
Las plantas tienen hojas, eso es un hecho, pero los cactus también son plantas y no las tienen. ¿Por qué?
Estas hojas, generalmente de color verde por la clorofila, les sirven para ofrecer una mayor superficie a los rayos solares. Así capturan mayor cantidad de rayos solares y realizan más eficientemente la fotosíntesis.
Pero la superficie de la hoja no depende de este único factor, sino también del grado de humedad. Unas hojas de un tamaño adecuado permiten que se evapore una cantidad adecuada de agua, de manera que la planta se desprenda del exceso de agua absorbida por las raíces juntro con los nutrientes. Pero unas hojas demasiado grandes ofrecerían demasiada superficie a los rayos solares y el agua evaporada podría ser excesiva para la planta.
Así, las plantas de zonas tropicales tienen, generalmente, hojas grandes y lustrosas, ya que la humedad y la pluviosodad son elevadas. En cambio las plantas de regiones secas tiene las hojas duras y pequeñas.
En algunos casos —como el que nos ocupa— las hojas han reducido su superficie hasta convertirse en espinas.
Este fenómeno de reducción extensiva de la hoja se ha producido, en la historia evolutiva de estas plantas, por una necesidad básica de supervivencia: no perder por transpiración la poca humedad de acumulan. El climas desérticos el agua es un bien muy preciado y hay que evitar la pérdida de humedad.
Nota sabionda: Pero no es esta la única adaptación al medio. Las raíces de las plantas de climas secos están muy desarrolladas, de manera que puedan recoger agua en un radio y profundidad notables. Las palmeras del desierto, por ejemplo, tienen raíces que pueden llegar a ser quilométricas.
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Éste es el futuro que nos presenta la empresa Corning Incorporated.

¿Ciencia ficción o realidad?

¡Qué dolor! ¿verdad? Si un clavo duele… ¿qué no dolerá un cama llena de ellos?
La cama de clavos es uno de los típicos instrumentos de mortificación física de los faquires. Doler, algo dolerá, pero no lo que muchos imaginan.
La cuestión más importante es, a la vez, la más llamativa: el número de clavos. Parece que sea más difícil soportar las punzadas cuanto más clavos haya, pero es al contrario, más fácil resulta.
Y ¿cómo es eso? Física aplicada.
La presión es una magnitud física que expresa la fuerza ejercida por un cuerpo sobre una superficie, tal que P=F/S (siendo P la presión, F la fuerza y S la superficie). De la expresión se deduce que cuanto mayor sea la fuerza, mayor será la presión y cuanto mayor sea la superficie sobre la que se reparte la fuerza, menor será la presión.
Así resulta más doloroso un pisotón con un zapato de tacón de aguja, que un pisotón con el pie plano. Así se hunde uno más fácilmente en la nieve si calza botas que si calza esquíes. Y así es más fácil clavar un clavo de un martillazo que clavar un taco de madera. La fuerza que aplicamos puede ser la misma, pero si la superficie sobre la que se distribuye ésta es menor, la presión será mayor, y si la superficie es mayor, la presión será menor.
Si una persona de 60 kg, por poner un ejemplo, se tumba sobre un clavo en punta, se lo clavará hasta la cabeza (del clavo), pues la superficie de contacto es muy pequeña para ese peso y la presión es muy elevada. Pero si se tumba sobre 120 clavos, resulta que el peso se reparte entre todos ellos, por lo cada clavo debe sostener solamente medio kg. La presión ha dismimuido porque la superficie (suma de todas las puntas de clavos) es mayor.
Tantos clavos, y tan juntos, facilitan la tarea del faquir. Es prácticamente imposible que la punta de un clavo se introduzca en el cuerpo sin que lo hagan los clavos vecinos y… ¿seguro que el faquir pesa tanto como para ejercer la presión suficiente para que su cuerpo sea atravesado por todos los clavos?
La imagen del globo es una manera muy gráfica de ilustrar lo explicado. Si se tratase de un solo clavo el globo habría explotado a la mínima presión. Pero como son tantos y tan juntos, no lo hace. Ni aunque aumentemos la presión. Bueno, si la aumentamos lo suficiente acabará por explotar. Pero el faquir no aumenta la presión, no va a engordar de repente ¿cierto?
Eso sí, hay que reconocer que una adecuada técnica al momento de acostarse y de incorporarse, para repartir bien el peso del cuerpo, es algo necesario.
