguíneo.
Así es, aunque la creencia de que almacenan agua en las jorobas está bastante extendida, no es cierta. En las jorobas acumulan su tejido graso como depósito alimenticio, lo concentran ahí y no lo distribuyen por todo el cuerpo como otros animales. ¿Y esto por qué?
Pues por varias razones.
La joroba, situada en el lomo del animal, es un gran depósito de grasa que actúa como aislante o escudo frente a los rayos solares, principalmente del fuerte sol del mediodía que cae de plano sobre la esbelta figura del animal (de configuración estrecha y vertical para ofrecer menos superficie en su parte superior).
Si la grasa de la joroba estuviese repartida proporcionalmente en todo el cuerpo le sería muy difícil evitar la sudoración y la pérdida de agua. Y todo su metabolismo está enfocado en ese sentido.
Estos animales tienen una tolerancia de unos 6º C en su temperatura corporal, lo que significa que no transpiran hasta que alcanzan los 41º C, temperatura que pueden mantener sin molestias. Y cuando sudan, lo hacen por el reducido espacio corporal de la joroba.
Pueden soportar una deshidratación severa que suponga una pérdida de peso del 25% al 40% de su masa corporal (prácticamente lo correspondiente a las jorobas). Por ello, cuando un camello usa la grasa de su joroba para su subsistencia, ésta mengua y se presenta flácida, llegando a colgar lateralmente.

Pero ¿cómo acumulan agua en el torrente sanguíneo?
Acumular tanta agua causaría problemas osmóticos muy graves a otros animales, pero el camello puede hacerlo porque su estómago y sus intestinos la absorben de forma muy lenta favoreciendo el equilibrio. Su plasma sanguíneo aumenta su proporción de agua y sus glóbulos rojos se hinchan hasta el 240% de su tamaño normal sin romperse. Conforme se consume el agua y la sangre se espesa, los hematíes pequeños y ovalados (que también han disminuído en tamaño) pueden seguir circulando en un medio más viscoso.
Nota sabionda: Sus riñones son capaces de concentrar considerablemente su orina para evitar pérdida de agua, llegando a espesarla como jarabe. Incluso, cuando el calor es extremo, el camello prescinde de sus riñones y envía el material de desecho por su sistema digestivo, eliminándolo con sus defecaciones secas, evitando orinar casi por completo.
Nota sabionda: Los camellos pueden extraer agua de sus heces hasta tal punto que pueden ser utilizados como combustible nada más defecar.
Nota sabionda: Los beduinos le llaman en su lengua Ata Allah, ‘regalo de Dios’, ya que además de montura y animal de carga, también da leche muy nutritiva, su pelaje se usa para elaborar prendas y también se come su carne.
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Son más de tres metros de cuello y hay que vencer la fuerza de la gravedad. ¿Cómo hacen para que la sangre suba tan arriba? ¿válvulas? ¿músculos? ¿un ascensor?
La jirafa (Giraffa camelopardalis) es un mamífero artiodáctilo propio de África. Es la más alta de todas las especies vivientes de animales terrestres. Los machos pueden medir de 4,8 a 5,5 m de altura y pesar hasta 900 kg.
El rasgo más distintivo de las jirafas es su largo cuello, que les permite alcanzar las hojas más altas y tiernas de los árboles. Paralelamente a ésta, la jirafa ha desarrollado otras modificaciones anatómicas, entre las que destacan las habidas en el sistema circulatorio.
Su corazón es enorme, de unos 12 kg, unos 60 cm. de longitud y con unas paredes de hasta 7,5 cm de grosor. Este músculo tan potente bombea la sangre con gran fuerza, generando una presión sanguínea que duplica la de cualquier otro mamífero de gran tamaño. Así la sangre alcanza el cerebro y, ya en el camino de vuelta, un músculo en la vena yugular agrega presión al vaso sanguíneo para acelerar el regreso al corazón.
Esa presión tan alta va bien para la cabeza, pero ¿qué pasa con el resto del cuerpo?
En efecto, la presión es excesiva para otras partes del organismo que se encuentran a menor distancia. En otro animal, esa elevada presión sanguínea forzaría a la sangre a ser expulsada a través de las paredes capilares, pero el grosor de los vasos sanguíneos, su tejido conectivo y la gruesa piel de la jirafa, muy ajustada en sus extremidades inferiores, mantienen la presión extravascular previniendo el estancamiento de sangre y el edema.
¿Y cuando la jirafa baja la cabeza para beber o para pastar? ¿no se le acumula la sangre en la cabeza?

Por lógica debería ser así, al añadir la gravedad a la presión sanguínea, pero esto no sucede gracias a válvulas especiales contenidas en los vasos del cuello de la jirafa. Estas válvulas trabajan para que la sangre llegue al cerebro con la presión habitual, cuando la cabeza se encuentra más abajo que el centro de gravedad del animal. Es más, si la jirafa se viera obligada a recuperar su posición habitual con prontitud (por la presencia de un depredador, por ejemplo), el repentino cambio de altura de su cabeza no le ocasionaría un mareo o un desmayo, puesto que las válvulas habrían mantenido la presión constante en todo momento.
Así, una jirafa puede elevar su cabeza desde el nivel del suelo hasta unos cinco metros de altura, en un par de segundos, sin sufrir el más mínimo malestar.
Nota sabionda: Cuando se nutre con alimentos frescos y jugosos, una jirafa puede permanecer mucho tiempo sin agua.
Nota sabionda: La estructura ósea del cuello no difiere de la de otros mamíferos. No tiene vértebras extras aunque, eso sí, son más alargadas.
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El sistema renal o urinario está compuesto de dos riñones, dos uréteres, una vejiga y una uretra.
Los riñones desempeñan muchas funciones, pero la más evidente es el filtrado del torrente sanguíneo para regular y optimizar su cantidad, composición, pH y presión osmótica. Eliminando por medio de la orina el exceso de agua, urea, creatinina, potasio, fósforo, sodio, cloro, amonio, bocarbonato, ácido úrico y otros desechos.
Esta tarea es esencial para la vida y estamos muy preparados para realizarla, pues aunque la mayoría de órganos son únicos, contamos con dos riñones. Ello que supone una capacidad renal superdotada, pues un solo riñón al 75% de su capacidad funcional sería suficiente para mantener vivo al organismo.
¿Y cómo se las apaña para hacerlo?
En condiciones normales, los riñones y sus nefronas —unos túbulos minúsculos que filtran el plasma sanguíneo y lo devuelven en estado óptimo— reciben unos 120 litros de sangre diarios para filtrar, es decir, filtran unas 20 veces el caudal sanguíneo.
En el caso de poseer un solo riñón, sus nefronas compensan la carencia de manera individual aumentando de tamaño —en un proceso denominado hipertrofia— para asumir la carga de trabajo adicional. Una adaptación similar a la que ocurre cuando, con el paso de los años, algunas nefronas dejan de funcionar, y las que se mantienen activas tienden a crecer y a compensar por completo la carencia.
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