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Las siglas GPS significan Global Position System, ‘Sistema de Posicionamiento Global’. Es un sistema que permite conocer la posición de algo o alguien en cualquier lugar del mundo con una gran precisión. Este sistema fue desarrollado, instalado y operado por el Departamento de Defensa de EEUU.
Antiguamente, nuestros antepasados se guiaban por la posición del Sol durante el día y por la estrella Polar por las noches, cargaban cartas y mapas de navegación y deducían su posición basándose en el uso de la brújula y el sextante. En la actualidad, nosotros solamente necesitamos un pequeño aparato de precio asequible con GPS integrado, para conocer exactamente nuestra posición en cualquier parte del mundo.
Pero… ¿cómo funciona el GPS? ¿por qué sabe dónde nos encontramos?
El funcionamiento del GPS se basa en una red de satélites formada por 24 unidades en órbitas sincronizadas alrededor del globo terráqueo, tal como se aprecia en la imagen. Así, cualquier punto del globo está “cubierto” por varios satélites.
Para situar una posición, el GPS se basa en la triangulación, un principio matemático que determina la posición exacta de un punto conociendo las distancias de éste a otros tres puntos de ubicación conocida. Para ello solo hay que trazar tres circunferencias imaginarias con centro en los puntos conocidos y cuyos radios coincidan con la distancia del punto a determinar. Las tres circunferencias se cortan en un único punto: la posición a determinar.
Así pues, en teoría, solamente es necesario conocer la posición de tres satélites (y su distancia al aparato receptor de GPS) para poder calcular nuestra posición. Esto parece fácil, pero su aplicación supone bastantes inconvenientes, entre los que el económico no es el menor. Pero todo se soluciona con la inclusión de la medición de un cuarto satélite y algunos cálculos correctivos.
Ahora bien… ¿cómo medimos la distancia de nuestro receptor a los satélites?
La distancia a un satélite se determina comparando el tiempo que tarda una señal de radio, que éste emite, en alcanzar nuestro receptor de GPS, con la misma señal generada en el mismo instante por nuestro receptor. El retardo existente entre ambas determina el tiempo que la primera tardó en llegar. Ai ahora multiplicamos dicho valor por la velocidad de la luz obtendremos la distancia al satélite.
Pero no solamente es necesario conocer la distancia al satélite, también se debe conocer su posición, puesto que podría estar a la misma distancia desde diferentes posiciones invalidando el cálculo. Por ello los satélites se mantienen en órbitas definidas, regulares y predecibles a unos 20.000 km de altura, según un patrón que reconocen los receptores de GPS, que también reciben las eventuales correcciones de rumbo por sutiles desviaciones por evolución orbital.
La atmósfera interfiere en el tiempo de llegada de la señal desde los satélites. Una señal de GPS pasa a través de partículas cargadas en su paso por la ionosfera y luego pasa a través de vapor de agua en la troposfera, perdiendo algo de velocidad. Y lo hace de manera desigual dependiendo de la densidad de estas partículas en esa parte del mundo. Así se crea el mismo efecto que un error de precisión en los relojes a la hora de sincronizar las señales de radio.
Pero ello se arregla con la inclusión de la medición a un cuarto satélite. Cualquier error debido a la sincronización de las señales (los satélites possen un reloj atómico, pero los receptores de GPS no) o a los factores atmosféricos afectaría a las tres medidas por igual, pudiendo dar un resultado erróneo. Si el error se ha producido, la cuarta señal no coincidirá con tal punto. Entonces, el receptor de GPS realiza un cálculo averiguando qué factor correctivo aplicado a las cuato mediciones las hace coincidir en el mismo punto. Y una vez lo ha hallado lo aplica, obteniendo así la posición correcta.
Nota sabionda: Los GPS actuales pueden fijar la posición con un margen de error de unos 15 a 20 m 3 m. Cuando es necesaria una mayor precisión —como en el aterrizaje en un aeropuerto— se usa el GPS diferencial, que consta de una señal adicional transmitida desde tierra y con un alcance de unos 200 km.
Nota sabionda: La Unión Europea está desarrollando su propio sistema de posicionamiento por satélite llamado Galileo.
Nota sabionda: En realidad la red consta de 27 satélites: 24 operativos y 3 de respaldo.
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Seguro que a más de un curioso le ha llamado la atención la considerable diferencia de tamaño de las ruedas de algunos tractores y se ha preguntado por qué esto es así.
Un tractor es un vehículo automotor que, como su propio nombre indica, produce tracción. Y está concebido para arrastrar arados, rastrillos y otros aparatos agrícolas o para tirar de remolques gracias a que sus ruedas se adhieren fuertemente al terreno.
La mayoría de ellos utiliza tracción a las cuatro ruedas para poder moverse por los accidentados terrenos en los que son necesarios y los perfiles de éstas son muy anchos —igual que ocurre con los vehículos todoterreno— para poder agarrarse mejor al suelo y no derrapar frecuentemente.
Ahora bien, para proporcionar la enorme fuerza de tracción que se les exige, los tractores deben tener mucha potencia, lo que se traduce en vehículos de gran peso. Si la superficie de contacto con el terreno fuera muy reducida, el peso se concentraría en poco espacio y su rendimiento se vería notablemente reducido. La solución es colocar unas ruedas no solamente más anchas sino más grandes, distribuyendo así su peso sobre una superficie mayor.
Pero ¿qué pasa cuando el tractor tira de un remolque? Si tanto las ruedas delanteras como las traseras fueran del mismo tamaño existiría el peligro de que un remolque muy pesado presionara al tractor hacia abajo por su parte posterior provocando que las ruedas delanteras perdieran contacto con el terreno. Pero con unas ruedas traseras mucho mayores el tractor puede soportar mejor el peso del remolque y se evita el problema.
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El Mar Muerto está situado entre Israel, Cisjordania y Jordania, a unos 25 km de Jerusalem y a 84 km de Tel Aviv en dirección este. Y es, ciertamente, un espacio singular.
Para empezar no se trata de un mar, sino de un lago salado de grandes dimensiones —de unos 76 km de largo, un ancho máximo de 16 km y una superficie de aproximadamente 62.500 hectáreas— que ocupa la parte más profunda de una depresión tectónica atravesada por el río Jordán, que le nutre con su caudal.
Comoquiera que se encuentra totalmente rodeado de montañas, las aguas aportadas por el Jordán, otras fuentes menores y por la escasa precipitación que se produce sobre el lago, no tienen más salida que la evaporación, que es realmente intensa en el clima caluroso y seco del desierto. Como resultado de ello, el Mar Muerto es aproximadamente diez veces más salado que los océanos, con una salinidad de 350 a 370 gr por litro frente a los 35 gr por litro de aquellos.
Es por esta elevada salinidad que el cuerpo humano flota y no se hunde. También por ello ni los peces ni ningún otro ser vivo —salvo algunas bacterias— pueden vivir en él. De ahí su nombre.
Otra singularidad es que se trata del lugar más bajo de la Tierra a cielo abierto al encontrarse 416,5 m bajo el nivel del mar, y por ello no sólo son excepcionales sus aguas, sino también la atmósfera que se encuentra sobre él: más densa que al nivel del mar, filtra mejor las radiaciones ultravioletas nocivas y contiene un 8% más oxígeno de lo habitual.
Nota sabionda: Al ser muy rico en potasas, bromuro, sal, yeso y otros productos químicos, éstos pueden obtenerse en gran cantidad y de manera económica. Para el proceso de extracción es necesario evaporar artificialmente las aguas del Mar Muerto, proceso que contribuye al descenso de sus aguas. La superficie, que era de 1.025 kilómetros cuadrados en 1945, se estima que será de 312 dentro de unos 100 años. En ciertos puntos, la costa se halla hoy a 600 metros de donde se encontraba 20 años atrás.
Nota sabionda: El Mar Muerto es un lago endorreico, lo que quiere decir que no evacua cantidades significativas de agua ni por desagüe superficial ni por infiltración. Evapora en su superficie toda el agua que colecta de su cuenca hidrográfica. Otros ejemplos de lago endorreico son el Mar Caspio, el Mar de Aral y el Lago Chad.
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¿Que se tiene un piso pequeño? ¿Que no caben los muebles y si se amuebla no hay espacio para vivir? Eso le pasa al que no conoce este curioso y versátil mueble multiusos. Con él se pueden resolver muchos problemas que impiden habitar con comodidad un piso pequeño.

Al igual que las muñecas rusas o matroshka (‘abuela’ en ruso) —que son aquellas muñecas de madera que se introducen unas dentro de otras de manera que la mayor contiene al resto— este mueble contiene todo lo que podemos esperar de un mueble.
En apenas 4 m2 nos provee de: estanterías, cama de matrimonio, sofá, sofá-rinconera, 4 taburetes, mesilla de sala de estar, mesa para comer, despacho, ropero, baúl, archivadores, espacio para guardar pequeñas prendas como zapatos o productos de limpieza y acomodo hasta para 12 personas.
En la primera imagen tenemos un sofá en forma de L o rinconera con una mesita baja, en la que el brazo largo del sofá da cuerpo a un baúl.
En la segunda imagen tenemos el comedor. La mesa baja alza su superficie por medio de unos extensores hasta la altura necesaria y utilizamos los asientos que se encontraban bajo el sofá.
En la tercera imagen vemos el dormitorio, Se extiende el sofá al máximo y se convierte en cama doble. Un par de taburetes se convierten en mesilla de noche.
En la cuarta imagen podemos ver el despacho. La estantería se ha recogido al interior para proveernos de más espacio de trabajo. Los archivadores y estantes de la pared pueden elevarse o recogerse a voluntad.
Pero no es eso todo lo que esta maravilla del diseño nos tiene reservado. Además del baúl que se puede uilizar de ropero, los taburetes también están huecos y nos permitirán guardar pequeños objetos, o pequeñas prendas de vestir, como zapatos, ropa interior…
Incluso se pueden guardar cosas en el interior de los escalones, pues todos son huecos y tienen su correspondiente cajón.
Puedes observar estos detalles en la siguiente imagen. ¿Quién da más?

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La piel de los dedos, las palmas de las manos y las plantas de los pies reciben el nombre de piel de rozamiento. Y esto es así porque esta piel carece de folículos pilosos y de glándulas grasas y presenta unos relieves epidérmicos o estrías que facilitan el asir objetos y el caminar.
Estas estrías de rozamiento ?también llamadas crestas papilares? se componen de hileras de poros sudoríparos que transpiran constantemente. Y esta transpiración mezclada con grasas de otras parte del cuerpo pasa a la superficie de otros objetos cuando los tocamos. El dibujo de las estrías de fricción que se transfiere es lo que se conoce como huella latente.
Estas impresiones latentes no se observan a simple vista, por lo que se han de “revelar” de algún modo para incrementar su visibilidad y contraste.
El método más frecuente para revelar huellas sobre materiales no porosos, consiste en la utilización de un polvo dactilar para realzarlas.
Este polvo se puede componer de muchos ingredientes distintos que pueden variar según la fórmula escogida, pero suelen contener esencia de trementina, óxido férrico negro y pigmento negro de hollín.
Se aplica sobre la superficie escogida con un pincel y el polvo se adhiere de forma mecánica al aceite y demás componentes húmedos de la huella latente, con lo que ésta se torna visible y deviene apta para su tratamiento.
Así se puede, de entrada, clasificarla en uno de los cuatro tipos de huellas dactilares existentes:


Nota sabionda: La forma y las características de las huellas dactilares se forman antes de nacer y permanecen inalterables hasta el momento de la muerte. A menos que se dañen, corten o lesionen hasta el punto de formar una cicatriz.
Nota sabionda: Son diferentes para cada individuo, incluso son diferentes las de los gemelos idénticos. Las crestas papilares se forman desde muy temprano, entre el tercer y cuarto mes de embarazo y su patrón va a depender tanto del genoma como del ambiente. Al formarse la piel del feto en el útero materno, queda expuesta a diferentes condiciones tales como la presión de otras partes del cuerpo, los movimientos y la posición de éste en el útero, la nutrición, la presión sanguínea…. lo que hace imposible que se repitan las circunstancias que dan lugar al dibujo final.
Nota sabionda: La función de las crestas y los surcos es la de hacer la piel rugosa en manos y pies para agarrar objetos y que sea mucho más difícil que éstos se deslicen. Esto sigue siendo útil en la actualidad para nuestras manos, pero ya no cumple ninguna utilidad en nuestros pies. Otro vestigio más de nuestro pasado arbóreo donde los pies eran imprescindibles para sujetarse a las ramas. De hecho, los monos y los koalas tienen también huellas dactilares.
¿La Luna tiene dueños? Bueno, ha tenido, tiene y seguramente tenga más en un futuro. Ya sea en su totalidad o en parcelas.
Pero… ¿dueños sujetos a derecho? Bueno, sí y no. Me explico.
En 1953 el abogado chileno Jenaro Gajardo Vera registró a su nombre la propiedad de la Luna. Para ello utilizó la fórmula legal de declarase como su propietario con antelación a 1857, que era lo que se hacía en la época en Chile para sanear terrenos sin título de dominio.
Con anterioridad al registro de la escritura en el Conservador de Bienes Raíces de la ciudad de Talca el 25 de septiembre de 1954, efectuó las tres publicaciones de rigor en el Diario Oficial y como no hubo ninguna reclamación ni nadie ejerció ningún derecho sobre el satélite, su propedad se hizo efectiva.
Todo ello con un coste de 42.000 pesos de la época.
En 1967 se firmó un tratado en la ONU prohibiendo a los Estados y gobiernos la compraventa de objetos exteriores a la Tierra, pues solamente reconocía la propiedad privada hasta 80 km de altura. Pero en 1980 el estadounidense Dennis Hope formaliza de nuevo en una oficina del Registro de San Francisco la compra de la luna, dedicándose desde entonces a vender parcelas en suelo lunar aprovechando un vacío legal, pues nada se dijo de empresas inmobiliarias.
Actualmente unos 5 millones de personas han comprado su parcela a una de las tres empresas vendedoras. La más antigua, Lunar Embassy, lleva más de 25 años adjudicando terrenos lunares, contando actualmente con 1.640.000 m2 de los 38.000.0000 km2 que forman a la Luna. Las otras dos son: Lunar Registry y Moon Estates.
La compra, claro está, no deja de ser una curiosidad o extravagancia, pues los vacíos legales más pronto o más tarde se rellenan y cabe la posibilidad de que las propiedades se invaliden.
Nota sabionda: El motivo de Jenaro Gajardo para registrar la propiedad de la Luna fue su deseo de ingresar en el Club Talca, que reunía a lo más selecto de la sociedad local. Para el ingreso, además de contar con una profesión o posición social acorde, se debía ser propietario de algún bien raíz. Camino de casa y ante la imagen de la luna llena que ascendía por el horizonte, se le ocurrió un plan: reclamar la Luna como propia.
Nota sabionda: Se dice —aunque es difícil saber si realmente ocurrió o se trata de unas leyendas urbanas— que el presidente Richard Nixon se vio obligado a pedir permiso al propietario de la Luna para el alunizaje del Apollo XI en 1969. También se dice que Impuestos Internos envió a unos inspectores con el propósito de cobrar las contribuciones. Don Jenaro no puso ninguna objeción a reconocer su deuda siempre que los inspectores visitasen y tasasen la propiedad según mandaba la ley.
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El acero inoxidable es una aleación de hierro (Fe), carbono (C), níquel (Ni) y Cromo (Cr). Al presentar una superficie lisa y poco porosa es extremadamente higiénico por lo que es ampliamente empleado en restaurantes, cocinas industriales, hospitales y laboratorios. Se muestra neutro frente a los alimentos (no varía las características de estos), no se descascarilla, no se oscurece con el tiempo, tiene una buena presencia estética y permite su utilización en temperaturas extremas. Todas estas caracteríasticas hacen de él una aleación muy utilizada.
¡Ah! Y además es inoxidable.
¿Inoxidable? ¡Que va! El acero inoxidable también se oxida. Aunque, eso sí, no presenta el aspecto herrumbroso de otros metales o aleaciones. Y esto es debido a la presencia del cromo contenido en la aleación, en una proporción de al menos el 11%.
¿Qué es lo que ocurre entonces para que muestre siempre el mismo aspecto metálico y brillante?
Al reaccionar con el oxígeno del aire, el cromo —distribuido de forma homogénea por toda la aleación— se oxida, formando una fina capa contínua y resistente de óxido de cromo (Cr2O3) por toda la superficie, lo que protegerá al hierro y al níquel de los ataques corrosivos del medio ambiente. Este óxido se forma instantáneamente aunque sea removido por efecto de golpes o ralladuras, por lo que la proteción es constante.
Este fenómeno es conocido en metalurgia como pasivación y no sólo se presenta en los aceros inoxidables. También lo hace, por ejemplo, en el aluminio, donde el óxido pasivador es la alúmina (Al2O3).
Nota sabionda: Aunque en sus primeros años de existencia el acero inoxidable se destinó a la fabricación de cuberterías, su origen respondía a necesidades distintas. En los albores de la Primera Guerra Mundial se investigaba cómo mejorar una aleación para proteger los cilindros de los cañones y de las pequeñas armas de fuego del desgaste por el calor y la corrosión.